¿Dónde está
el que puede darme la respuesta
satisfactoria a
los anhelos del corazón?
"Haced
fructificar los dones que Dios os ha regalado en la juventud"
(Benedicto XVI,
encuentro con jóvenes en Brindisi, Italia, el 14 de junio de 2008)
Propósito de la
carta
1. El 25 de mayo de
2010, durante el encuentro preparatorio para XXV JMJ en la plaza de San Pedro,
una joven exclamó ante el Santo Padre, después de haber escuchado en la lectura
evangélica la pregunta del joven rico a Jesús -"Maestro bueno, ¿qué he de hacer
para tener en herencia la vida eterna?" -: "Yo no sé que es la vida eterna. No
logro imaginarla, pero sé una cosa: que no quiero desperdiciar mi vida, quiero
vivirla a fondo y no yo sola. Tengo miedo de que esto no suceda así, tengo miedo
de pensar sólo en mí misma, de equivocarme en todo y de encontrarme sin una meta
que alcanzar, viviendo al día. ¿Es posible hacer de mi vida algo hermoso y
grande?".
2. He aquí una buena
descripción de la situación vital que viven tantísimos de nuestros jóvenes,
incluso los que se acercan por nuestras comunidades cristianas y tantos otros
que, con cierta inquietud, desean vivir con fuerza los años de la juventud y no
encuentran apoyo, ayuda, personas que les acompañen, testigos de Jesucristo
dispuestos a caminar con ellos en esta etapa decisiva de la vida humana que es
la juventud.
3. Interesa, pues,
conocer las palabras ponderadas del Papa para responder a la joven que
preguntaba en esta ocasión a Su Santidad. Benedicto XVI apunta hacia propuestas
sugestivas, que no son teóricas. Algo de esto quisiera yo mostraros a vosotros,
sacerdotes y cuantos ayudáis a los jóvenes a vivir su fe en parroquias y grupos
o proponéis la fe en Jesucristo en momentos de encuentro esporádicos con
jóvenes. Lo esencial de la vida eterna, es decir, de la vida verdadera lo
describía esta joven ante el Santo Padre: no desperdiciar la vida, vivirla en
profundidad, no vivir para uno mismo, no vivir al día, sino vivir realmente la
vida en su riqueza y en su totalidad.
Pero la gran
pregunta es: ¿Cómo hacerlo? Esta es la gran prueba para las comunidades
cristianas, empezando por la primera de ellas que es la familia y, tras ella, la
parroquia o el grupo cristiano o movimiento apostólico. Hay que responder
teórica y prácticamente a la pregunta que tantos jóvenes nos hacen o pueden
hacernos: ¿"Dónde está el que puede darme la respuesta satisfactoria a los
anhelos del corazón"? La cuestión del sentido, de la felicidad no debería nunca
evitarse cuando se trata de la vida del joven, como, por otro lado, de cualquier
humano. El proyecto, pastoral, pues, que nuestra Iglesia de Toledo pueda ofrecer
al joven concreto tiene que ver con conocer a Dios y saber que su vida no existe
por casualidad, no es una casualidad. Dios ha querido mi vida. Soy amado, soy
necesario. Dios tiene un proyecto para mí en la totalidad de la historia; tiene
un proyecto precisamente para mí.
4. Esta carta va
dirigida, pues, a toda la comunidad cristiana de Toledo. Lo cual significa que
estoy pensando en responsables eclesiales, (sacerdotes, religiosos, educadores,
profesores cristianos), en parroquias y movimientos apostólicos eclesiales;
pero, antes, en padres y madres de familia, sin olvidar a cuantos fieles laicos
que están preocupados por la marcha de la vida eclesial. Tampoco olvido a los
miembros de la vida consagrada, pensando igualmente en las monjas
contemplativas. Y, por supuesto, en catequistas y otros educadores de la fe.
5. Recuerdo que, ya
en el curso pastoral 2009-2010 vimos la conveniencia, una vez terminado el
anterior Plan Pastoral Diocesano, de dedicar estos dos primeros cursos
pastorales como vuestro obispo a objetivos concretos: año sacerdotal en el que
tuvo lugar la beatificación del Cardenal Sancha y la Eucaristía y jóvenes con
motivo del X Congreso Eucarístico Nacional para el curso 2009-2010. Se trataba
de orar por los sacerdotes y su ministerio, para que fuéramos santos ministros
de Cristo; también de vivir con nuevo vigor la Eucaristía que nos dejó el Señor,
la adoración de la presencia real de Cristo, tan cerca de nuestras
preocupaciones, alegrías y tristezas.
