Año 2010

 

LA REINA DE LA VIDA

 

Escrito dominical, 1 de agosto

 

Nuestra actividad se ralentiza un tanto en agosto, porque el descanso es buscado como necesario. Es un alto en el caminar, que luego hay que continuar. La vida no se paraliza, sin embargo. Necesitamos vivir. No todo el mundo tiene calidad de vida que le permita un descanso. Otros no tienen trabajo y siguen con ese angustioso problema. ¡Qué compleja es la vida humana! Creemos que todo va a ir bien, nace en nosotros siempre la esperanza de cambiar a mejor, y no lo conseguimos en muchas ocasiones. Quisiera, por ello, animar a los cristianos a no perder la fortaleza y ayudar a cuantos se encuentran deprimidos y angustiados por un futuro inmediato.

Agosto es tiempo de reunión de mucha gente a la que no se ve en otro momento del año; en pueblos y ciudades llegan las fiestas, o simplemente el verano, y hay posibilidad de hablar con aquellos con los que compartimos la niñez o la juventud y el trabajo, la profesión y otras circunstancias han separado. Pienso que son momentos gratos para el reencuentro. También en las fiestas patronales son posibles muchos momentos gratos en la tradición común, en el ejercicio de la fe, en la convivencia sencilla de la relación entre los humanos.

En el centro del mes de agosto aparece la fiesta de la Virgen, la que celebra su Asunción a los cielos, esto es, su plenitud. En muchos lugares es la fiesta patronal. También en la ciudad de Toledo, pues la Virgen del Sagrario abandona esa bellísima capilla del Santísimo y es colocada en un lugar especial de la Catedral para recibir el amor de sus hijos en la Novena que prepara la gran fiesta del 15 de agosto. La Catedral se abre a la ciudad y cuantos quieren honrar a la Virgen del Sagrario.

A ella la pedimos que nos atraiga la bondad del Padre de los cielos que es su Hijo Jesucristo, que nos consiga nuevas ilusiones en nuestras comunidades cristianas, que nos enseñe la belleza de la vida en familia y la caridad mutua, para que seamos capaces de ayudarnos y alegrarnos juntos en esta ciudad de Toledo o en tantas parroquias que también celebran sus fiestas. Nuestra Señora, ya glorificada en cuerpo y alma, sigue preocupándose de nosotros, precisamente porque tiene libre acceso a su Hijo, al Padre de los cielos y al Espíritu Santo. Es tiempo, pues, de oración sencilla, de avemarías y jaculatorias que nos enseñaron, de momentos de plegarias junto a otros cristianos.

Yo quiero pedirle a la Virgen que nos ayude a luchar bien, con imaginación e iniciativas concretas, contra las nefastas consecuencias de la Ley del aborto, que ha entrado en vigor desgraciadamente en el mes de julio. Ahora no vale lamentarse. Creo que la Iglesia Católica ha hablado, y claro, sobre la injusticia de dicha ley, que no soluciona nada, ni amplia derechos de la mujer, por mucho que lo cacareen sus partidarios. La situación es ahora peor que cuando, para abortar, se apoyaban en los tres «supuestos» despenalizados desde 1985. Sigue además el «negocio» de las clínicas abortistas, y en mayor escala. Pero ahí están las mujeres, en ocasiones casi niñas, que el entorno le impulsa a abortar.

Es en este campo donde tenemos los católicos que actuar sin miedo, buscando posibilidades de acercarse a las embarazadas en peligro de abortar. Redes de todo tipo deberían aparecer para que la vida gestada no se aborte. Ese es el ámbito de actuación de los católicos, sin dejar de oponerse a esa ley con argumentos y actuaciones que nuestro estado de derecho permite sin duda. La Reina de la Vida, Santa María interceda por nosotros.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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