Año 2010

 

LA PUERTA ABIERTA

 

Escrito dominical, 31 de octubre

 

Hay que reconocerlo: el Oriente Próximo nos queda algo lejos. Como decía alguien, un poco más allá del pago de la hipoteca, del viaje de fin de semana y de lo que echan en la tele esta noche. Por eso los cristianos del Medio Oriente apenas tienen un rostro para nosotros. Sin embargo, si la Iglesia no hace algo, Cristo será un desconocido o un personaje histórico confuso y lejano, un desconocido en su tierra en definitiva. De hecho los católicos en Tierra Santa, por ejemplo, y en las regiones vecinas, allí donde nació el cristianismo, no son más que el 1,6% de la población.

Pero los cristianos orientales sí están haciendo algo: desde hace muchos siglos, aunque sobre todo desde la segunda guerra mundial, mantienen el testimonio de la fe cristiana en medio de una mayoría, en ocasiones aplastante, de musulmanes y judíos en toda esa zona del mundo que llamamos Oriente Próximo o Medio Oriente. Y eso que su futuro corre serio peligro, pues el fundamentalismo radical islámico está logrando expulsarlos de tierras en las que viven desde hace dos mil años, siglos antes del nacimiento del Islam. El caso más clamoroso ha sido el éxodo de cristianos que ha vivido en estos últimos años Irak, como me decía con amargura el obispo católico caldeo de Alepo (Siria), a donde se habían refugiado para salir hacia Europa o América del Norte.

También está haciendo algo Benedicto XVI, convocando un Sínodo de Oriente Medio, cuyo tema es La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio, que acabó el domingo 24 de octubre. Conoceremos más adelante conclusiones y asuntos del trabajo sinodal, pero el Papa en la homilía de su inauguración expuso con claridad lo que quiere conseguir el Sínodo: «En esos países, por desgracia marcados por profundas divisiones y heridos por largos conflictos, la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento de unidad y reconciliación, sobre el modelo de la primera comunidad de Jerusalén». Tarea difícil, pues estos cristianos, como he dicho, soportan condiciones de vida duras, tanto a nivel personal como familiar y de comunidad. ¿Cómo no desanimarse y optar por irse de Oriente Próximo a lugares más seguros?

El Papa les invita a no desanimarse. Nosotros, ¿qué hacemos? Casi nada: algunos viajamos a Tierra Santa y casi no nos damos cuenta de que existen. Benedicto XVI les dice: «Los primeros cristianos, en Jerusalén, eran pocos. Nadie habría podido imaginarse lo que ocurrió después». Son palabras esperanzadoras porque el Papa recuerda que «la salvación es universal, pero pasa a través de una mediación determinada: la del pueblo de Israel, que se convierte luego en la de Jesucristo y la Iglesia. La puerta de la vida está abierta para todos pero, justamente, es una puerta, es decir, un pasaje definitivo y necesario». Con lo cual está diciendo el Santo Padre que el Señor ha querido realizar la salvación de este modo plenamente humano, «por los hombres y en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en los que ellos viven y que Él mismo ha dado: de dichas coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que llamamos Oriente Medio». Es la puerta que Dios mantiene abierta, siguiendo este Sínodo tan especial, que se centra en la comunión y el testimonio: la clave que abre la puerta.

Cambiadas las cosas que haya que cambiar, la difícil situación de los cristianos en Medio Oriente se asemeja a la que soportamos en el caso del aborto, con la legislación tan negativa para la vida naciente. También nosotros debemos mantener el testimonio de defender el valor de la dignidad del ser humano desde su concepción, pese a declaraciones (¿aclaraciones?) tan desafortunadas y empecinadas de la hasta hace unos días ministra de Igualdad que mantiene que un aborto no supone la eliminación de un ser humano, ya que, en su desinformación, que el cigoto sea o no un ser humano «es fruto de una simple opinión o de una creencia filosófica o moral sobre la que no existe una evidencia científica». Asusta, la verdad.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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