Para este, curso
pastoral 2010-2011 los objetivos son también precisos: publicar el Directorio
Diocesano para los sacramentos de Iniciación Cristiana y aprovechar el tiempo de
gracia que supone que se celebre en Madrid la JMJ 2011 para trabajar en pastoral
de juventud. La carta, sin embargo, se ocupará en su casi totalidad de este
segundo objetivo. La razón está en que el primer objetivo ha sido trabajado ya
por el obispo con su Consejo Episcopal; por una comisión creada para este tema
ya en tiempos del Cardenal Cañizares, y por los Consejos del Presbiterio y de
Pastoral recientemente renovados.
I. Centralidad
del trabajo apostólico con jóvenes
6. En cada comunidad
cristiana ha de haber una preocupación a la hora de programar la tarea pastoral:
un trabajo apostólico con jóvenes, y aún con adolescentes. Parroquias, grupos
apostólicos y movimientos han de trabajar juntos en la misma dirección, aunque
puedan, cómo no, seguir diferentes maneras de hacerlo. Se trata de abordar con
decisión una tarea apostólica nueva con jóvenes y adolescentes, que viven en un
contexto muy concreto en el que, con mayor dificultad que en el pasado, la fe
decide su vida, su actuación, su ocio, sus preocupaciones básicas y sus
decisiones vitales. A ello se une la resistencia que encuentra la fe de nuestros
jóvenes para tener una presencia pública en una cultura dominante que, de hecho,
no acepta el Evangelio de Jesucristo y la actuación de la Iglesia.
7. Hay que analizar
con realismo, pero desde la esperanza, la pérdida de religiosidad de los jóvenes
españoles, como muestran muchos estudios sociológicos. Nosotros no podemos
quedarnos, sin embargo, en "lo que hay"; queremos trabajar en "lo que debe ser"
este campo de la acción pastoral de la Iglesia en el mundo de los jóvenes. "No
se trata de esconder la realidad, sino de trabajar con seriedad y profundidad de
cara al futuro (.) El futuro es esperanzador, pero exige trabajar sin complejos
y con madurez cristiana. La evangelización de los jóvenes es tarea que compete a
toda la comunidad cristiana según el servicio o función que le corresponde a
cada uno en la Iglesia de Jesucristo" (Comisión Episcopal de Apostolado Seglar.
Departamento de Juventud, Jóvenes en la Iglesia. Cristianos en el mundo en el
tercer milenio (Proyecto marco de Pastoral de Juventud)), Madrid 2006.
8. No partimos de
cero. Ahí está la realidad hermosa de tantos jóvenes católicos, cuya vida de fe
ha ido creciendo en los hogares cristianos, en colegios y parroquias, en
movimientos y grupos apostólicos. Contamos con nuestro Secretariado de Pastoral
Juvenil de la Delegación de Apostolado Seglar, que ya ha elaborado un plan
pastoral para el Año de la Juventud (2010-2011), cuya lectura y asimilación es
necesaria, con un interesante itinerario para este curso pastoral y sus
objetivos concretos. Hemos aludido ya a ese Proyecto Marco de Pastoral Juvenil,
del Departamento de Juventud de la CEAS, un esfuerzo de reflexión en el que
tantos educadores, tantos testigos y acompañantes de la fe de los jóvenes han
trabajado en toda España a lo largo de muchos años.
9. No se trata, sin
embargo, de olvidar ni las grandes acciones de la Iglesia ni de descuidar otros
campos del apostolado de los cristianos, como son, entre otros, la familia, la
atención a la vida, la caridad o la catequesis; pero es preciso poner de relieve
-repito e insisto- en cada comunidad cristiana la evangelización de adolescentes
y jóvenes como prioridad pastoral, proponiéndose como meta la creación de unas
estructuras básicas y mínimas de pastoral de juventud, para que los jóvenes
católicos puedan encontrarse con Jesucristo y crecer en su fe en una sociedad
que facilita poco o para nada esta preocupación de los grandes temas de la vida
de un joven, que la fe católica debe proponer.
¿Tarea fácil? No.
¿Posible? Sin duda. Ciertamente puede ser que muchos sacerdotes o fieles laicos
viendo la realidad pastoral de sus parroquias o movimientos piensen, de
antemano, que entre ellos esta tarea con jóvenes y adolescentes es, en la
práctica, muy difícil, casi imposible, porque las parroquias son pequeñas o las
asociaciones de fieles laicos poco atractivas. Únanse, en este caso, en ámbitos
más amplios, como son los arciprestazgos o movimientos apostólicos. Todo menos
quedarse cruzados de brazos. He vivido la dificultad de trabajar con jóvenes en
mis tres anteriores Diócesis, con parroquias rurales mucho más pequeñas y muchos
menos sacerdotes, sobre todo jóvenes. Creo que es el momento de pensar en lo
esencial y dejarse de cuestiones y problemas un tanto irreales que a veces nos
planteamos los católicos; también entre los sacerdotes. La vida cristiana de los
fieles, su encuentro con Jesucristo, no depende, sin duda, sólo y exclusivamente
de proyectos pastorales muy perfilados, pero sí depende de oración, trabajo,
dedicación y preocupación por ofrecer posibilidades. El Santo Cura de Ars
también tenía estas preocupaciones y creó posibilidades pastorales en su
parroquia.
