Año 2010


 

SAN  ILDEFONSO DE TOLEDO

 

Homilía en la S. I. Catedral Primada

Santa Misa en Rito Hispano-Mozárabe

 

23 de enero

 

Permítanme expresarles la emoción que me embarga al celebrar en el amado Rito Hispano-Mozárabe la solemnidad de san Ildefonso, arzobispo de Toledo y modelo de amor a la Virgen Santa María y a sus fieles toledanos. Junto con san Isidoro, nuestro Santo gozó siempre de un prestigio que sólo tiene la santidad, y ambos suscitan en los fieles la adhesión que suscitaban los mártires en el pueblo cristiano  de los primeros tiempos, por ejemplo santa Leocadia, la joven que dio testimonio de Jesucristo en Toledo siglos antes a que viviera nuestro Santo.

Miren lo que decía de san Ildefonso Berceo todavía entre los siglos XII y XIII, en el relato de los famosos Milagros de Nuestra Señora:  En Toledo la buena, essa villa real,/ que yace sobre Tajo, essa agua cabdal,/ ovo un arzobispo, coronado leal,/ que fue de la Gloriosa amigo natural./ Diziénli Ildefonso, dizlo la escriptura,/  pastor que a su grey daba buena pastura,/ El sancto arzobispo, un leal coronado,/ por entrar a la missa estava aguisado;/ en su preciosa cátedra se sedie asentado,/ adusso la Gloriosa un present muy onrado. (…) Fizoli otra gracia qual nunqua fue oída: dioli una casulla sin aguia cosida; obra era angélica, non de omne texida.

Yo quiero pedir al Señor por intercesión de san Ildefonso que el Altísimo me conceda serviros con todo el corazón a los que sois fieles de esta Iglesia toledana y a cuantos hombres y mujeres de buena voluntad quieran aceptar mi oficio episcopal. Este es el servicio que la Iglesia de Toledo quiere dar y puede ofrecer a esta sociedad toledana y extremeña: el valor de la fe católica, el signo del Evangelio de Cristo que ayude a llevar una vida digna, favorecedora del bien común, de la igual dignidad del ser humano, del servicio a los pobres y a la belleza que nos permite una vida humana digna y atrayente, que respeta el orden del estado de derecho de democracia parlamentaria en la monarquía constitucional; lo cual no significa callarse ante desmesuras o excesos que puedan acontecer entre nosotros, siempre con respeto y consideración.

 “La boca del justo produce sabiduría –nos ha recordado el libro de los Proverbios- (…) Los hombres rectos son guiados por su integridad”. Son consecuencias estas palabras de la lógica más elemental: el ser humano aspira, justamente, a la sabiduría y a la integridad, aunque las conductas torcidas parezcan decir lo contrario. “Los santos, por la fe, conquistaron reinos –reza la liturgia de este día-, obraron justamente, taparon la boca a los leones, apagaron el fuego impetuoso (…), se mostraron fuertes en el combate”. Lo que dice Heb 11 resaltan muy bien cuanto san Ildefonso significa en la historia del pueblo toledano.

 Alabamos, pues, y bendecimos al Señor por el triunfo de san Ildefonso, al que nuestro Dios otorgó la corona de la inmortalidad por haber defendido su nombre y el de Santa María. ¡Qué hermosa tarea ésta de san Ildefonso de defender el nombre de Dios! Realizar semejante acción lleva consigo un servicio a la humanidad impagable, pues significa que el ser humano no se explica desde sí mismo, sino desde la acción defensora de la misericordia de Dios, que nos permite comenzar siempre de nuevo, a pesar de nuestras posibles malas acciones y pecados. En el santo nombre de Dios y en su presencia recitaremos los nombres de los santos apóstoles y mártires, confesores como san Ildefonso, y vírgenes.

Ante el Señor, dueño de todo, con súplicas ardientes acudimos a su omnipotencia, para que por los méritos de san Ildefonso nos limpie de todo pecado y podamos alegrarnos, como él se alegra, porque somos dignos de estar en la presencia de Jesucristo Salvador. Pedimos también que a todos los que aterroriza el miedo, aflige la carencia de alimentos, veja la tribulación, abruman las enfermedades, a todos los cargados de deuda y sometidos a cualquier tristeza nos libere la indulgente piedad de Dios y nos reconforte su misericordia cada día.

En la gran acción de gracias de esta solemnidad, llamada Ilatio en nuestro venerable rito, agradecemos al Señor la vida y la persona de su confesor, por la fe y el amor, san Ildefonso. Y pedimos no envanecernos en la prosperidad ni desanimarnos cuando lleguen las adversidades, ni nos hieran las saetas de los espíritus inmundos o las flechas de nuestros adversarios; bien, al contrario, que “sean aliviadas las angustias de tus siervos, oh Jesucristo, y las de todos los fieles”.

Son muchas las cosas a pedir para nuestra ciudad y para esta Archidiócesis de Toledo: el bien común, la paz y la concordia, la valentía para solucionar cuantos problemas tengamos, la audacia para atender a cuantos sufren. Queremos pedir al Señor, por medio de tan gran valedor como es san Ildefonso, que se nos conceda vivir una sana laicidad, una mutua cooperación, que no resuciten los viejos problemas; que tengamos amplitud de miras, ninguna aceptación  de la violencia y el terrorismo, poca resignación ante situaciones injustas que traen tribulación y dolor a los más pobres, cuidado y defensa de la vida y de la tierra, y, como católicos, participar de los sentimientos de Cristo Jesús, en cuya compañía se construyan nuestras vidas de hijos de la Iglesia, madre nuestra que nos da a Jesucristo.

Podemos hacer estas peticiones al Señor con san Ildefonso poniendo como abogada a la Madre del Señor. Quiera darnos Jesucristo imitar el amor de nuestro Patrono a María, que muestra esta oración del Arzobispo toledano a Nuestra Señora, en el inicio de su mundialmente conocido liber de uirginitate perpetua sanctae Mariae: Domina mea, dominatrix mea… Recitamos esta oración en la traducción que hizo en el siglo XVI el célebre Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez de Toledo:

Señora mía, de poderos e dulce  señorío, madre de mi Señor e sierva de tu fijo, engendradora del fazedor del mundo, a ti ruego, a ti adoro, a ti demando de todo corazón el espíritu de  tu Señor, el espíritu del tu fijo, el espíritu del tu Señor, el espíritu del tu fijo, el espíritu del mi redentor,  porque yo pueda amar a ti e entender e fablar de todas las cosas verdaderas e  dignas de la tu exçelençia”.