Año 2010

 

FAMILIA Y VIDA

 

Escrito dominical, 26 de diciembre

Navidad nos recuerda siempre el inaudito gesto de amor de Dios que nos da su Hijo uni-génito, hecho carne de niño pequeño de María Virgen, nacido en Belén de Judá. Pero el nacimiento de Jesucristo fue en una familia concreta: la que formaron José y María, desposados ya sin vivir juntos. A su esposa, José quiso recibirla en su casa, una vez que conoció que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. Familia y vida están, así, íntimamente unidas.

¿Qué le pasa a nuestra sociedad española que insensatamente no defiende la familia ni invierte con generosidad los medios necesarios de cara al futuro, preocupándose de darle las bases éticas necesarias? ¿Existe alguna otra institución humana mejor para suscitar, por ejemplo, el sentido duradero de la solidaridad necesario para la armonía social en tiempos de crisis? ¿O para la educación de los jóvenes que formarán más tarde una familia? ¿Acaso para la emergencia educativa que estamos atravesando hay mejor remedio, ahora que hemos conocido el informe PISA acerca de la situación de la educación escolar?

¿Por qué, en lugar de una familia que es célula básica de la sociedad, que cumple su misión cuando es fomentada y promovida por los poderes públicos como primer lugar de aprendizaje de la vida en sociedad, nos llenan con algo tan destructor como es la ideología de género, o nos proponen un modelo de educación sexual que necesariamente rompe la armonía familiar? Miren ustedes los terribles casos de muertes de mujeres por violencia machista: en la inmensa mayoría de ellos estamos ante parejas rotas, separadas o a punto de hacerlo. ¿De qué sirven leyes de alejamientos, juzgados especiales, si no se ataja la violencia en sus raíces: la falta de verdadero amor que da una educación sexual que hace salir de sí a hombres y mujeres para buscar el bien del otro y no la mera satisfacción de una actividad sexual que no pasa del nivel de la pura genita-lidad de «hacer el amor»? Estoy convencido que nuestro medio ambiente, nuestra sociedad en definitiva, que pretende liberar la sexualidad, es en realidad antisexual.

Quiero felicitar a la verdadera familia, que lucha cada día por ser familia, pese a tantas dificultades. Pero, en la fiesta de la Sagrada Familia, quiero expresar mi felicitación con mayor intensidad a las familias cristianas. Sé que, tantas veces sin ayuda suficiente, estáis facilitando eficazmente armonía y cohesión social a nuestro mundo; nadie está trabajando como vosotros por el bien común. Y eso que muchas veces sois denigrados con el epíteto «familia tradicional», de la que nada se puede esperar, porque os consideran antiguos, pasados de moda. Conozco que muchos de vosotros, matrimonios cristianos, si queréis tener más hijos de lo que estipula la cultura dominante, se os mira con desdén, incluso con pena o acusándoos de desfasados.

Cuando lucháis contracorriente no aceptando para vuestros hijos que el Estado o el gobierno de turno quiera educarlos según sus criterios, que no tienen que ser los buenos, en Educación para la ciudadanía, por ejemplo; cuando sois discriminados como familia numerosa; cuando protestáis por esa cultura que os arrebata a vuestros hijos, que no quieren ser ya «distintos»; cuando sufrís por la dificultad en la educación de vuestros hijos, por el tipo de educación sexual que quieren imponernos; cuando esto sucede y resistís, sois bienaventurados. Lo sois también cuando sufrís por el futuro incierto de vuestros hijos en busca del primer trabajo, pero igualmente cuando os unís con otras familias y buscáis nuevos caminos y vencéis a un pensamiento único, unos medios hostiles. María y José, con Jesús, el recién nacido estén cerca, muy cerca de vosotros, y de las familias que sufren la lacra del paro o la enfermedad. Pido al Señor por vosotros.

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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