II. Retos y
posibilidades en la pastoral juvenil
10. No cabe duda.
Tenemos en el campo de la pastoral juvenil nuevos desafíos que requieren
respuestas oportunas. Cada nueva generación de jóvenes nos obliga, de alguna
manera, a comprobar nuestra capacidad de mostrar a los jóvenes diferentes y
nuevas propuestas de vida. Así nos lo ha enseñado las JMJ, las peregrinaciones a
Guadalupe o Santiago: se necesita una nueva generación de agentes de pastoral,
que sean persuasivos y auténticos testigos de Cristo y de su Evangelio. También
aquí se aplica en este caso la regla evangélica que para el vino nuevo se
necesitan odres nuevos (cf. Mt. 9, 17). ¡Cuántos cambios se han realizado en la
vida de los jóvenes! ¡Cuántos descubrimientos importantes han hecho! ¿Acaso no
han descubierto a Cristo como Camino, Verdad y Vida? ¿No es real el
descubrimiento en tantos de la Iglesia como madre y maestra, y como "compañía de
amigos" (Benedicto XVI), que sostiene en el camino de la existencia? ¿No han
visto al sucesor de Pedro más como guía seguro y amigo en quien confiarse y
menos como un líder de una causa pasada de moda que no permite expandir la
libertad y la alegría de la vida? Preguntad a los 200 jóvenes que en el 2009
peregrinaron a Roma y se encontraron con el Papa; o a los casi 800 jóvenes que
han peregrinado a Compostela en este Año Santo.
11. "¡La Iglesia
tiene tantas cosas que decir a los jóvenes, y los jóvenes tantas cosas que decir
a la Iglesia!", observó Juan Pablo II, en su exhortación Los fieles laicos, n.
46. Desechemos el derrotismo: se puede evangelizar el mundo de los jóvenes y sus
personas. Eso sí, los jóvenes han de sentirse acompañados por la Iglesia
concreta, y que forman parte de sus preocupaciones, esperanzas y aspiraciones,
comunicando la certeza que es Cristo, la verdad que es Cristo, el amor que es
Cristo; a través de una apropiada formación, que en opinión del mismo Papa, es
la forma necesaria y actual de evangelización. A la luz del camino que la
Iglesia ha hecho en estos 25 últimos años, con el fenómeno singular de las JMJ,
creo que se puede hablar de tres opciones "estratégicas" en pastoral juvenil.
Así lo subrayó el Cardenal S. Rylko, en su discurso a la Plenaria de los obispos
españoles en abril de 2010.
12. La primera se
refiere a los jóvenes como tal. Hay que seguir el ejemplo de Juan Pablo II: Él
apostó por los jóvenes. "Vosotros sois el futuro del mundo, la esperanza de la
Iglesia. Vosotros sois mi esperanza", dijo al inicio de su pontificado en 1978.
El vio en los jóvenes un camino especial para la Iglesia. La "juventud" de los
jóvenes no es algo sólo para ellos; es un bien especial de todos. Un bien de la
humanidad misma (cfr. Carta a los jóvenes del mundo, 1985) En los jóvenes
encuentra la Iglesia sin cesar la capacidad de asombro ante el misterio y el
entusiasmo que nos lleva a objetivos siempre nuevos. "Tenemos necesidad del
entusiasmo de los jóvenes; de la alegría de vivir que tienen los jóvenes. En
ella se refleja algo de la alegría original que Dios tuvo al crear al hombre.
Esta alegría es la que experimentan los jóvenes en sí misma. Es igual en cada
lugar, pero es también siempre nueva, original" (Juan Pablo II, Cruzando el
Umbral de la Esperanza, Barcelona 1994, p. 134).
Nada teme más la
cultura dominante que la alegría vital que tiene la vida joven de los seguidores
y discípulos de Cristo. Karol Woytyla nunca dudó de los jóvenes, incluso en años
difíciles. El siempre pensó que en los jóvenes hay un inmenso potencial de bien,
y de potencialidades creativas.
