Año 2012

SALUDO EN LA APERTURA DEL AÑO JUDICIAL

DEL ARZOBISPADO DE TOLEDO

 

Pronunciado en el Salón de Concilios del Arzobispado de Toledo, el 26 de enero

 

 

Saludos iniciales a los asistentes

Comienzo mis palabras agradeciendo profundamente al Excmo. Sr. D. Manuel Gutiérrez Sánchez-Caro, Presidente de la Audiencia Provincial de Toledo, su generosa y competente disertación, prueba palpable de la cordial sintonía y colaboración por el bien común de los ciudadanos, que debe existir entre sede civil y sede eclesiástica; muchísimas gracias, estimado D. Manuel. Siempre abogaremos por fomentar nuestras mutuas relaciones y procuramos no escatimar esfuerzos para que así lo sea en pro de la dignidad y la libertad de las personas.

1. En camino para un nuevo Plan Pastoral

Nuestra Archidiócesis de Toledo se encuentra inmersa en una detenida y profunda reflexión sobre la situación pastoral en la que nos encontramos y así, partiendo de las aportaciones que los diferentes agentes de pastoral están haciéndonos llegar en estos meses del curso pastoral, poder elaborar un nuevo Plan Pastoral que responda a la secularización interna que está viviendo la Iglesia, para lograr convertirnos en testigos más convincentes del Reino de Dios. En este sentido, queremos que el nuevo Plan Pastoral dé un nuevo y renovado impulso de evangelización para las familias y desde las familias, inspirándonos en el proceso de la Iniciación Cristiana, y asumiendo la pastoral familiar como “dimensión esencial de toda evangelización” en una doble orientación: hacia dentro, buscando la renovación interna, y hacia fuera, cuidando la atención a los alejados.

En efecto, desde el clásico esquema «ver, juzgar y actuar», la Iglesia que peregrina en Toledo quiere ser sensible a los múltiples y agobiantes problemas que actualmente tienen que afrontar la familia: la crisis económica, la educación de los hijos, el bien de los esposos, el crecimiento de la comunidad de vida y amor propia del matrimonio, etc. Somos conscientes de la crisis moral y ética que subyace en todas éstas situaciones, y sabemos que son los propios esposos los que deben dar una respuesta razonable y coherente con los compromisos adquiridos en su matrimonio, si realmente quieren construir un mundo digno y esperanzador para las generaciones futuras. Somos conscientes que muchos de estos problemas deben ser resueltos y madurados en el período del noviazgo. No en vano los Obispos españoles han expresado en múltiples ocasiones su gran preocupación por la preparación al matrimonio en los jóvenes.


2. La familia cristiana, sujeto de nuestros esfuerzos pastorales

En el Directorio de la Iniciación Cristiana, que entrará en vigor el próximo 8 de abril de 2012, se afirma que “el seno de la familia es el primer lugar natural para la preparación de los sacramentos. En efecto, en virtud de la gracia sacramental que brota del matrimonio, el deber educativo de la familia cristiana recibe la dignidad y la llamada a ser un verdadero y propio “ministerio” de la Iglesia, por el que se transmite e irradia el Evangelio, hasta el punto de que la misma vida de familia se hace itinerario de fe y, en cierto modo, Iniciación Cristiana y escuela de los seguidores de Cristo. De ahí la importancia de seguir impulsando en las parroquias y en toda la diócesis una pastoral familiar que ayude a los matrimonios y a las familias a realizar su vocación propia y asumir la tarea de educar en la fe a sus hijos” (Directorio IC, n. 12).

En efecto, si queremos que nuestras familias sean un verdadero lugar natural y auténtico hogar para la fe tenemos que remontarnos al inicio de esa fe y a su itinerario vital. Las familias del «mañana» son los hijos de «hoy». Por eso, la Iniciación Cristiana, en sus diferentes itinerarios para los niños y para los adultos, llevada a cabo a través del catecumenado, constituye un precioso instrumento que sin duda alguna invierte en el futuro de la sociedad y de la Iglesia, haciendo que la levadura haga germinar la masa de la nueva civilización sobre los pilares del amor, la justicia y la libertad de los ciudadanos.

La tarea pastoral familiar es más que nunca necesaria y urgente. En ello nos va el legado que dejaremos a las futuras generaciones y el juicio que de nosotros hagan nuestros hijos y nuestros nietos. ¡Qué mejor podrían ellos decir de nosotros el día de mañana si son conscientes de que el mundo que han heredado es más justo y más digno porque sus padres así se lo transmitieron y, desde la fe, así lo vivieron hasta incluso derramar su sangre!

3. La preparación al matrimonio: un catecumenado del amor

Ahora bien, como he insinuado antes, la siembra hay que hacerla ahora, en los hijos, en los jóvenes, en los que se preparan al matrimonio más concretamente. En efecto, si tenemos que abordar con valentía la manera de «hacer cristianos hoy», más aún tenemos que comprometernos en «hacer matrimonios hoy», siendo conscientes que el período del noviazgo constituye un tiempo privilegiado para conocer, profundizar y crecer en las capacidades psico-afectivas y en el amor propio de la vida conyugal, viviendo ya el entrenamiento que exige todo “noviciado” (noviazgo) cuando se quiere entregar la vida completa por otra persona.

