Escrito dominical, el 30 de mayo
Nuestra Iglesia de Toledo vuelve a convertirse en
Archidiócesis eucarística. Siempre lo hace la ciudad de Toledo y tantas y
tantas parroquias cuando llega la fiesta del Corpus. Pero este año nos
adelantamos una semana, pues el X Congreso Eucarístico Nacional tendrá su
apogeo en la Statio Ecclesiarum Hispaniae en la Catedral de Toledo
el domingo 30 de mayo. La presidirá el Cardenal Angelo Sodano, Legado
Pontificio, tras haberse celebrado antes las distintas actividades y
celebraciones del mismo. Es un rasgo de amor y deferencia del Santo Padre
a la Iglesia en España el envío del Cardenal Legado. Todos los fieles
toledanos estamos felices también por habernos dado la posibilidad de
invitar y acoger a hermanos de toda España en esta ciudad del Corpus,
entre ellos a tantos venerables hermanos Obispos, arzobispos y cardenales.
La Eucaristía es fundamental en la vida de la Iglesia. Su
celebración, sobre todo en los domingos, «hace a la Iglesia» y nos hace Iglesia.
De una cosa estamos seguros: no podemos vivir sin el domingo; el cristiano que
sienta lo contrario se ha alejado del sentir de toda la tradición que comenzó
hace veinte siglos. No celebrar la Misa el domingo –salvo que sea imposible
hacerlo– es señal inequívoca de falta de tensión en la vida cristiana, que
necesita pronto algún tónico para restablecerse. Gracias, pues, a todos los
fieles por tantos signos de amor a Cristo Eucaristía, a tantos adoradores, a
tantos que visitan y adoran a Jesús Sacramentado.
El domingo 30, solemnidad de la Trinidad Santa, nos
adentramos, además, en el misterio de las relaciones de amor de nuestro Dios,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, que explica todo lo que somos como criaturas,
amados del Señor, pues el Padre se ha revelado a nosotros en su Hijo y en el
envío del Espíritu Santo, el que nos hace «capaces de Dios». Buena fiesta para
acabar el Congreso Eucarístico, antes de adentrarnos en la semana del Corpus.
En el Congreso Eucarístico participarán también, desde el
claustro, las monjas contemplativas de nuestra Diócesis, pues son un magnifico
exponente de lo mejor de la Iglesia. En la fiesta de la Santísima Trinidad los
cuarenta y un monasterios de clausura deben ocupar un lugar privilegiado en los
demás fieles cristianos. Debemos mucho a estas Hermanas, y una manera de darles
las gracias por su entrega y su oración es que en este día «Pro Orantibus»
nosotros nos preocupemos por ellas, sus dificultades de nuevas vocaciones, sus
problemas. No pueden ser unas desconocidas, ni su vida una especie de exotismo
para los demás cristianos.
Orar, llevar una vida escondida en Cristo Jesús es «lo único
necesario» a favor de los demás miembros de la Iglesia y aún de toda la
humanidad. Dar primacía a Cristo y no anteponer nada a su amor vale más que
tantas acciones sin alma que a veces vivimos en las comunidades cristianas. A mí
me parece, por lo que conozco ya de nuestra Diócesis, que es una enorme riqueza
de gracia esos monasterios toledanos de clausura desde Siruela hasta El Toboso o
Quintanar de la Orden; desde Calzada de Oropesa a Ocaña; desde Illescas a
Consuegra y Madridejos; desde Talavera de la Reina a Escalona; desde Cuerva o
Navahermosa a Ajofrín; de Fuensalida y Casarrubios del Monte a Yepes; desde La
Puebla de Montalbán y Torrijos a Toledo, donde la variedad de monasterios es
toda una hermosura.
Perder esa riqueza sería también culpa nuestra, de las demás
comunidades cristianas de Toledo, de los sacerdotes y de los obispos, de los
movimientos y las familias cristianas. La riqueza de la que hablo no es el
patrimonio artístico únicamente; es sobre todo esa fidelidad a Cristo y a su
Iglesia de estas Hermanas, la entrega de su vida y su deseo de orar para que los
demás cristianos conozcamos y cumplamos con nuestra misión en el mundo. Dios las
bendiga y las guarde.
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Braulio Rodríguez Plaza