A ellos corresponde
la difícil, pero excitante tarea de transformar los "mecanismos" fundamentales
que, en las relaciones entre individuos y naciones favorecen el egoísmo y el
abuso, y a hacer nacer estructuras nuevas inspiradas en la verdad, en la
solidaridad y en la paz, se atrevió a decir Juan Pablo II en la bendición
pascual "urbi et orbi" de 1985. Aprendamos de estas propuestas dirigidas a
nuestros jóvenes y abramos su mundo a proyectos ilusionantes que nuestra
sociedad es incapaz de proponer.
13. La segunda
opción "estratégica" es el modo elegido para dialogar con los jóvenes y
anunciarles a Jesucristo. No aceptan en general los jóvenes que "les demos la
charla". Necesitan otra cosa: atención personal, un pequeño grupo que da
estabilidad y, paradójicamente, encuentros masivos, como son las peregrinaciones
o los encuentros de las JMJ. ¿Cuál es la razón de esta última modalidad? Somos
un pueblo convocado por Jesucristo en el Espíritu Santo. No somos masa, sino
Iglesia. Alguien ha hablado de la fascinación de un encuentro masivo; en él, al
mismo tiempo que cada uno se siente atraído por momentos de efusión colectiva,
es capaz en el joven de mantener viva su pregunta personal por el sentido de su
vida, que exige ser interpretado y reconocido personalmente. Un encuentro, pues,
masivo, pero no de masificación. Para los jóvenes cristianos de hoy, que a
menudo se encuentran viviendo la fe en soledad, es una experiencia de
extraordinaria importancia el encuentro masivo, una "fuente de ánimo". La JMJ,
Madrid 2011 puede alimentar en ellos la conciencia de ser parte integrante de la
Iglesia, y hacerles sentir que son protagonista de su vida, apoyado en la
certeza de no estar solos. En la fascinadora experiencia se saberse miembro de
la Iglesia universal. Os digo en verdad que los jóvenes no se sienten incómodos
manifestando públicamente su fe, pues les recuerda que el hecho religioso es un
hecho social que no se puede reducir a la vida primada.
14. Indudablemente
el encuentro singular de los jóvenes en la JMJ Madrid 2011 no es una realidad
que basta por sí sola. Debe estar orgánicamente integrada en la pastoral juvenil
ordinaria, entendida ésta como un esfuerzo paciente y perseverante de iniciación
cristiana y de educación de las nuevas generaciones en la fe. Detrás de cada JMJ
debe existir siempre un trabajo pastoral en la Diócesis y parroquias, en
asociaciones y movimientos apostólicos. La continuidad debe igualmente ayudar a
"definir" los contenidos de los encuentros masivos para que sirvan de alimento
para la vida de los jóvenes. "La calidad de nuestro encuentro -acaba de decir el
Santo Padre en su Mensaje para JMJ Madrid 2011- dependerás, sobre todo, de la
preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la palabra de
Dios y del apoyo recíproco".
15. Una tercera
opción estratégica en pastoral de Juventud no se adecua bien con un discurso
religiosamente correcto: en el centro de la esta actividad pastoral está la Cruz
de Cristo, el corazón del misterio pascual, esto es, su muerte y resurrección.
Si pretendiéramos únicamente encontrar elementos o buscar adeptos, actuaríamos
de otra manera. Se entrega a los jóvenes la cruz porque es a Jesucristo a
quienes los jóvenes tienen que buscar, y al Señor se le encuentra sobre todo en
el corazón. No pretendemos, pues, halagar. "Cristo es exigente con sus
discípulos -decía Juan Pablo II poco antes de su muerte-, y la Iglesia no duda
en volver a proponeros también a vosotros su Evangelio "sin descuentos". Los que
quieren seguir al divino Maestro abrazan con amor su cruz, que lleva a la
plenitud de la vida y de la felicidad (.) Proseguid sin cansaros el camino
emprendido para ser por doquier testigos de la cruz gloriosa de Cristo. ¡No
tengáis miedo! Que la alegría del Señor, crucificado y resucitado, sea vuestra
fuerza, y que María Santísima esté siempre a vuestro lado".
16. Pienso, por todo
ello, que nuestro trabajo de evangelización y apostolado con jóvenes es una
saludable provocación. Como en cada época, también los jóvenes de hoy quieren
ser ellos mismos, desean afirmar su propia identidad, y buscar razones para
vivir. Si son motivados de modo adecuado, son capaces de vivir con generosidad,
solidaridad y dedicación. Es verdad que, a diferencia del pasado, tienen menos
puntos de referencia y menor sentido de pertenencia. También se puede hablar de
mayor individualismo y que exigen el derecho de construir su vida prescindiendo
de valores y normas comúnmente aceptadas. Son también menos permeables a las
influencias ideológicas que éramos en el pasado, también porque nuestra
sociedad cultiva la duda, la inmadurez que lleva a una prolongación de la
adolescencia y a la falta de compromisos definitivos en el matrimonio, el
sacerdocio y la vida religiosa.
