Homilía en la S. I. Catedral Primada
Santa Misa en Rito Hispano-Mozárabe
23 de enero
Permítanme expresarles la emoción que me embarga al celebrar en el amado
Rito Hispano-Mozárabe la solemnidad de san Ildefonso, arzobispo de Toledo
y modelo de amor a la Virgen Santa María y a sus fieles toledanos. Junto
con san Isidoro, nuestro Santo gozó siempre de un prestigio que sólo tiene
la santidad, y ambos suscitan en los fieles la adhesión que suscitaban los
mártires en el pueblo cristiano de los primeros tiempos, por ejemplo
santa Leocadia, la joven que dio testimonio de Jesucristo en Toledo siglos
antes a que viviera nuestro Santo.
Miren lo que decía de san Ildefonso Berceo todavía entre los siglos XII y
XIII, en el relato de los famosos Milagros de Nuestra Señora: En
Toledo la buena, essa villa real,/ que yace sobre Tajo, essa agua cabdal,/
ovo un arzobispo, coronado leal,/ que fue de la Gloriosa amigo natural./
Diziénli Ildefonso, dizlo la escriptura,/ pastor que a su grey daba buena
pastura,/ El sancto arzobispo, un leal coronado,/ por entrar a la missa
estava aguisado;/ en su preciosa cátedra se sedie asentado,/ adusso la
Gloriosa un present muy onrado. (…) Fizoli otra gracia qual nunqua fue
oída: dioli una casulla sin aguia cosida; obra era angélica, non de omne
texida.
Yo quiero pedir al Señor por intercesión de san Ildefonso que el Altísimo
me conceda serviros con todo el corazón a los que sois fieles de esta
Iglesia toledana y a cuantos hombres y mujeres de buena voluntad quieran
aceptar mi oficio episcopal. Este es el servicio que la Iglesia de Toledo
quiere dar y puede ofrecer a esta sociedad toledana y extremeña: el valor
de la fe católica, el signo del Evangelio de Cristo que ayude a llevar una
vida digna, favorecedora del bien común, de la igual dignidad del ser
humano, del servicio a los pobres y a la belleza que nos permite una vida
humana digna y atrayente, que respeta el orden del estado de derecho de
democracia parlamentaria en la monarquía constitucional; lo cual no
significa callarse ante desmesuras o excesos que puedan acontecer entre
nosotros, siempre con respeto y consideración.
“La boca del justo produce sabiduría –nos ha recordado el libro de los
Proverbios- (…) Los hombres rectos son guiados por su integridad”. Son
consecuencias estas palabras de la lógica más elemental: el ser humano
aspira, justamente, a la sabiduría y a la integridad, aunque las conductas
torcidas parezcan decir lo contrario. “Los santos, por la fe, conquistaron
reinos –reza la liturgia de este día-, obraron justamente, taparon la boca
a los leones, apagaron el fuego impetuoso (…), se mostraron fuertes en el
combate”. Lo que dice Heb 11 resaltan muy bien cuanto san Ildefonso
significa en la historia del pueblo toledano.
Alabamos, pues, y bendecimos al Señor por el triunfo de san Ildefonso, al
que nuestro Dios otorgó la corona de la inmortalidad por haber defendido
su nombre y el de Santa María. ¡Qué hermosa tarea ésta de san Ildefonso de
defender el nombre de Dios! Realizar semejante acción lleva consigo un
servicio a la humanidad impagable, pues significa que el ser humano no se
explica desde sí mismo, sino desde la acción defensora de la misericordia
de Dios, que nos permite comenzar siempre de nuevo, a pesar de nuestras
posibles malas acciones y pecados. En el santo nombre de Dios y en su
presencia recitaremos los nombres de los santos apóstoles y mártires,
confesores como san Ildefonso, y vírgenes.
Ante el Señor, dueño de todo, con súplicas ardientes acudimos a su
omnipotencia, para que por los méritos de san Ildefonso nos limpie de todo
pecado y podamos alegrarnos, como él se alegra, porque somos dignos de
estar en la presencia de Jesucristo Salvador. Pedimos también que a todos
los que aterroriza el miedo, aflige la carencia de alimentos, veja la
tribulación, abruman las enfermedades, a todos los cargados de deuda y
sometidos a cualquier tristeza nos libere la indulgente piedad de Dios y
nos reconforte su misericordia cada día.
En la gran acción de gracias de esta solemnidad, llamada Ilatio en
nuestro venerable rito, agradecemos al Señor la vida y la persona de su
confesor, por la fe y el amor, san Ildefonso. Y pedimos no envanecernos en
la prosperidad ni desanimarnos cuando lleguen las adversidades, ni nos
hieran las saetas de los espíritus inmundos o las flechas de nuestros
adversarios; bien, al contrario, que “sean aliviadas las angustias de tus
siervos, oh Jesucristo, y las de todos los fieles”.
Son muchas las cosas a pedir para nuestra ciudad y para esta Archidiócesis
de Toledo: el bien común, la paz y la concordia, la valentía para
solucionar cuantos problemas tengamos, la audacia para atender a cuantos
sufren. Queremos pedir al Señor, por medio de tan gran valedor como es san
Ildefonso, que se nos conceda vivir una sana laicidad, una mutua
cooperación, que no resuciten los viejos problemas; que tengamos amplitud
de miras, ninguna aceptación de la violencia y el terrorismo, poca
resignación ante situaciones injustas que traen tribulación y dolor a los
más pobres, cuidado y defensa de la vida y de la tierra, y, como
católicos, participar de los sentimientos de Cristo Jesús, en cuya
compañía se construyan nuestras vidas de hijos de la Iglesia, madre
nuestra que nos da a Jesucristo.
Podemos hacer estas peticiones al Señor con san Ildefonso poniendo como
abogada a la Madre del Señor. Quiera darnos Jesucristo imitar el amor de
nuestro Patrono a María, que muestra esta oración del Arzobispo toledano a
Nuestra Señora, en el inicio de su mundialmente conocido liber de
uirginitate perpetua sanctae Mariae: Domina mea, dominatrix mea…
Recitamos esta oración en la traducción que hizo en el siglo XVI el
célebre Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez de Toledo:
Señora mía, de
poderos e dulce señorío, madre de mi Señor e sierva de tu fijo,
engendradora del fazedor del mundo, a ti ruego, a ti adoro, a ti demando
de todo corazón el espíritu de tu Señor, el espíritu del tu fijo, el
espíritu del tu Señor, el espíritu del tu fijo, el espíritu del mi
redentor, porque yo pueda amar a ti e entender e fablar de todas las
cosas verdaderas e dignas de la tu exçelençia”.