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Cristo instituyó la Iglesia, Pueblo de Dios, como sacramento de salvación en el mundo y la hizo depositaria de sus dones y de su misión. Todos los fieles cristianos, iguales en dignidad, son responsables de esta misión evangelizadora y santificadora, viven insertos en una comunidad de salvación y son convocados por el Espíritu para anunciar la Buena Nueva a todos los hombres en este tiempo concreto de la historia. El Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium, define magistralmente al laico cristiano, su ser esencial y su quehacer en la Iglesia y en el mundo. Impulsados por estas enseñanzas y por la fuerza del Espíritu, los laicos sienten hoy la urgente necesidad de unir esfuerzos, de coordinarse y de complementarse para lograr una mayor efectividad en la tarea apostólica y para reflejar con mayor claridad el verdadero rostro de la Iglesia. El decreto conciliar sobre el apostolado de los seglares Apostolicam Actuositatem exhorta a la constitución de Consejos “que ayuden a la obra apostólica de la Iglesia, tanto en el campo de la evangelización y de la santificación, como en el campo caritativo, social y otros semejantes, ...; éstos podrán servir para la mutua coordinación de las varias asociaciones y obras seglares, respetando siempre la índole propia y la autonomía de cada una” (nº 26). Así lo indicaba también, de forma precisa y con fuerza, Juan Pablo II en su visita a Toledo: “Sois Iglesia y debéis mostrarlo en una abierta comunión y colaboración entre vuestros diversos carismas, apostolados y servicios”. Se impone, pues, la necesidad de la coordinación como un fenómeno que debe abarcar la ayuda mutua, la acogida, el camino de unión, la interpelación constante, el conocimiento profundo, la oración compartida y la ausencia de personalismos. La Exhortación Apostólica Christifideles Laici, de Juan Pablo II, verdadero documento-regalo del Espíritu a su Iglesia sobre el apostolado de los seglares, profundiza y clarifica la doctrina, a la vez que señala pautas concretas sobre la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. A los laicos les corresponde constituir el Reino de Dios, participando activamente en los asuntos temporales y siendo en la sociedad fermento mediante prácticas y actitudes evangélicas. También les corresponde participar corresponsablemente en la vida de la comunidad cristiana en comunión con el ministerio pastoral, para que la Iglesia sea cada vez más fiel al mensaje de Jesucristo. Así, la participación de los laicos en la acción eclesial se fundamenta en su condición de miembros del Pueblo de Dios con la plenitud de derechos y deberes que confieren los sacramentos del Bautismo y la Confirmación, y en el reconocimiento de la misión activa que deben ejercer en el seno de la Iglesia. Los cristianos laicos han asumido sus responsabilidades en la vida y misión de la Iglesia y sienten la necesidad de comunión y diálogo, de colaboración y coordinación de las múltiples y diversas acciones y sectores a los que pertenecen para lograr una mayor efectividad en su tarea apostólica. El Consejo Diocesano de Laicos quiere ser, a un tiempo, lugar de encuentro y comunión y un cauce diocesano de colaboración y representación de sus miembros ante la jerarquía y la sociedad. El XXV Sínodo Diocesano (1991) estimó como muy necesaria la creación del Consejo de Laicos, valorándolo como de suma importancia como medio de consulta para el Prelado en lo concerniente al mundo del laicado y como foro de diálogo entre las diferentes organizaciones laicales (SD 520).
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CONSEJO DIOCESANO DE LAICOS
— Archidiócesis de Toledo —
consejodelaicos@architoledo.org