No es necesario
extender la descripción de las características sociológicas de los jóvenes
actuales. Están bien expuestas en el Proyecto Marco de Pastoral de Juventud de
la CEAS. Hay que tenerlas en cuenta, pero no hasta el punto de que nos lleven a
tener miedo de ofrecer a los jóvenes opciones y actitudes que pueden
considerarse que van "contracorriente", pero que son capaces de responder a su
sed espiritual y a la búsqueda del significado de la vida. Eso sería falta de
valentía y no rebelarse ante las propuestas de comportamientos que
"necesariamente" nos imponen hoy desde poder mediático, político o consumista.
17. Me atrevo, pues,
a proponer prioridades pastorales en este curso especial en que estamos de cara
a los jóvenes. Sólo voy a perfilarlas, pues toca a cada comunidad cristiana
precisarlas en su ámbito de actuación.
18. 1ª
prioridad pastoral. En primer lugar, el centro de cada acción
evangelizadora en pastoral juvenil debe ser la persona de Jesucristo. Parece
lógica, pero a veces nos cuesta tenerla clara.
"No nos satisface
ciertamente la ingenua convicción de que haya un fórmula mágica para los grandes
desafíos de nuestro tiempo. No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí
una persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros"! (Juan
Pablo II, NMI, 29), había escrito el Papa Woytila. Idea que recalcó Benedicto
XVI de manera precisa y preciosa: "No se comienza a ser cristiano por una
decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con
una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación
decisiva" (Deus caritas est, n. 1)
19. La misión propia
de los que evangelizan y acompañan a los jóvenes es anunciarles a Jesucristo,
precisamente porque estamos convencidos que "quien deja entrar a Cristo no
pierde nada, absolutamente nada, de lo que lo que hace la vida libre, bella y
grande ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida" (palabras de
Benedicto XVI en la homilía del inicio de su ministerio petrino, abril de 2005).
Y los jóvenes esperan sobre todo esto. No aceptan moralismos ni están dispuestos
a dejarse suministrar píldoras de pseudosabiduría humana o réplicas de los
doctos discursos socio-culturales tan en boga en nuestra sociedad.
Cristo no debe ser
nunca una excusa para hablar a los jóvenes de otra cosa, de cosas que se me
puedan ser más interesantes y atractivas para ellos. En el apostolado con
jóvenes, y también en la pastoral vocacional al sacerdocio, se trata siempre de
ayudar a cada joven a encontrarse con Cristo Redentor. En este campo específico,
las parroquias, los carismas de los movimientos eclesiales y de las nuevas
comunidades han de crear, si ya no los tienen, itinerarios pedagógicos que sin
duda tendrán una extraordinaria fuerza persuasiva. No es tiempo de avergonzarse
del Evangelio (cf. Rom. 1, 16) Es tiempo de predicarlo hasta desde los tejados (cf.
Mt. 10, 27). Y no hay que tener miedo a romper con los estilos de vida
confortables; rutinarios, que impiden encontrarse al joven con Jesucristo
personalmente. Además, ¿hemos pensado que el encuentro personal con Jesús vivo
es la mejor forma de conocer y encontrarse con si Iglesia como realidad vida y
salvadora? Nadie, cristiano o no, se hace bueno solo. La virtud requiere, por
otro lado, para su desarrollo el trabajo de un tipo concreto de comunidad cuyas
prácticas sociales conforman la vida de sus miembros; requiere, pues, la virtud
para su desarrollo y para su sostenimiento una comunidad compuesta por grupos de
amigos empeñados en instruirse unos por los otros para vivir bien. ¿Acaso sería
distinto en la Iglesia, comunidad de Cristo Salvador? Introducirse en una
práctica, es iniciar una relación y, en el caso de la Iglesia, no sólo con los
contemporáneos que la observan, sino también con aquellos cuyos lazos
extendieron el alcance de esa práctica hasta el momento presente. Esta realidad
y su tejido social han sido destruidos en España y Europa por una cultura
egocéntrica, egoísta e individualista.
