Año 2010

 

ESPERA, VENIDA, NACIMIENTO

 

Escrito dominical, 19 de diciembre

"Os anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento; esta otra, en cambio, llevará, la diadema del reino divino». Así comienza una catequesis de san Cirilo de Jerusalén en el siglo IV. «No pensamos, pues, –continúa– tan sólo en la venida pasada; esperamos también la futura. Y, habiendo proclamado en la primera: Bendito el que viene en nombre del Señor, diremos eso mismo en la segunda; y, saliendo al encuentro del Señor con los ángeles, aclamaremos, adorándolo: Bendito el que viene en nombre del Señor».

La Iglesia celebra, así, cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. Y nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en tiempos del Salvador, sino que su eficacia continúa, y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la fe y los sacramentos –la Eucaristía y la Penitencia con la confesión de los pecados–, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos. Por ello la Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar en nosotros con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.

Lo decimos mejor con san Bernardo en su homilía quinta en el Adviento del Señor: «Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua Él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron. La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan (…). Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en esta, en nuestro descanso y nuestro consuelo».

Es muy distinto celebrar de este modo la Navidad a celebrarla únicamente como una fiesta más o, por supuesto, a celebrarla como fiestas de invierno o pensando en Papá Noel. ¿Quién será ese personaje, capaz de eclipsar en tantos hogares a Cristo que nace? Es preciso que cambiemos nuestro sentir y actuar en Navidad. Nadie duda de que estas fiestas tienen que ser unos días alegres, una fiesta familiar, pero debemos ir más allá. Es una oportunidad para, en encuentro con Cristo en la oración, en la Eucaristía y en el sacramento de la Reconciliación, darnos nuevos motivos para renovarnos, para crecer en motivación, para tener una nueva actitud en una amor más grande al Señor y a los demás, los que nos rodean y cuantos necesiten de nosotros.

En esta sentido, la Navidad es muy seria, esto es, es oportunidad que se va si no la aprovechamos, si no nos ayuda a ser mejores personas, capaces de perdonar y de ser perdonados, capaces de vivir la paz y la justicia, capaces de salir de nosotros mismos para encontrarnos con los demás, capaces de ver lo sencillo y lo humilde, capaces de jugar con nuestros niños y aprender de ellos la admiración y la ilusión. De lo contrario, la Navidad cansa y puede hastiar. Lo cual es una pena y una responsabilidad. Yo deseo que no sea así; también pido al Señor por todos vosotros, deseándoos una Santa y Feliz Navidad.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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