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Año Jubilar Guadalupense Exhortación Pastoral del Sr. Arzobispo con motivo del Año Jubilar Guadalupense Queridos hermanos y hermanas:
A
todos gracia y paz en el nombre del
Señor.
Esperamos
que, con el auxilio divino y la intercesión de Santa María, Virgen de
Guadalupe, sea un acontecimiento grande de gracia para toda la Archidiócesis de
Toledo, para las queridas tierras extremeñas que tienen en Ella su Patrona y
para cuantos peregrinos se acerquen a su Santuario, venidos de las distintas
partes de España y de América, que siempre han sentido su protección y su
ayuda.
3.
Todos, en la «Tierra de María», como gusta llamar
el Papa a España sentimos y llevamos muy dentro a la que es Madre de Dios y
Madre Nuestra. la que no tocó el pecado primero, siempre Virgen, toda santa,
llena de gracia. esperanza nuestra, Santa María. Ante la Virgen, con verdadero
cariño y confianza de hijos, abrimos nuestro corazón, como se hace ante la
Madre querida, derramamos nuestras lágrimas de dolor o de alegría y le
confiamos nuestras confiadas súplicas implorando su maternal favor y tierna
intercesión ante nuestras necesidades. Y, sobre todo, de una manera u otra, tal
vez incluso sin darnos cuenta, detrás de todas las súplicas le pedimos que nos
mire con sus ojos misericordiosos y nos muestre a Jesús, fruto bendito de su
bendito vientre. Toda plegaria nuestra pide y espera de la Santísima Virgen, más
o menos clara o confusamente, la ternura inabarcable de Dios, la salvación de
Dios, y esa salvación es Jesús, está en Él, en quien se nos ha revelado y
entregado sin medida la entrañable misericordia de nuestro Dios.
4.
Que la Virgen Maria nos muestre a Jesús, y eso nos
basta; porque eso es lo que los hombres de todos los tiempos necesitamos, de
manera muy particular en los tiempos difíciles que corremos. Para eso
convocamos este Año Jubilar: para que, acercándonos a María, nos acerquemos a
Jesús:
5.
La Virgen Maria brilla como signo de consuelo y de
firme esperanza para todos y refleja la ternura inabarcable de Dios. Ella nos
trajo al Salvador y todo el gozo de su intercesión materna es mediar para
llevarnos a Él y que resplandezca "su hora" en medio de nuestro
mundo. Bueno sería que en su cercanía y ternura con la que nos acerquemos ante
su venerada imagen del santuario de Guadalupe oyésemos la voz de su Hijo que
nos llama a convertirnos a Dios en una vida conforme a la fe cristiana, nos
invita a seguirle e ir a El todos los que andan cansados y agobiados por la
vida para encontrar gozo, alivio, dicha y esperanza; que nos invita a recorrer
su Camino que es Él mismo y nos lo indica con claridad en la senda de las
bienaventuranzas y del mandamiento Nuevo inseparable de la Cruz.
Cuando
las gentes acuden a los pies de Santa María Madre de Dios, Virgen de Guadalupe,
cuando acuden a Ella los fieles cristianos comprenden el misterio de
6. Acercándonos
de nuevo en este Año Jubilar con particular intensidad y devoción filial a la
imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, escucharemos una vez mas aquellas
palabras que María dijo a los criados de Caná, pero dirigidas ahora a cada uno
de nosotros:
No
tengamos miedo a esta devoción y a acercarnos a Maria con toda piedad. La
devoción auténtica siempre tiene como finalidad el amor a Dios y el
cumplimiento de su voluntad mediante la unión con Jesucristo. «La Iglesia
pensando en María con piedad y contemplándola a la luz de la Palabra eterna
hecha carne, penetra con veneración y más profundamente en el altísimo
Misterio de la Encarnación» (LG 65), en el misterio del Hijo de Dios hecho
hombre, por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María, la fiel
esclava del Señor; este Hijo es en quien se revela la verdad de Dios y del
hombre y esclarece la grandeza de nuestra vocación (Cf GS 22).
