Saludos
iniciales a los asistentes
Comienzo mis palabras agradeciendo profundamente al Excmo. Sr. D. Manuel
Gutiérrez Sánchez-Caro, Presidente de la Audiencia Provincial de Toledo,
su generosa y competente disertación, prueba palpable de la cordial
sintonía y colaboración por el bien común de los ciudadanos, que debe
existir entre sede civil y sede eclesiástica; muchísimas gracias, estimado
D. Manuel. Siempre abogaremos por fomentar nuestras mutuas relaciones y
procuramos no escatimar esfuerzos para que así lo sea en pro de la
dignidad y la libertad de las personas.
1. En camino para un nuevo Plan Pastoral
Nuestra Archidiócesis de Toledo se encuentra inmersa en una detenida y
profunda reflexión sobre la situación pastoral en la que nos encontramos y
así, partiendo de las aportaciones que los diferentes agentes de pastoral
están haciéndonos llegar en estos meses del curso pastoral, poder elaborar
un nuevo Plan Pastoral que responda a la secularización interna que está
viviendo la Iglesia, para lograr convertirnos en testigos más convincentes
del Reino de Dios. En este sentido, queremos que el nuevo Plan Pastoral dé
un nuevo y renovado impulso de evangelización para las familias y desde
las familias, inspirándonos en el proceso de la Iniciación Cristiana, y
asumiendo la pastoral familiar como “dimensión esencial de toda
evangelización” en una doble orientación: hacia dentro, buscando la
renovación interna, y hacia fuera, cuidando la atención a los alejados.
En efecto, desde el clásico esquema «ver, juzgar y actuar», la Iglesia que
peregrina en Toledo quiere ser sensible a los múltiples y agobiantes
problemas que actualmente tienen que afrontar la familia: la crisis
económica, la educación de los hijos, el bien de los esposos, el
crecimiento de la comunidad de vida y amor propia del matrimonio, etc.
Somos conscientes de la crisis moral y ética que subyace en todas éstas
situaciones, y sabemos que son los propios esposos los que deben dar una
respuesta razonable y coherente con los compromisos adquiridos en su
matrimonio, si realmente quieren construir un mundo digno y esperanzador
para las generaciones futuras. Somos conscientes que muchos de estos
problemas deben ser resueltos y madurados en el período del noviazgo. No
en vano los Obispos españoles han expresado en múltiples ocasiones su gran
preocupación por la preparación al matrimonio en los jóvenes.
2. La familia cristiana, sujeto de nuestros esfuerzos pastorales
En el Directorio de la Iniciación Cristiana, que entrará en vigor el
próximo 8 de abril de 2012, se afirma que “el seno de la familia es el
primer lugar natural para la preparación de los sacramentos. En efecto, en
virtud de la gracia sacramental que brota del matrimonio, el deber
educativo de la familia cristiana recibe la dignidad y la llamada a ser un
verdadero y propio “ministerio” de la Iglesia, por el que se transmite e
irradia el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se
hace itinerario de fe y, en cierto modo, Iniciación Cristiana y escuela de
los seguidores de Cristo. De ahí la importancia de seguir impulsando en
las parroquias y en toda la diócesis una pastoral familiar que ayude a los
matrimonios y a las familias a realizar su vocación propia y asumir la
tarea de educar en la fe a sus hijos” (Directorio IC, n. 12).
En efecto, si queremos que nuestras familias sean un verdadero lugar
natural y auténtico hogar para la fe tenemos que remontarnos al inicio de
esa fe y a su itinerario vital. Las familias del «mañana» son los hijos de
«hoy». Por eso, la Iniciación Cristiana, en sus diferentes itinerarios
para los niños y para los adultos, llevada a cabo a través del
catecumenado, constituye un precioso instrumento que sin duda alguna
invierte en el futuro de la sociedad y de la Iglesia, haciendo que la
levadura haga germinar la masa de la nueva civilización sobre los pilares
del amor, la justicia y la libertad de los ciudadanos.
La tarea pastoral familiar es más que nunca necesaria y urgente. En ello
nos va el legado que dejaremos a las futuras generaciones y el juicio que
de nosotros hagan nuestros hijos y nuestros nietos. ¡Qué mejor podrían
ellos decir de nosotros el día de mañana si son conscientes de que el
mundo que han heredado es más justo y más digno porque sus padres así se
lo transmitieron y, desde la fe, así lo vivieron hasta incluso derramar su
sangre!
3. La preparación al matrimonio: un catecumenado del amor
Ahora bien, como he insinuado antes, la siembra hay que hacerla ahora, en
los hijos, en los jóvenes, en los que se preparan al matrimonio más
concretamente. En efecto, si tenemos que abordar con valentía la manera de
«hacer cristianos hoy», más aún tenemos que comprometernos en «hacer
matrimonios hoy», siendo conscientes que el período del noviazgo
constituye un tiempo privilegiado para conocer, profundizar y crecer en
las capacidades psico-afectivas y en el amor propio de la vida conyugal,
viviendo ya el entrenamiento que exige todo “noviciado” (noviazgo) cuando
se quiere entregar la vida completa por otra persona.