20. Una cosa es que
Dios obre en nosotros sin nosotros, para darnos la vida resucitada de Jesucristo
y las virtudes morales y teologales, y otro el abandono de la centralidad de las
prácticas de nuestra religión para la formación de la personalidad cristiana de
nuestros jóvenes. Basta ya de romanticismo en la práctica de la fe, como si ésta
no tuviera importancia. En otras palabras, la Iglesia es una comunidad de
tradición mediante cuyas prácticas se desarrollan las virtudes cristianas. Y a
través de su participación regular en la liturgia de la Iglesia, que es el culto
público ritual de la comunidad reunida, los cristianos (también los adolescentes
y jóvenes) entran en esas relaciones que los entrenan y los capacitan para vivir
bien como Cuerpo de Cristo. Se explica de este modo la exhortación que Benedicto
XVI dirige muchas veces a los jóvenes: "¡Amad a nuestras comunidades cristianas,
no tengáis miedo a comprometeros, a vivir juntos la experiencia de fe! Quered
mucho a la Iglesia; ¡os ha dado la fe, os ha permitido conocer a Cristo! Y
quered mucho a vuestro obispo, a vuestro sacerdotes". La Iglesia, que
lógicamente es más que el obispo y los sacerdotes, es siempre concreta y real.
Y, si se entiende bien la expresión, "carnal", no "espiritual".
21. 2ª
prioridad pastoral: ayudar a los jóvenes a descubrir la racionalidad de
la fe y su belleza. Se puede afirmar hoy que es el Papa Ratzinger quien ha
subrayado más la necesidad de un diálogo entre fe y razón como algo fundamental
en la vida del cristiano.
Merece la pena leer
lo que dijo él al respecto a los cristianos de la Diócesis de Roma, reunidos en
un consejo eclesial en 2006. "El deseo de la verdad pertenece a la naturaleza
misma del hombre. Por eso, en la educación de las nuevas generaciones,
ciertamente no puede evitarse la cuestión de la verdad; más aún, debe ocupar un
lugar central. En efecto, al interrogarnos por la verdad ensanchamos el
horizonte de nuestra racionalidad, comenzando a liberar la razón de los límites
demasiado estrechos dentro de los cuales queda confinada cuando se considera
racional sólo lo que puede ser objeto de experimento y cálculo. Es precisamente
aquí donde tiene lugar el encuentro de la razón con la fe (.); el diálogo entre
fe y razón, si se realiza con sinceridad y rigor, brinda la posibilidad de
percibir de modo más eficaz y convincente la racionalidad de la fe en Dios".
22. Muy necesario es
tener en el fondo del corazón esta convicción: Nada hay más hermoso que haber
sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio de Cristo. Nada más bello que
conocerle y comunicar a los otros la amistad con El. En la JMJ Colonia 2005, el
Papa, al preguntarle qué le gustaría transmitir de manera especial a los jóvenes
que estaban llegando, respondió: "¡Me gustaría convencer a estos jóvenes de que
ser cristiano es hermoso!". Pues, eso mismo queremos nosotros: nuestros
muchachos, adolescentes y jóvenes, necesitan vivir la fe como alegría, gustar la
serenidad profunda que brota del encuentro con el Señor. La fuente de la alegría
cristiana es esa certeza de ser amados por Dios.
23. Por ahí va el
Papa cuando habla a los jóvenes. Un tanto alejado de lo que esa modernidad miope
e incapaz de entender la fe en Jesucristo y que describe como fe cristiana o
religión de los que creen: un conjunto de prohibiciones que restringe la
libertad y el deseo de felicidad. El Evangelio, por el contrario, es un programa
totalmente positivo. Más aún, fascinante. El Evangelio nos describe un horizonte
apasionante por el que merece la pena jugarse la vida. En la presentación de lo
que es el Evangelio, el "programa de Cristo" nos jugamos mucho, queridos
hermanos, bien si presentamos con toda su fuerza ilusionante, que no ilusoria,
o, por contrario, nos quedamos en un "deber" o "no deber".
24. He aquí, pues,
el reto fundamental de la pastoral juvenil: la capacidad de revelar a los
jóvenes el rostro de Cristo y su Evangelio, la capacidad de convencerlos de que
vale la pena apostar por Cristo, y de convencerlos de que ser cristiano es
hermoso. Si el joven que se acerca a Cristo -y normalmente esto se hace por la
mediación de lo que formamos la Iglesia-, y pregunta "¿Qué tengo que hacer?"
"¿Cómo puede ser mi vida, de modo que tenga ésta pleno valor y pleno sentido?";
si sigue preguntado: ¿Qué quiere Dios de mí?" "¿Cuál es su voluntad?", no
podemos contestarle con vaguedades, objetivos descoloridos y ambigüedades, con
un "ir tirando". El Papa Benedicto es claro: Estamos llamados a la eternidad.
Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. "Esto os ayudará a dar un
sentido pleno a nuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia".
25. Merece la pena
recordar el horizonte que Benedicto XVI mostraba a los jóvenes en el mensaje
para la XXV JMJ, en febrero de 2010:
"Jesús le recuerda
al joven rico los diez mandamiento, como condición necesaria para "heredar la
vida eterna". Son un punto de vista esencial para vivir en el amor, para
distinguir claramente entre el bien y el mal, y construir un proyecto de vida
sólido y duradero.
