Año 2012

SOLEMNIDAD DE SAN ILDEFONSO

PATRÓN DE TOLEDO

 

Homilía pronunciada en Santa Iglesia Catedral Primada, el 23 de enero

 

Esta Iglesia de Toledo, que peregrina con Santa María hacia el encuentro con el Dios vivo y verdadero, celebra hoy al santo Arzobispo Ildefonso, Patrono de la Archidiócesis. Celebración gozosa, que convoca en esta Iglesia mayor toledana a la Eucaristía en Rito Hispano-Mozárabe, que es parte importante de la vivencia del misterio cristiano de la Liturgia en esta comunidad diocesana. Felicidades, hermanos todos, en este día. Os pido a todos un esfuerzo misionero por evangelizar, bajo la mirada atenta de Santa María, Madre del Señor, que nos cubre con su manto, como se acercó a san Ildefonso como muestra de predilección y de su defensa de la Virginidad de la Madre de Dios.

En la Eucaristía, en su celebración, Cristo está en medio de nosotros, la celebremos en Rito Romano, de forma ordinaria o extraordinaria, o en Rito Hispano-Mozárabe. Ese núcleo de la fe es lo importante. Sin Cristo, que realiza “acción de gracias” al Padre, al hacer memoria de la obra de su salvación, renovando su sacrificio y anunciando su resurrección y vida nueva, nuestras ceremonias no son nada y están desprovistas de sentido. Pero nosotros sabemos que celebrar la Eucaristía que nos dejó el Señor es fundamento de nuestra vida.La Liturgia Hispano-Mozárabe es muy expresiva y nos conmueve su espíritu y su profunda espiritualidad. Así nos dirigimos en esta Eucaristía, reconociendo que Jesús vino a salvar a los pecadores y no a perderlos; acudimos, pues, a la omnipotencia divina para que por los méritos de san Ildefonso nos limpie Dios de todo delito; él es abogado nuestro ante Dios.

El que recita la oración por la paz, ruega confiadamente que a los que aflige la carencia de alimentos, veja la tribulación, abruman las enfermedades, a los que están pasando tormentos, o cargados de deudas y sometidos a cualquier tristeza, a todos, los libre la indulgente piedad del Señor. Es una hermosa oración, muy adecuada para los momentos complejos que vivimos. Porque esa situación nos puede atenazar por miedo. Los cristianos no podemos caer en ese miedo. Sí, el momento actual está marcado lamentablemente por un profundo malestar y por diversas crisis: económicas, políticas y sociales, que son su expresión dramática, que golpea no sólo a las familias y empresas en los países económicamente más avanzados, en los que ha tenido su origen, pero que golpea también profundamente la vida de los países en vías de desarrollo. «No nos debemos desanimar –decía el Santo Padre en su discurso al Cuerpo Diplomático, el 9 de enero 2012– sino reemprender con decisión nuestro camino, con nuevas formas de compromiso. La crisis puede y debe ser un acicate para reflexionar sobre la existencia humana y la importancia de su dimensión ética…»

San Ildefonso tiene que ayudarnos ante Jesucristo para que nosotros confiemos en la ayuda de la fe y en las posibilidades que siempre se abren ante nosotros, si nos abrimos al Evangelio y a su fuerza liberadora; también si anunciamos a Cristo y su Evangelio a quienes no lo conocen; e igualmente si profundizamos en la gracia de nuestra iniciación cristiana. Tal vez habíamos pensado –y lo seguimos pensando- que sólo nos salvan las cosas, como si ellas nos dieran la felicidad. ¿Es esto así?; ¿y no hay más, hermanos? Sabemos que necesitamos de las cosas temporales, pero sin olvidar las eternas. Quisiéramos que la economía fuera mejor, pero ¿no es ocasión de conseguir otras disposiciones del corazón que no nos alejen de Dios y del amor al prójimo, o del bien común, la justicia y las cosas sanas y buenas que tiene la vida?

«Acepta también, Señor, –continúa la oración para la paz– las ofrendas de tus fieles y sana los padecimientos de todos los enfermos; así, siendo tú nuestro médico, reciban la plenitud de la salud, y ya curados, obedezcan siempre tus mandatos». Esto es, no nos alejemos del que da sentido eterno a nuestra vida; por intercesión de san Ildefonso, pedimos al Señor que nos alivie cuando enmendamos nuestras costumbres, y nos reconforte su misericordia cada día.

Jesucristo hizo confesor a san Ildefonso, y éste no se vio defraudado en la esperanza que manifestaba en sus ruegos por su pueblo toledano, pues veía a Cristo en el cielo, al que confesaba en la tierra con el corazón y los labios. Necesitamos que no nos sintamos abandonados cuando nos golpean los acontecimientos de la vida; que no nos dobleguemos bajo las dificultades, ni nuestras flaquezas nos desarmen.

Este Arzobispo de Toledo fue muy útil a su pueblo, por su doctrina, pero más por sus ejemplos y su amor confiado a la Madre de Dios, Santa María. Con él acudamos a María con toda confianza: "A ti acudo ahora, Virgen única, Madre de Dios; a tus pies me arrodillo, cooperadora única de la Encarnación de mi Dios (…) Haz que ame la gloria de tu virginidad; revélame la dulzura de tu Hijo; dame la gracia de hablar con toda sinceridad de la fe de tu Hijo, y de saber defenderla (…) que conozca a Jesús, por el mismo Espíritu que a ti te hizo conocer y concebir a Jesús; que hable yo de Jesús, por el mismo Espíritu por el cual tú te declaraste sierva del Señor; que ame a Jesús, por el mismo Espíritu por medio del cual tú le adoras como tu Señor y le amas como Hijo tuyo; que obedezca, finalmente, a Jesús con la misma sinceridad con que Él, siendo Dios, te obedeció a ti y a José"... ¿No os parece una buena oración para disponernos al Año de la Fe que el Santo Padre ha convocado? Dios nos conceda su gracia, hermanos.

 

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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