Los Obispos españoles han manifestado en varias ocasiones su honda
preocupación por la preparación de los jóvenes al matrimonio y, más
concretamente, por el tiempo que éstos dedican al período prematrimonial o
noviazgo. No en vano, en el Directorio de la Pastoral Familiar de la
Iglesia en España (LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal
Española, 21 de noviembre de 2003), los Obispos españoles aconsejan en
repetidas ocasiones la rica experiencia del catecumenado de adultos, e
incluso de un propio catecumenado prematrimonial, para los que van recibir
el sacramento del Matrimonio. Advirtamos que no se refiere exclusivamente
a la preparación próxima al matrimonio a la que aluden los cánones 1063 y
1064, sino que dicha preparación debe comenzar en la adolescencia y en el
propio seno familiar. Por ello, invitan vivamente a que las familias, bien
por sí mismas o mediante grupos familiares, acometan esta formación para
los hijos desde las más tempranas edades. Nos dice el Directorio que “se
trata de programar a modo de catecumenado un «itinerario de fe» en el que,
de manera gradual y progresiva, se acompañará a los que se preparan para
el matrimonio. En ningún caso se pueden reducir a la transmisión de unas
verdades, sino que debe consistir en una verdadera formación integral de
las personas en un crecimiento humano, que comprende la maduración en las
virtudes humanas, en la fe, la oración, la vida litúrgica, el compromiso
eclesial y social, etc.” (n. 109).
Quisiera recordar en este momento algunas frases del Discurso que el papa
Benedicto XVI dirigió a los miembros del Tribunal de la Rota Romana en el
mes de enero del pasado año. En él, el Santo Padre insistió repetidamente
en la actividad pastoral de preparación y admisión al matrimonio y su
relación con los procesos judiciales matrimoniales. El Papa nos advirtió
que, en muchas ocasiones, los temas canónicos que se imparten en los
cursillos de preparación “ocupan un lugar muy modesto, cuando no
insignificante, puesto que se tiende a pensar que los futuros esposos
tienen muy poco interés en problemáticas reservadas a los especialistas”,
cosa que se deduce si se considera que el examen previo de los esposos,
las publicaciones matrimoniales y los demás medios oportunos utilizados
para las necesarias investigaciones prematrimoniales “constituyen trámites
de naturaleza exclusivamente formal”. Como bien dice el Santo Padre, en
todo ello se esconde una profunda equivocación muy actual consistente en
distinguir y separar el “matrimonio de la vida” y el matrimonio “del
derecho”, cuando en realidad “no hay más que uno solo matrimonio”. Por
ello, contraer matrimonio presupone que “se pueda y se quiera celebrarlo
de verdad y, por tanto, en la verdad de su esencia tal como la enseña la
Iglesia”; de ahí la importancia y la urgencia del máximo cuidado que
debemos prestar a la pastoral de formación de los novios en la que se
pueda verificar de la mejor manera posible las convicciones de los esposos
sobre los compromisos que van adquirir al contraer nupcias. Como afirma la
Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, «El bien que la Iglesia y
toda la sociedad esperan del matrimonio, y de la familia fundada en él, es
demasiado grande como para no ocuparse a fondo de este ámbito pastoral
específico. Matrimonio y familia son instituciones que deben ser
promovidas y protegidas de cualquier equívoco posible sobre su auténtica
verdad, porque el daño que se les hace provoca de hecho una herida a la
convivencia humana como tal» (Sacramentum caritatis, 22 de febrero de
2007, n. 29: AAS 99 [2007] 130).
¡Qué mejor podemos ofrecer a aquellos jóvenes, que desean contraer
matrimonio, un período de profundización en sus compromisos bautismales,
como puede ser un catecumenado específico, que les haga ser conscientes
del auténtico amor conyugal cuyo fundamento se encuentra unido a una vida
sacramental vigorosa, garantía de un «matrimonio, sacramento de la Nueva
Alianza», uno e indisoluble, ordenado al bien de los cónyuges y a la
procreación y educación de la prole (c. 1055)!
En este sentido, esperamos con ilusión el resultado que nos ofrecerá la
amplia encuesta que la Delegación diocesana de Familia y Vida ha dirigido
a los monitores de los cursillos prematrimoniales. Estoy seguro que sus
reflexiones y aportaciones renovarán profundamente el proceso y los
contenidos de la preparación de los jóvenes al matrimonio. Esto nos llena
de esperanza y supone un acicate más para involucrarnos con más empeño en
este amplio sector de la pastoral matrimonial. Supone además una respuesta
idónea, coherente e incluso jurídico-canónica a lo que el Santo Padre nos
propuso en el Discurso que anteriormente hemos citado.
4. Conclusión
Distinguidos oyentes: estamos convencidos de que toda nuestra energía y
nuestro esfuerzo deben ir encaminados en esta hora de la Iglesia, a cuidar
con mimo y esmero la preparación de los jóvenes para el amor conyugal y
para la consagración religiosa, dos aspectos del amor esponsal que toda
persona, iluminada por la gracia del Espíritu Santo, descubre inscrita en
lo más profundo de su ser como hijo de Dios. Muchas gracias.
DECLARO INAUGURADO EL AÑO JUDICIAL 2012
DE NUESTRA VICARÍA JUDICIAL METROPOLITANA DE TOLEDO
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Braulio Rodríguez Plaza