Año 2010

 

¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?

 

Escrito dominical, el 25 de abril

En medio de la alegría de la Pascua, nos produjo una terrible desazón la muerte injusta de Cristina Martín, la niña de Seseña. El dolor de sus padres y hermanos debe ser respetado ante todo y, al hablar de este suceso, nos mueve únicamente la cercanía a esta familia que sufre. Me consta que la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción donde vive, sacerdotes y fieles laicos, ha puesto de su parte lo mejor de sus personas acompañando a la familia en aquellos tristes días.

En cualquier caso, siento que algo falta en este dramático acontecimiento, que incluye también a la otra familia, la de la chica que es acusada de ser la autora presunta de esta muerte de Cristina Martín. Ante la turbación de la sociedad que se pregunta qué ha sucedido para este desenlace, los medios de comunicación han informado profusamente, indagando hipótesis, razones, causas, pero falta preguntar más hondamente: ¿Por qué ha podido suceder semejante despropósito? ¿Qué le pasa a nuestra sociedad para que en ella unos adolescentes vivan de tal manera que entre ellos quepa hasta el desprecio de la vida humana? Yo, adulto, responsable, por tanto, de una manera concreta de vivir, ¿he podido contribuir a degradar la existencia de los demás y, sobre todo, haber influido para que muchos adolescentes vivan una vorágine de existencia en la que sobrepasan líneas rojas que nos asustan?

Habría, pues, que decir que hemos fracasado como sociedad humana, al no saber transmitir a niños y adolescentes una forma sana de crecer, de moverse en la vida, de saber vivir la alegría, el ocio. Independientemente de las responsabilidades en la muerte de Cristina Martín, lo que me preocupa como ciudadano que soy, obispo en esta tierra nuestra que es España, es que el torbellino de las noticias devore también esta muerte y en pocos días todo vuelva a la rutina. ¿Seremos capaces de reaccionar? No me atrevo a decir que nuestra sociedad está corrompida, pues no es verdad, pero no quiero aceptar que no seamos capaces de ver que el enemigo del ser humano está dentro de él. ¿Es la ignorancia? Puede ser, pero es, ante todo, la mentira.

No dudo que la ignorancia ha sido y es el gran obstáculo del ser humano para desarrollarse con plenitud. Sí, un deseo de no saber lo que somos como seres humanos, ya niños, adolescentes o adultos; es un deseo de mantenerse en los prejuicios trabajosamente afianzados durante años, que piden e indican una forma de vida que no se ajusta al ser humano. Y la ideología se aprovecha de ese deseo humano de ignorancia de varios modos. Quizá el más actual sea la mentira, he leído en un artículo que ha llegado estos días a mis manos. Mentir una y las veces que sean necesarias, pues la mentira (que proviene del Mentiroso, como llama Jesús al Demonio) no conoce los hechos, los desprecia y sólo los acepta como datos. La mentira sólo surge de intereses espurios y consigue que ignoremos lo que somos y desconozcamos la verdad del mundo y de una vida razonable, adecuada a la edad de cada uno.

Pensemos lo que se llevó (nazismo, comunismo, etc.) y lo que mueve ahora a nuestros adolescentes: racismo, xenofobia, ideología de género, consumismo a ultranza, espectáculos de masas, fomento de placeres efímeros, desprecio de los demás, sexo banal, utilización de las personas, éxito fácil y a toda costa. No es, sin duda, lo que están viviendo todos nuestros adolescentes, pero sí muchísimos de ellos. Y esto destruye por dentro a nuestros niños, apenas empezando a vivir. No podemos consentirlo; hemos de reaccionar y exigir a nuestras autoridades que hagan algo y no se queden únicamente en encuestas para ver por dónde van las opiniones de los que depositan votos en urnas.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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