Año 2010

 

IMPRESIONES

 

Escrito dominical, 7 de noviembre

Como Obispo de la Iglesia Católica visito muchas comunidades, grupos, asociaciones católicas; también son posibles relaciones con otras realidades de nuestra sociedad toledana o española. Creo que ciertamente tengo oportunidad de pulsar la situación que vive nuestro pueblo, sus problemas, sus alegrías, lo que les mueve o lo que les inhibe. Y no me refiero únicamente a los temas que la gente llama «religiosos», que nada tuvieran que ver con la vida real. No quiero caer en ese dualismo que existe en nuestra sociedad que pone en compartimentos estanco los distintos aspectos de la vida de los hombres y mujeres y es incapaz de llegar a la totalidad de la persona humana. Algo que les pasa también a muchísimos católicos: la fe o el culto por un lado, y la vida, el trabajo, la relación con los demás, los negocios y el ocio y su vida pública por otro.

El encuentro con Cristo unifica nuestra vida y su Espíritu nos da capacidad para unificar nuestra existencia y nuestro quehacer personal y nuestra actuación pública; podemos tener fallos y pecados, pero no queremos llevar doble vida y separar ésta de la fe que el Señor nos da. Digo todo esto, porque es lo que trato de persuadir a tantos católicos con los que me encuentro. Y una ocasión privilegiada es el encuentro en la Visita Pastoral que ahora en este mes de noviembre y parte del pasado octubre estamos realizando arzobispo y obispo auxiliar al arciprestazgo de Quintanar de la Orden (parroquias de El Toboso, Miguel Esteban, Puebla de Almoradiel, Quintanar, Corral de Almaguer, Cabezamesada y Villanueva de Alcardete).

Sin duda que tenemos actos «religiosos», momentos donde tratamos temas de catequesis, formación cristiana, de liturgia, de enseñanza de la fe, etc. Es evidente; pero son días también de encuentros informales, conversaciones sobre muchos temas que son las preocupaciones de las personas, de los padres con sus hijos, de los chicos con sus padres, de lo que sucede en este o aquel pueblo, de cómo está la agricultura o cómo ha ido la vendimia, de la preocupación por el futuro; pero igualmente de cómo se vive el fin de semana y las fiestas entre los jóvenes o lo que obstaculizan ciertos ambientes la transmisión de la fe, que da sentido y alegría a la fe. Son contactos en encuentros programados, sí, pero no tanto, pues, gracias a Dios, hay muchos católicos que se expresan con su obispo con espontaneidad.

Me comentaba un señor en uno de nuestros pueblos: «Hemos debido dejarnos mucha fe para nosotros, pues a la hora de transmitirla los mayores a los más pequeños, a nuestros hijos o a la generación siguiente, no hemos conseguido que tengan con mucha». Expresaba con cierto pesar que hemos arriesgado poco en la transmisión de la fe o que no nos hemos tomado muy en serio lo que es tan importante para la vida humana. Sin embargo, yo he de reconocer que hay muchas realidades cristianas en nuestras parroquias que sólo han sido posibles gracias al esfuerzo de tantas personas que, de modo oculto, han puesto su vida y su esfuerzo por amor de Dios.

Agradezco mucho la posibilidad que me brinda la Visita Pastoral a las distintas parroquias de ayudar con mi ministerio a la fe de nuestro pueblo, de las personas que esperan que el obispo les ayude y fortalezca. Eso sólo lo puedo hacer con el Espíritu Santo; sería imposible con mis solas fuerzas o habilidades. Por eso confío en vuestra oración y cercanía. También en el trabajo callado de tantos sacerdotes, religiosos y fieles laicos que ofrecen sus vidas para que el Evangelio sea conocido y Cristo siga en su Iglesia ofreciendo toda novedad, algo que ocurre desde que hace veinte siglos se trajo a Sí mismo

 

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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