Año 2013

 

“SERVIRÉ A LA IGLESIA CON UNA VIDA ENTREGADA A LA ORACIÓN ”
(Benedicto XVI)
 

Escrito dominical para el domingo 3 de marzo

 

Han pasado ya unos días del anuncio por parte de Benedicto XVI de su renuncia al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de san Pedro, que le fue confiado y aceptado en obediencia coherente del que sigue a Jesucristo el 19 de abril de 2005. Tal vez ya hemos podido dar todos y cada uno de nosotros nuestra opinión sobre este acontecimiento sin duda excepcional. Ya hemos escuchado y leído todo tipo de interpretaciones de una amplísima gama de personas. ¡Cuántas opiniones! Es normal. Pero, en mi opinión, conviene en esto buscar un punto de sabiduría cristiana.

No creo que sea muy interesante entrar en ese debate sobre si están de acuerdo o no con la decisión del Papa. Yo la acepto sin hacer juicios; es comprensible que otros muchos la consideren desde otros prismas o ángulos o puntos de vista. Así, son muchas las personas que sencillamente dicen: “El Papa es mayor, es bueno que descanse”, sin duda con un sentimiento de benevolencia hacia el Santo Padre. Otros especulan y nos dan otras versiones del hecho. Por supuesto que con algunas de estas versiones estoy en total desacuerdo; con otras puedo en parte sentir un cierto acuerdo o un gran acuerdo. Ciertamente las hay de todo tipo, desde las disparatadas a las malévolas y positivamente negativas. Pero no quiero encauzar por este camino mi reflexión.

Me parece a mí que muchas de las opiniones están hechas desde una consideración del poder, desde la óptica del poder. Esa no es la consideración que Benedicto XVI tiene del ministerio petrino; tal vez por ello, tantas consideraciones sobre su renuncia no dan en el blanco. Ya en una catequesis en el año 2006 dijo el Santo Padre: “La vida de la Iglesia es y sigue siendo de Cristo. Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro”. El futuro es de Dios: ésta es la certeza de la vida, dijo el Obispo de Roma a sus seminaristas hace muy pocos días. Pero no es un pensamiento reciente en Joseph Ratzinger. En aquel libro-entrevista llamado “Informe sobre la fe”, hace ya muchos años, sus palabras eran que sólo Cristo puede salvar a su Iglesia:”Ésta es de Cristo, y a Él le corresponde proveer. A nosotros se nos pide que trabajemos con todas nuestras fuerzas, sin dar lugar a la angustia, con la serenidad del que sabe que no es más que un siervo inútil, por mucho que haya cumplido hasta el final con su deber”.

Ahí está la firmeza de este Pontífice que hace de su renuncia un acto grande, hermoso, testimonio de la confianza con la que Benedicto aceptó ser sucesor de san Pedro y con la responsabilidad y amor a la Iglesia con la que ahora deja ese ministerio/servicio. Yo no veo otra razón a la renuncia del Papa sino en su convicción de que su Pontificado debía mostrar que la causa de Dios es la de la verdad, la bondad y la razón, como confesaba un profesor de Teología en un Diario madrileño el día 12 de febrero. Ha sido un caso, prosigue este profesor, absolutamente claro y valiente de preeminencia de la verdad y la bondad sobre supuestos intereses eclesiales. Muy lejos está esta consideración de la ha hecho el economista Miguel Boyer (El Mundo, 14.02.2013, p. 17), que pretende probar que Benedicto XVI, Papa intelectual, cree “en la filosofía, en la ontología, en la ética, y en la metafísica. Es decir, en la religión de Kant”, pues en el fondo el cristianismo es lo mismo que la Ilustración, con el “detallito ese de que la razón se haya encarnado en un niño al que poder amar”.

Sencillamente no, señor Boyer. Sí es cierto, Benedicto XVI ha mostrado hasta la saciedad que la religión en nuestro mundo no está reñida con la inteligencia ni con el estudio; tampoco nuestro Dios es irracional ni fuente de irracionalidad ni de la violencia. El Papa se ha opuesto a toda suerte de fundamentalismo religioso. Pero la fe de Benedicto XVI está expresada en esa tal vez más significativa frase de este Pontificado: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello una orientación decisiva… Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento", sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro” (Deus caritas est, 1).

Por haber mostrado a todo el Pueblo de Dios este centro de la fe cristiana, por su amor a todos, por su magisterio profundo y sencillo, yo doy gracias a nuestro Dios y a su Hijo Jesucristo por este Papa; pero también a él, siempre dispuesto a trabajar como humilde siervo de la Viña del Señor, que ahora ha decidido con humildad que otro sucesor del apóstol Pedro venga a servir a todas las Iglesias en la caridad de Cristo. Gracias Santo Padre.
 

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

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