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PECULIARIDAD DE LA ENSEÑANZA RELIGIOSA
ESCOLAR
El
carácter propio de la enseñanza religiosa escolar aparece más claramente
cuando ésta se sitúa en relación con la catequesis de la comunidad cristiana,
y con las otras disciplinas.
I. ENSEÑANZA
RELIGIOSA ESCOLAR Y
CATEQUESIS DE LA COMUNIDAD CRISTIANA
a) Dos ámbitos distintos
La
enseñanza religiosa escolar y catequesis de la comunidad cristiana se sitúan
en dos ámbitos distintos, que les proporciona su peculiaridad propia: En la
escuela los grupos humanos quedan primariamente unidos por relaciones académicas
de índole pedagógica, mientras que en los ámbitos de la Iglesia, los grupos
de creyentes están primordialmente reunidos por el vínculo de la fe,
constituyendo comunidades eclesiales; la relación con los catequizados es de índole
testimonial, exigiendo una comunión en la misma fe.
Diversa
fuente de iniciativa
En la catequesis de la comunidad cristiana, la Iglesia actúa
por propia iniciativa en las estructuras que ella misma establece para
catequizar: catecumenados, parroquias, grupos apostólicos, pequeñas
comunidades,... Es la comunidad la que convoca e invita.
En
la enseñanza religiosa escolar, en cambio, la Iglesia actúa en un ámbito
creado primordialmente para la educación del ciudadano en cuanto tal, en
estructuras de la sociedad para tal fin. En ellas, la Iglesia es llamada a
prestar un servicio, como pueden ser llamadas otras confesiones religiosas u
otros grupos culturales. La Iglesia puede tener o no posibilidades de responder
a esta petición. Si acepta, tiene que adaptar la enseñanza religiosa a los
objetivos y métodos propios del quehacer escolar: encarnar su acción dentro de
los condicionantes concretos históricos de la institución docente.
Aunque
el sistema educativo o el centro escolar pueden adolecer de condicionantes
negativos, hay que impartir enseñanza religiosa en la medida en que tales
condicionantes no entren en contradicción con la fe cristiana
Distinta
intencionalidad de los destinatarios
Respecto
a la catequesis de la comunidad cristiana, en los padres que envían a sus
hijos, o en los niños y jóvenes que acuden a ella por propia iniciativa, se
supone una intención directa y explícita de buscar la evangelización y una más
profunda integración en la comunidad cristiana.
Respecto
a la enseñanza religiosa escolar, cuando los padres piden que la educación de
sus hijos no carezca de esta dimensión, lo que de modo más o menos explícito
desean es que lo religioso se integre en la formación humana, que el sentido de
la vida y visión del mundo que van a recibir en la escuela tengan perspectiva
cristiana.
Objetivos
diversos
La
catequesis de la comunidad cristiana tiene como objetivo que la fe del cristiano
se inicie y madure en el seno de esa comunidad, enraizándose en la fe de la
misma, explicitándose en todas sus dimensiones noéticas o cognoscitivas, nutriéndose
en las celebraciones litúrgicas y robusteciéndose en los compromisos
cristianos. La vivencia de la comunidad cristiana, en suma, es el lugar
apropiado para la maduración de la fe personal y comunitaria.
La
enseñanza religiosa escolar tiene como objetivo estimular a que, desde un
conocimiento de la fe cristiana, tenga lugar el diálogo interdisciplinar que
debe establecerse entre el Evangelio y la cultura humana, en cuya asimilación
crítica madura el alumno. La enseñanza religiosa pretende integrar esta
dimensión en la formación de la personalidad, incorporar el saber de la fe en
el conjunto de los demás saberes y la actitud cristiana en el interior de la
actitud general que el alumno va adoptando ante la vida.
b)
Complementariedad de las dos acciones
Aparece
así claramente que estas dos tareas son complementarias. Una catequesis viva en
la comunidad es el terreno más apropiado para que fructifique la enseñanza de
la religión. Y una buena enseñanza religiosa creará el deseo de una plena
catequización en el seno de la comunidad cristiana
Cuando
el grupo de alumnos que optan por la clase de religión sea mayoritariamente
creyente, la formación religiosa escolar – incluso en un centro estatal–
podrá alcanzar a veces no sólo sus objetivos propios, sino también
dimensiones noéticas y de compromiso cristiano más propias de la catequesis de
comunidad.
Pasar
de una enseñanza religiosa de calidad a una catequesis de la comunidad lo
consideramos como el caso más frecuente, si nos referimos a adolescentes y jóvenes.
Haciendo un diagnóstico de la realidad actual sobre los alumnos mayores, habrá
que tomar muy en cuenta que su situación a veces exige una primera evangelización.
En algunos casos, podrá hacerse directamente sobre la base de una propuesta
objetiva de la fe cristiana.
Para
no pocos alumnos, sin embargo, habrá que presentar, asimismo, aquellos
presupuestos que resultan indispensables a las generaciones actuales, si
queremos capacitarlas en orden a comprender el auténtico sentido del mensaje
cristiano.
