Año 2010

FUI EXTRANJERO... ¿ME ACOGISTEIS?

 

Escrito dominical, el 17 de enero

En la Iglesia nadie es extranjero, y la Iglesia no es extranjera para ningún hombre y mujer», dijo ya hace 15 años Juan Pablo II. Son unas palabras rotundas, que expresan cuál tiene que ser la acogida de los cristianos de aquellas personas que llegaron hace más o menos tiempo a nuestra Patria en busca de trabajo y están en nuestros pueblos y ciudades, muchos con grandes problemas y en situación de empobrecidos. Muchos de ellos vinieron porque habían sido invitados a venir; otros, sufriendo verdaderos calvarios y desgarrones de la vida; algunos, no pocos, murieron en el intento.

Lo que debe hacer el Estado o los distintos gobiernos regionales, provinciales o locales nos interesa, claro está, porque son seres humanos con derechos; pero es responsabilidad de ellos, y algunos programas con inmigrantes se están haciendo conjuntamente. ¿Qué tenemos que hacer los católicos? Esa debe ser nuestra preocupación. Uno puede pensar: ahí está Cáritas diocesana, interparroquial o parroquial, que se ocupen de ellos, que ya habrá algún recurso. Y es verdad, los migrantes necesitan de Caritas, con sus programas de inmigrantes, ayudas a papeleos, situaciones de emergencia. ¿Basta con esto? No, en absoluto.

En primer lugar, los inmi-grantes son personas que no necesitan únicamente comer y malvivir: tienen unas necesidades de su espíritu, son hijos de Dios y necesitan acogida, todos, sean quienes sean. Pero muchos son católicos, como tú y yo, con los mismos derechos y deberes que los demás católicos. ¿Quién cuida de su fe, de su amor, de su necesidad de amor, de expresar su fe en su cultura?

El Secretariado Diocesano de Migraciones trabaja duro y bien, sobre todo en Talavera y Toledo. Están organizados, tienen servicios y atención a inmigrantes, en unión con Cáritas; coordinan el Centro sociocultural María Inmaculada en la plaza de san Antonio, 2, de Toledo; está la Casa de acogida «Santa Lioba, del instituto secular Misioneras Seculares de san Bonifacio, en la avenida Pío XII, 114, de Talavera; está el Asilo San Prudencio, de las Hijas de la Caridad, en la calle Río Tajo, 2, también de Talavera; organiza actividades concretas en algunas parroquias y está en contacto con los servicios religiosos de católicos ucranianos y los hermanos ortodoxos rumanos y búlgaros. Una estupenda realidad. Para este domingo preparan la celebración de la Santa Misa en la Catedral a las 12 horas, presidida por mí mismo, en la que unos niños serán bautizados.

Pero no basta. Los inmi-grantes y su atención no es la tarea sólo de estos grupos, es la de toda la comunidad católica, sobre todo de todas las parroquias donde viven inmigran-tes. En las actividades parro-quiales no debe quedar como un apéndice esta atención pastoral y humana.

El Secretariado Diocesano ha elaborado materiales para que en estas parroquias se haga un proyecto pastoral con in-migrantes, que entre en la programación pastoral ordinaria de la parroquia. Debe ser del interés de todos. Pedid esos materiales, estudiarlos. Hay que afrontar la atención pastoral con un nuevo estilo.

Termino esta página con este texto del Papa Juan Pablo II: «La parroquia representa el espacio en el que puede llevarse a cabo una verdadera pedagogía del encuentro con personas con personas de convicciones religiosas y culturas diferentes. En sus diversas articulaciones, la comunidad parroquial puede convertirse en lugar de acogida, donde se realiza el intercambio de experiencias y dones, y esto no podrá por menos de favorecer una convivencia serena, previniendo peligros de tensiones con inmigrantes que profesan otras creencias religiosas» (Jornada Mundial del Emigrante 2002).

Dios os bendiga en este necesario trabajo para el bien de nuestros hermanos inmigrantes.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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