APUNTES PARA LA FIESTA DEL CORPUS CHRISTI
REFLEXIONES DESDE LA FE
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La celebración de la
fiesta del Corpus Christi es uno de los aspectos que mejor define a Toledo desde
hace quinientos años. Es el reflejo de la vida y de
su espiritualidad, y no puede darse una comprensión completa de
la vida de Toledo sin tener presente su espiritualidad
A
Toledo no se le puede despojar de su fiesta del Corpus; pero esta fiesta se
vaciará de sentido, si a la celebración se la despoja de su dimensión
religiosa. Cualquier forma que paganizara la fiesta del Corpus, haría perder el
sentido profundo y verdadero de esta celebración. El Corpus Christi es, por
encima de todo, una expresión de fe en Cristo, el Señor, presente en la
Eucaristía, que se acerca a los hombres especialmente en ese día, y recorre
sus mismas calles en una mezcla de la grandeza de Dios, que se entrega y ofrece,
y de hospitalidad del hombre, que se enriquece al recibirle. Es fiesta divina,
porque es el mismo Dios para nosotros, hecho hombre y alimento, que ocupa el
centro de la fiesta. Y a la vez es la mejor fiesta de los hombres, porque nada
como ese misterio nos engrandece y dignifica.
Nos
encontramos ante un misterio sublime
y altísimo, por el que Dios se hace cercano y se comunica sin medida. Es, a
la vez, el fundamento único de unas auténticas relaciones de fraternidad
entre los hombres. Sin esta referencia a lo sublime y misterioso, todo se
reduciría a un pintoresco folklore de participación popular en una vivencia lúcida
y festiva. Sin El todo se reduciría a unas fiestas de indudable valor cultural
y celebrativo, a las que se les habría quitado el soporte y la base.
Ante
este misterio, sólo cabe una respuesta: la de una adoración sincera, que puede
discurrir por múltiples cauces, desde la palabra hablada hasta el sentimiento
oculto; con la admiración silenciosa pasando por la tradicional ornamentación
generosa y tan propia del buen gusto de estas gentes de Toledo, que viven el
Corpus con un corazón dilatado sin cerrazones. Esta fiesta suscita la novedad
de la presencia de Cristo, sin nostalgias ni resquemores; con una respuesta
alegre y gozosa. En este día y en este pueblo todo se hace oración. Es una fe
incontenible, que discurre y se manifiesta hasta con la sola presencia del que
dice no saber rezar. El hombre, cuando ama, dice más callando, con la mirada y
el silencio, que lo que se dicen las personas poco diestras en amor por muchas
palabras que pronuncien. El día del Corpus todos, en algunos casos a su manera,
creen y animan. En ese día la‘religión se hace fiesta popular, en la que cada
cual participa según su capacidad y estilo. En la procesión todos le hablan
con el silencio y con la mirada: silencio impuesto por el señorío de quien
pasa; y mirada a través de unos ojos humedecidos por la emoción o el arrepentimiento.
En ese espectáculo de fe y amor, las palabras resultan cortas para decir tantas
cosas, como el corazón querría. El Corpus Christi es una fiesta de la Iglesia, que es quien confecciona la Eucaristía,
la distribuye en favor del hombre, al que resta el mejor de los
servicios, al darle al re, como regalo y limosna, el mismo Dios. Esta fiesta se
vive en el seno y en el corazón de la Iglesia, como ella quiere que se celebre,
en un clima de concordia sincera, de contexto profundamente religioso con
horizontes universales en un ambiente católico; sin intervalos privilegiados,
ni excepciones partidistas. A la vez que nos dice lo que es la Eucaristía nos
enseña a celebrarla con la altura y dignidad de la liturgia en solemnidad
inigualable, con la armonía que produce una misma fe, en el culto de oración
al mismo Dios, dentro del marco de la liturgia que encauza tantos sentimientos
nobles y profundos que adoran al unísono.
Ante
la grandeza del Corpus Christi, no cabe otra respuesta por parte del hombre que la de la elegancia humana, hecha de fe y de
buenas maneras, propia de quien da preferencia al mismo Dios, y no permite que
prevalezcan otros intereses. Ninguno que no sea Dios es en el día del Corpus
Christi el destinatario de tanta adoración y reconocimiento adoran al unísono.
, o el protagonista de tanta fiesta. El es el único que se pasea por nuestras
calles estrechas como el Señor de la historia, de la sociedad y de cada hombre.
El es el centro de toda la vida y de toda actividad.
Una
experiencia secular sobre sus
espaldas le dan a Toledo la suficiente maestría como para saber recibir a reyes
y a príncipes; a cardenales y a hombres de estado. Ha atesorado tanta
experiencia, que ha llegado a amasar un arte especial y único en torno a la
Eucaristía. Sabe estar con un señorío secular, y con un estilo que se
transmite como si de una herencia preciosa se tratara. Y es porque cada año, en las fiestas del Corpus Christi, toda la ciudad se transforma. Estrena una nueva ilusión para que el paso del Señor sea recibido con una explosión de júbilo y de adoración. |
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