Para
lograr que el hombre de hoy perciba el sentido del lenguaje religioso es
necesario restaurar el espacio de interrogación desde el que la pregunta por la
salvación tenga sentido existencial.
El
situar la enseñanza religiosa bajo el signo de una cierta oferta del Mensaje
cristiano con vistas a una posible opción de fe tiene la ventaja de que:
×
el alumno que pueda estar en búsqueda o enfrentado con dudas religiosas,
encontrará en la enseñanza religiosa las respuestas que la Iglesia da a sus
problemas y tendrá ocasión de reflexionar sobre ellas;
al
alumno no creyente se le ofrece la ocasión de confrontar su propia situación
de incredulidad con las perspectivas de la fe y eventualmente reconsiderarla;
el
alumno creyente, en fin, tiene la posibilidad de integrar su opción creyente en
el interior de una cultura profana, de alimentarla a partir de ella, de
purificarla y de capacitarse para dar razón de su fe
c)
Un paso más sobre el carácter propio de esta enseñanza
Después
de todo lo expuesto, pensamos que se puede avanzar en la clarificación de la
enseñanza religiosa situándonos en una perspectiva de reflexión teológica.
En la Teología pastoral nos parece que hay un fundamento para que se reconozca
a la enseñanza religiosa el derecho a un estatuto propio dentro del ministerio
de la Palabra.
Según
se expresa el Directorio General de Pastoral Catequética7, "el ministerio
de la Palabra reviste múltiples formas según las diversas situaciones en que
se ejerce y los fines que pretende conseguir". Si aplicamos este principio
a la enseñanza religiosa, su peculiaridad estriba en la situación original en
que se ejerce (el ámbito escolar) y en el fin original que pretende (hacer
posible la síntesis entre fe y cultura en el interior del proceso educativo).
Esta
identidad de la enseñanza religiosa dentro del ministerio de la Palabra hace,
según nuestro punto de vista, que se rija –como las otras modalidades– por
leyes propias, lo cual nos parece muy importante a la hora de plantearse la
finalidad, los contenidos, los objetivos y el método de esta enseñanza.
En la
realidad concreta del quehacer pastoral, la enseñanza religiosa –igual que
sucede con las demás formas– participará de aspectos de las restantes
modalidades (evangelización, catequesis, teología); ya que "todas ellas
están estrechamente unidas entre sí".
La
enseñanza religiosa asumirá de la evangelización, por ejemplo, el aspecto de
propuesta de Mensaje cristiano con vistas a una posible opción de fe, aunque su
intencionalidad interpelativa sea –normalmente– más discreta.
La
enseñanza religiosa asumirá, a veces, de la catequesis la búsqueda de
maduración en la fe de los alumnos creyentes, en cuanto enraizamiento cultural
de esa fe con vistas a capacitarlos para que den razón de ella en el mundo.
×
La enseñanza religiosa asumirá de la teología (forma de la que nos parece estás
más próxima) los resultados de la investigación científica en el diálogo
fe‑cultura, quehacer insoslayable de las ciencias teológicas, para
integrar esas conclusiones, adecuándolas a la edad de los alumnos, en el
proceso de la adquisición de la cultura.
Aunque
participe en estos u otros aspectos de las restantes modalidades del ministerio
de la Palabra, la enseñanza religiosa –en sí misma– no se reduce a ninguna
de ellas, sino que tiene un estatuto propio
Creemos
que esta clarificación teológico‑pastoral, necesariamente un tanto técnica,
puede a la larga ser más fecunda, porque de ella se van a derivar importantes
consecuencias. No pidamos a la enseñanza religiosa lo que ella no es: hay que
exigirle, en su línea propia, todo lo que entraña. No se debe considerar a la
enseñanza religiosa como una evangelización y catequesis de segunda clase que,
al ser impartida en medios de condiciones no siempre favorables, no pudieran ser
desarrolladas como en los ámbitos propiamente eclesiales
El
definir la identidad de la enseñanza religiosa trae consigo una clarificación
mayor sobre el estatuto propio del profesor de religión dentro del ministerio
pastoral. No pidamos al profesor de religión que necesariamente asuma todas las
tareas propias del catequista. Esta función –en la clase de religión–
muchas veces ni puede ni debe llevarse a cabo. Esto podrá liberar a muchos
profesores del peso que supone, en estos momentos, la dolorosa constatación de
que en la escuela, frecuentemente, no se puede llegar a una plena evangelización
y catequización porque el ambiente no se presta a ello. No es menos posible,
sin embargo, aun en esas circunstancias, ser un buen profesor de religión, que
serlo de otras disciplinas humanísticas.
Este
modo de ver las cosas nos obliga a potenciar los cauces específicamente
eclesiales de catequización en el interior de una pastoral juvenil muy
necesaria.
Esto
reclama, igualmente, que el diálogo fe‑cultura se desarrolle con
profundidad a nivel universitario. Creemos que es uno de los cometidos mayores
de las Universidades de la Iglesia. Pensamos también que en las Universidades
civiles las ciencias religiosas deberían ocupar su lugar. Sin esta necesaria
perspectiva universitaria, la enseñanza religiosa escolar en los centros
docentes carecerá de muchos puntos de referencia.
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