Los Obispos españoles han manifestado en varias ocasiones su honda preocupación por la preparación de los jóvenes al matrimonio y, más concretamente, por el tiempo que éstos dedican al período prematrimonial o noviazgo. No en vano, en el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España (LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, 21 de noviembre de 2003), los Obispos españoles aconsejan en repetidas ocasiones la rica experiencia del catecumenado de adultos, e incluso de un propio catecumenado prematrimonial, para los que van recibir el sacramento del Matrimonio. Advirtamos que no se refiere exclusivamente a la preparación próxima al matrimonio a la que aluden los cánones 1063 y 1064, sino que dicha preparación debe comenzar en la adolescencia y en el propio seno familiar. Por ello, invitan vivamente a que las familias, bien por sí mismas o mediante grupos familiares, acometan esta formación para los hijos desde las más tempranas edades. Nos dice el Directorio que “se trata de programar a modo de catecumenado un «itinerario de fe» en el que, de manera gradual y progresiva, se acompañará a los que se preparan para el matrimonio. En ningún caso se pueden reducir a la transmisión de unas verdades, sino que debe consistir en una verdadera formación integral de las personas en un crecimiento humano, que comprende la maduración en las virtudes humanas, en la fe, la oración, la vida litúrgica, el compromiso eclesial y social, etc.” (n. 109).

Quisiera recordar en este momento algunas frases del Discurso que el papa Benedicto XVI dirigió a los miembros del Tribunal de la Rota Romana en el mes de enero del pasado año. En él, el Santo Padre insistió repetidamente en la actividad pastoral de preparación y admisión al matrimonio y su relación con los procesos judiciales matrimoniales. El Papa nos advirtió que, en muchas ocasiones, los temas canónicos que se imparten en los cursillos de preparación “ocupan un lugar muy modesto, cuando no insignificante, puesto que se tiende a pensar que los futuros esposos tienen muy poco interés en problemáticas reservadas a los especialistas”, cosa que se deduce si se considera que el examen previo de los esposos, las publicaciones matrimoniales y los demás medios oportunos utilizados para las necesarias investigaciones prematrimoniales “constituyen trámites de naturaleza exclusivamente formal”. Como bien dice el Santo Padre, en todo ello se esconde una profunda equivocación muy actual consistente en distinguir y separar el “matrimonio de la vida” y el matrimonio “del derecho”, cuando en realidad “no hay más que uno solo matrimonio”. Por ello, contraer matrimonio presupone que “se pueda y se quiera celebrarlo de verdad y, por tanto, en la verdad de su esencia tal como la enseña la Iglesia”; de ahí la importancia y la urgencia del máximo cuidado que debemos prestar a la pastoral de formación de los novios en la que se pueda verificar de la mejor manera posible las convicciones de los esposos sobre los compromisos que van adquirir al contraer nupcias. Como afirma la Exhortación apostólica Sacramentum caritatis, «El bien que la Iglesia y toda la sociedad esperan del matrimonio, y de la familia fundada en él, es demasiado grande como para no ocuparse a fondo de este ámbito pastoral específico. Matrimonio y familia son instituciones que deben ser promovidas y protegidas de cualquier equívoco posible sobre su auténtica verdad, porque el daño que se les hace provoca de hecho una herida a la convivencia humana como tal» (Sacramentum caritatis, 22 de febrero de 2007, n. 29: AAS 99 [2007] 130).

¡Qué mejor podemos ofrecer a aquellos jóvenes, que desean contraer matrimonio, un período de profundización en sus compromisos bautismales, como puede ser un catecumenado específico, que les haga ser conscientes del auténtico amor conyugal cuyo fundamento se encuentra unido a una vida sacramental vigorosa, garantía de un «matrimonio, sacramento de la Nueva Alianza», uno e indisoluble, ordenado al bien de los cónyuges y a la procreación y educación de la prole (c. 1055)!

En este sentido, esperamos con ilusión el resultado que nos ofrecerá la amplia encuesta que la Delegación diocesana de Familia y Vida ha dirigido a los monitores de los cursillos prematrimoniales. Estoy seguro que sus reflexiones y aportaciones renovarán profundamente el proceso y los contenidos de la preparación de los jóvenes al matrimonio. Esto nos llena de esperanza y supone un acicate más para involucrarnos con más empeño en este amplio sector de la pastoral matrimonial. Supone además una respuesta idónea, coherente e incluso jurídico-canónica a lo que el Santo Padre nos propuso en el Discurso que anteriormente hemos citado.

4. Conclusión

Distinguidos oyentes: estamos convencidos de que toda nuestra energía y nuestro esfuerzo deben ir encaminados en esta hora de la Iglesia, a cuidar con mimo y esmero la preparación de los jóvenes para el amor conyugal y para la consagración religiosa, dos aspectos del amor esponsal que toda persona, iluminada por la gracia del Espíritu Santo, descubre inscrita en lo más profundo de su ser como hijo de Dios. Muchas gracias.

                                                                                                                         DECLARO INAUGURADO EL AÑO JUDICIAL 2012

                                                                                         DE NUESTRA VICARÍA JUDICIAL METROPOLITANA DE TOLEDO

 

 X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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