Año 2010

 

DE NUEVO Y CON RENOVADO VIGOR

 

Escrito dominical, 12 de septiembre

Así quisiera yo empezar el nuevo curso pastoral, y de este modo animar a los católicos toledanos a comenzar las tareas eclesiales en parroquias, grupos apostólicos y asociaciones, con los trabajos que se van poco a poco organizando en este mes de septiembre. Tal vez cueste, tras el paréntesis del verano, pero la Viña del Señor sigue estando necesitando de mucha gente y el Señor sale a todas horas a buscar quien trabaje en ella.

¿Hay motivos para el optimismo? Con tan buen capitán –Cristo–, que decía santa Teresa, ¿quién puede ser derrotista? Estamos en la Iglesia y lo que en ella se hace no se pierde: Dios lo recoge, porque es el trabajo de sus hijos. En el horizonte de la tarea diocesana están ya registradas dos grandes prioridades: la pastoral y el apostolado con los jóvenes, y la reflexión sobre el Directorio de los sacramentos de Iniciación Cristiana, texto ya escrito, pero que hay que discutirlo y más tarde ponerlo en práctica. También está diseñado cómo trabajar en la evangelización con jóvenes, con un programa preciso, al que acompañará una carta pastoral sobre el tema escrita por mí mismo.

Sin duda que en las comunidades cristianas hay otros muchos campos que arar, sembrar y cuidar. De modo, que no estamos sin rumbo y yo os pido que os dejéis afectar por la necesidad que la gente tiene de Dios, de sentido, de orientación, de atención a los más pobres y necesitados, y que oréis para encontrar en el Espíritu Santo la fortaleza que Dios nos da por Jesucristo, la Escritura Santa, la Liturgia, los Sacramentos. Yo no voy a ocultar que los católicos no tengamos problemas y que todo sea motivo de optimismo.

Si se trata de curso escolar que en estos días empieza, lamentablemente hay puntos oscuros. La educación en nuestro país no va bien. Ahí están los problemas de calidad en la enseñanza. Y continúan otros: sigue la imposición de la asignatura obligatoria llamada pomposamente «Educación para la Ciudadanía». Nadie estaría en contra de tal educación, si no fuera porque es un eufemismo para referirse a otra realidad: la intromisión del Estado en la educación moral de los hijos que éstos, muchísimos, no desean. Es un mal endémico de nuestro gobierno, porque no creen en la capacidad educativa de los padres, que cada año se va cegando con tantas intro-misiones.

Está también otra pretensión del gobierno, que participa de la misma invasión en la tarea propia de los padres: imponer, porque dicen que es buena, una formación «afectivo-sexual» sin la autorización de los mismos padres. Son manías u otra cosa, puesto que ya conocemos cuál es la comprensión de la sexualidad de nuestros dirigentes: bastante reduc-tiva, sin tener en cuenta lo que es la persona y la sexualidad humana y donde casi todo vale. La guía que han preparado los Ministerios de Educación y Sanidad es un exponente de lo que está pasando: se da un paso más en el deseo de cambiar la manera de pensar de la gente en ámbitos muy importantes de la conducta humana.

No me compete a mí solucionar los problemas de las aulas, pero sí digo que cercenar el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus principios filosóficos, religiosos y morales no es bueno para nuestro país. Un curso más estos padres, en muchos centros escolares, volverán a estar en vilo por esa manía de los que nos gobiernan de querer ir más allá de lo que les compete y no ir a lo más nuclear de la hermosa tarea de educar en libertad y con respeto.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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