Jesús os pregunta
también a vosotros, si conocéis los mandamientos, si os preocupáis de formar
vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.
Es verdad, se trata
de preguntas que van contra corriente respecto a la mentalidad actual que
propone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas, y
que invita a rechazar todo lo que suponga un límite a los deseos momentáneos.
Pero este tipo de propuesta, en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva
a la persona a ser esclava de sí misma, de sus deseos inmediatos, de los ídolos
como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo,
haciéndola incapaz de seguir su innata vocación al amor (.).
Quien vive hoy la
condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la falta de
trabajo, de falta de referentes e ideales ciertos y de perspectivas concretas
para el futuro. A veces se puede tener la sensación de impotencia frente a las
crisis y a las desorientaciones actuales. A pesar de las dificultades, ¡no os
desaniméis, ni renunciéis a vuestros sueños! (.) El futuro está en las manos de
quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza (.)
En mi reciente carta
encíclica -Caritas in veritate- sobre el desarrollo humano integral, he
enumerado algunos grandes retos actuales, que son urgentes y esenciales para la
vida de este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto por la
ecología, la justa distribución de los viene y el control de los mecanismos
financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia
humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del
trabajo humano, el servicio de la cultura de la vida, la construcción de la paz
entre los pueblos, el diálogo interreligioso, el buen uso de los medios de
comunicación social (.)
Son retos a los que
estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son
retos que requiere un proyecto de vida exigente y apasionante, en el que emplear
toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene para cada uno de vosotros.
26. La 3ª
prioridad de pastoral juvenil tiene que ver con la búsqueda del sentido
último de la vida de cada joven. En un plan pastoral para los jóvenes, siempre
hay que conceder una importancia primordial a la concepción de la vida como
vocación. Hace ya muchos años que escribía Juan Pablo II: "En este contexto el
proyecto (de vida) adquiere el significado de 'vocación de vida', como algo que
es confiado al ser humano por Dios como tarea. Una persona joven, al entrar en
sí y a la vez al iniciar el coloquio con Cristo en la oración deseo casi leer
aquel pensamiento eterno que Dios Creador y Padre tiene con ella" (Juan Pablo II,
Carta a los jóvenes, n. 9).
Olvidar esta
perspectiva trae malas consecuencias para una pastoral en clave vocaciones,
también en la pastoral vocacional al sacerdocio ministerial.
27. Vivir la vida
cristiana significa vivirla en la perspectiva de la entrega. Por tanto, debemos
ayudar a los adolescentes y jóvenes a descubrir la dimensión de la vida como un
don que no se debe desperdiciar, sino vivir de manera responsable delante de
Aquél del cual proviene. Se trata de ofrecer a los jóvenes la propuesta de saber
hacer de la existencia un don para los demás, y no ceder a la tentación del
egoísmo y el individualismo exasperado actualmente dictado por la cultura
dominante. Se trata, pues, de dar a los jóvenes la capacidad de tomar decisiones
vocacionales, opciones de vida, sean orientadas al sacerdocio, a la vida
consagrada, o al matrimonio cristiano.
28. Por último, el
último pilar del proyecto pastoral tiene que ver con los responsables de la
pastoral juvenil, esto es, el educador en la fe, sea sacerdote, religioso o
laico. Ha de tener éste un conocimiento profundo de la esencia y de la
importancia de la juventud en la vida de cada persona, y nunca perderla de
vista. No se puede improvisar, aunque el Espíritu Santo nos proporcione caminos
inesperados. Hemos hablado de no aceptar sin más la situación en la que vive una
mayoría de jóvenes, y como deberíamos atrevernos a indicar el "deber ser", el
proyecto de Dios. Pero ello no significa que despreciemos conocer a fondo las
características que tiene hoy un joven. Debemos amar lo que es esencial para la
juventud. Sólo aquéllos que hayan desarrollado esa sensibilidad especial podrán
trabajar con pasión con los jóvenes, sin escatimar esfuerzos, poniendo a
disposición de los jóvenes todas sus energías, buscándolos por todos los medios
posibles, acompañándolos como educadores, y, como amigos, escuchándolos.
29. El conocimiento
del ser de los jóvenes en la labor pastoral debe ir acompañado por el
reconocimiento del deseo de auto-afirmación que todo joven tiene en su interior.
Esto significa caridad pastoral, esperanza, confianza. Porque si no existe una
relación de confianza no se puede establecer una verdadera relación educativa.
