Escrito dominical, el 28 de marzo
El Salmo 24,
que habla de la subida, termina con una liturgia de entrada ante el
pórtico del templo de Jerusalén: «¡Portones! Alzad los dinteles, que se
alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria». También
en la antigua liturgia del Domingo de Ramos, el sacerdote o el Obispo, al
llegar ante el templo, llamaba fuertemente con el asta de la cruz de la
procesión al portón aún cerrado, que a continuación se abría. Era una
hermosa imagen para ilustrar el misterio de Jesucristo mismo que, con el
madero de su cruz, con la fuerza de su amor que se entrega, ha llamado
desde el lado del mundo a la puerta de Dios; desde el lado de un mundo que
no lograba encontrar el acceso a Dios.
Con la cruz, Jesús
ha abierto de par en par la puerta de Dios, la puerta entre Dios y los hombres.
Ahora ya está abierta. Ya ha llegado nuestra barca cuaresmal al puerto de la
Semana Santa. Pero también desde el otro lado, el Señor llama con su cruz: llama
a las puertas del mundo, a las puertas de nuestro corazón, que con tanta
frecuencia y en tan gran número están cerradas para Dios. Este es el llamamiento
que en esta hora hemos de dejar que penetre en nuestro corazón. Que el Señor nos
ayude a abrir la puerta del corazón y la puerta del mundo, para que Él, el Dios
vivo, pueda llegar en su Hijo a nuestro tiempo y cambiar nuestra vida.
Tarea nada fácil,
pues a nuestra falta de respuesta como católicos, hay objetivamente acciones que
llevan en sí la mentira y la mala fe. ¿Quieren un ejemplo? Ustedes saben bien
que Educación para la Ciudadanía es una asignatura obligatoria en determinados
cursos. Cuando hemos visto libros de texto sobre esta materia, la constatación
es clara: la mayoría no respetan las convicciones de los padres a la hora de
educar a sus hijos. Pero la guinda la ha puesto una editorial concreta, uno de
cuyos autores cree que EpC no debe "adoctrinar" en valores.
¡Estupendo! Pero
está tal casa editorial ha llenado de libros de texto los colegios de varias
comunidades autónomas, también de Castilla-La Mancha, en los que se denigra a la
religión católica y a sus principales referentes.
Hay cómics que
ridiculizan la elección del Papa; frases como "Santísima Trinidad, pague uno,
llévese tres", etc. Son algunos de los extractos que pueden leerse en el libro
de Educación Cívica de dicha editorial. ¡Bonita forma de velar el Ministerio de
Educación por los "contenidos neutrales", que exigía la sentencia del Tribunal
Constitucional a los libros de texto de EpC! Lo hemos dicho muchas veces los
Obispos de España: el Gobierno por medio de una Ley, la LOE, ha logrado que una
asignatura, EpC introduzca contenidos no neutrales y que están en discusión en
la sociedad, que vulnera el art. 27.3 de la Constitución. ¿Por qué razón el
Ministerio permite que la mayoría de los manuales de EpC mencionen a los mismos
personajes de referencia en una signatura obligatoria?
Algunos dirán que la
culpa no es del Ministerio de Educación, pues tras la publicación del decreto de
enseñanzas mínimas para EpC, corresponde a los gobiernos autonómicos comprobar
si los contenidos que ofrecen los libros de texto se adecuan a esas enseñanzas
mínimas. También se aducirá que son los centros educativos quienes escogen entre
los diferentes libros aptos, y que, desde luego, está la libertad de opinión.
Pero el caso es que en nuestra Autonomía se ha dado visto bueno al libro de
Educación cívica de la susodicha casa editorial. Una manera sutil de lavarse las
manos.
Hasta aquí hemos
ilustrado una manera de impedir que se abra la puerta. Nos apena, pero ahí está
Jesucristo, que de nuevo sufre por nosotros, que no protesta, pero nos indica
que la verdad nos hace libres. Él es nuestra esperanza para mostrar cómo se vive
y se ama en esta vida. Él nos dice: mira que sufro por amor a ti; ábrete a mí,
tu Señor y Salvador.