Escrito dominical, el 17 de junio
Se
acerca la fiesta de san Pedro y san Pablo. Es la gran fiesta de Roma y
lógicamente de la Ciudad del Vaticano. El pasado año yo recibí en la basílica de
san Pedro el palio como Arzobispo Metropolitano de Toledo, a pocos días de mi
toma de posesión de la Diócesis en la catedral primada. Quiero tener un recuerdo
agradecido a Benedicto XVI, no sólo por la confianza al nombrarme vuestro
Obispo, sino por tantos ejemplos dados a toda la Iglesia por el Santo Padre y
por su servicio inigualable en tantas homilías, discursos, cartas y en una vida
entregada del todo a la Iglesia Santa y al mundo. No han sido pocos los
sufrimientos y la valentía del Papa al afrontar los problemas. Os pido oración
por sus intenciones y su ministerio, que sólo puede explicarse desde el
Espíritu.
Por
san Pedro tiene lugar la colecta llamada del “óbolo de san Pedro”, que tuvo su
origen en otro tiempo, pero que hoy se explica como un colecta para “la caridad
del Papa”. Sé bien que el dinero de esa colecta es destinada por Su Santidad
para gastos concretos de la Iglesia Universal. Mucho de ese dinero se dispone
también para paliar grandes catástrofes, sobre todo en el Tercer Mundo, o para
que muchos católicos puedan oír Radio Vaticana o canales de televisión que
puedan servir para la evangelización y el apoyo llegue a comunidades católicas
alejadas o en países donde los católicos están en gran minoría. Es, pues, un
dinero bien gastado y empleado para causas muy nobles.
El
domingo 27 de junio la Hospitalidad de Lourdes de Toledo emprende una nueva
peregrinación al Santuario de la Virgen, con muchos enfermos, que son cuidados
con primor por los hospitalarios casi las 24 horas del día. Los peregrinos que
se unen a los enfermos les acompañan en celebraciones y en unos días de oración
y convivencia. Si Dios quiere, yo le acompañaré por primera vez desde que soy
arzobispo de Toledo. Es una forma también de agradecer cuanto oraron el año
pasado por mí, pues marcharon a Lourdes justamente el día de mi toma de
posesión. Aprovecharé esos días de peregrinación para orar al Señor por
mediación de la Virgen por todos los toledanos y agradecer este primer año de
ministerio entre ustedes.
Y
nos adentramos ya en julio, tiempo de recogida y primer mes de vacaciones… para
algunos. Tiempo, eso sí, de reflexión y de preparar el futuro próximo. Por
desgracia, tiempo en que la ley del aborto entrará en vigor y dará paso a una
situación de legalidad de un crimen y de una visión de la existencia que no es
la mayoritaria, pero se impone por la fuerza de la mayoría parlamentaria, hecha
de minorías. Tiene tantas repercusiones esta ley en la vida ordinaria de la
gente, impone una visión de la sexualidad humana tan raquítica, que España lo
notará bien pronto. El caso es que se presenta como prototipo de avance, de
modernidad, de ampliación de “derechos”. Un producto muy bien aceptado, también
por muchísimos católicos, que piensan que lo legal y permitido por una ley del
Parlamento es moralmente aceptable.
Ahí
está el horizonte en que se mueve la sociedad española, con un nivel de paro
grande, necesidades no atendidas, incertidumbre de futuro para mucha gente y
ganas de vivir, sí, pero como si Dios no existiera. Del Evangelio de Cristo, del
Señor Resucitado surge otra perspectiva: una existencia que cuenta con Dios
Padre, y una vida que ofrece el amor de Jesucristo y su vida nueva. No
antepongamos nada al amor de Cristo.
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Braulio Rodríguez Plaza