El deseo de afirmación, sin embargo, no debe ser entendido como una legitimación
de todo, sin excepciones. Los jóvenes no quieren eso: también están dispuestos a
ser reprendidos, quieren que se les diga si o no y que no se diluyan las
exigencias del Evangelio, adaptándolos a modas pasajeras o ideología antiguas y
nuevas. Nunca se debe tener miedo de anunciar el Evangelio a los jóvenes en toda
su integridad, sin reducciones ambiguas.
30. El Secretariado
de Pastoral Juvenil, con el lema Jóvenes arraigados y edificados en Cristo,
firmes en la fe (Cf. Col. 2, 7), ha elaborado cuatro objetivos concretos y un
proyecto con un área formativa-espiritual. Es un todo que debe tenerse como
referencia para este curso pastoral que culminará con la JMJ Madrid 2011. Es
una tarea ilusionante que contiene convocatorias concretas: Encuentro de
voluntarios jóvenes católicos, peregrinación a Guadalupe, actividades en
arciprestazgos y parroquias con adolescentes, la visita de la Cruz y el Icono de
la Virgen de las JMJ, etc., etc. Los Días de las Diócesis, antes del gran
encuentro mundial del Papa con los jóvenes en Madrid 2011, son sin duda un gran
reto de cuál es nuestra realidad de familias y jóvenes católicos que acojan a
otros jóvenes venidos de todo el mundo.
Conclusión
31. Nuestra
esperanza, y a la vez nuestro reto para este año pastoral es el bien de los
adolescentes y jóvenes cristianos, estén o no alejados de las comunidades
concretas. No nos mueve otro propósito. Conocemos el grado de dificultad que
esto lleva consigo. Yo no olvido el último mensaje que el Concilio Vaticano II
ofreció precisamente a los jóvenes.
Con un enfoque muy
interesante, que ahora recuerdo: el Concilio presenta a la Iglesia como la
verdadera juventud del mundo, como la que "posee lo que hace la fuerza y el
encanto de la juventud; la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse
gratuitamente, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas"
(Mensaje del Concilio Vaticano II a los jóvenes, 18).
32. A todos os
quiero decir, a los jóvenes toledanos también, que Dios marca la diferencia en
la vida de los hombres y mujeres. Así ha sido desde la intimidad serena entre
Dios y la pareja humana en el jardín del Edén, pasando por la gloria divina que
irradiaba en la Tienda del Encuentro en medio del pueblo de Israel durante la
travesía del desierto, hasta la encarnación del Hijo de Dios, que se unió
indisolublemente al hombre en Jesucristo. Este mismo Jesús retoma la travesía
del desierto humano pasando por la muerte para llegar a la resurrección,
llevando consigo toda la humanidad a Dios. Ahora, Jesús no está encerrado en un
espacio y tiempo determinado, sino que su Espíritu, el Espíritu Santo, brota de
Él y entra en nuestros corazones, uniéndonos así a Jesús mismo y, con Él, al
Padre, al Dios uno y Trino.
33. Dios ciertamente
marca la diferencia ¡Cómo no ser, pues, optimistas de cara al trabajo pastoral
con adolescentes y jóvenes en este año de gracia! Esta es la promesa que el
mismo nos hizo: "Ahora hago el universo nuevo" (Ap. 21, 5). "Y es verdad -dice
Benedicto XVI (Encuentro con los jóvenes en el estadio "Dos Coqueiros" en
Luanda, Angola, 21 mayo 2008-: El que es de Cristo es una criatura nueva: lo
antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio
de Cristo nos reconcilió consigo" (2Cor 5, 17-18).
Al subir al cielo y
entrar en la eternidad, Jesucristo ha sido constituido Señor de todos los
tiempos. También del nuestro. El se hace, de este modo nuestro compañero en el
presente y lleva el libro de nuestros días en su mano, como describe el
Apocalipsis. Es el libro del misterio Salvador de Dios, que asegura firmemente
el pasado, con el origen y los fundamentos de nuestro ser; pero en esa mano de
Jesucristo, El custodia con esmero el futuro, dejándonos vislumbrar el alba más
bella de toda nuestra vida que de El irradia, es decir, la resurrección en Dios.
34. Rezando por este
programa pastoral del curso 2010-2011, y volviendo nuestros ojos a la que
tenemos ante nuestros ojos, a María, que acompaña a Cristo en el comienzo de su
misión entre los hombres y mujeres, para que Ella interceda por nosotros al
Padre y a su Hijo, os recuerdo a todos y os bendigo como Pastor.
Toledo, 8 de
septiembre.
En la fiesta de la
Natividad de María, la Virgen, que entre nosotros se celebra con devoción y amor
como madre de Guadalupe y del Prado.
X
Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de
Toledo
Primado de España