La
verdadera devoción mariana es siempre cristocéntrica, es siempre un medio
privilegiado para encontrar a Jesucristo, amarlo tiernamente y servirlo con fidelidad
plena. Jamás la auténtica devoción mariana que, con la gracia de Dios, se verá
intensificada con este Jubileo Guadalupense, nos apartará, al contrario, de
Jesucristo: pues El es «nuestro único maestro que debe instruirnos, nuestro único
Señor del que debemos depender, nuestra única Cabeza a la que debemos
permanecer unidos, nuestro único modelo .al que conformarnos, nuestro único médico
que debe curarnos, nuestro único pastor que ha de alimentarnos, nuestro único
camino que debe conducirnos, la única verdad que debemos creer, la única
vida que debe vivificamos y nuestro único todo, en todas las cosas, que lía de
bastarnos» (5. Luis Mª Grignion de Monfort).
Por
eso, en nuestra responsabilidad de Obispos de la diócesis de Toledo en la que
radica desde el siglo XIII este Santuario de Guadalupe, y con todo el afecto de
pastores, unidos al Papa cuando se dirigía
estos días a los jóvenes, queremos invitar a todo el pueblo de Dios, con ocasión
particular de este Año Jubilar, a «formar parte de la ‘Escuela de María’.
Ella es modelo insuperable de contemplación y ejemplo admirable de interioridad
fecunda, gozosa y enriquecedora». De esta manera, como también señalaba el
Papa a los jóvenes, pero que podemos aplicar a todos, «Ella nos enseñará a
no separar nunca la acción de la contemplación, así contribuiremos mejor a
hacer realidad un gran sueño: el nacimiento de la Nueva Europa del espíritu.
Una Europa fiel a sus raíces cristianas, no encerrada en sí misma sino abierta
al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra; una Europa
consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estimulo de progreso
para el mundo, decidida a aunar sus esfuerzos y su creatividad al servicio de la
paz y la solidaridad entre los pueblos».
7.
No lo olvidéis, queridos hermanos y hermanas de la
diócesis de Toledo: Vuestras raíces son cristianas y se arraigan en la cercanía
de la que es Madre de misericordia, Consuelo de los afligidos, Auxilio de los
cristianos, Reina de la Paz. Ella está en vuestras
Por
esto, queridos diocesanos de Toledo: ¡Sed vosotros mismos!, ¡volved a vuestras
raíces cristianas, a vuestras raíces marianas, y ganaréis en lo más valioso
a lo que podéis aspirar! Vuestros antepasados, a los pies de la Virgen, en sus
distintas advocaciones, y particularmente en la de «Guadalupe”, confiaron en
el Señor y comprendieron la Verdad, alcanzaron la Vida y siguieron el camino
certero. Tenemos delante ese Camino, tenemos ante nosotros, por Maria, la Verdad
que es Jesucristo y a veces parece que no somos capaces de reconocerla. Esta es
la tragedia de los hombres de nuestro tiempo y esta es su mayor indigencia: la
indigencia de la Verdad, la que nos hace libres, la Verdad que la persona de
Jesucristo, que ha venido, como dijo ante el escéptico y cobarde Pilato, «para
dar testimonio de la Verdad». ¿Dónde hay una luz que ilumine al hombre de
nuestro tiempo de forma radiante sus más profundos misterios y responda a sus
preguntas más auténticas? Cree y testimonia la Iglesia que Jesucristo, Hijo de
Dios y de Maria, muerto y resucitado por nosotros, los hombres, da a todos su
fuerza y su luz para responder a las preguntas más decisivas para el vivir
humano, y así responder también a la vocación a la que ha sido llamado: «Cristo
es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino»,
acaba de decirnos el Papa en la vigilia de la juventud en Cuatro Vientos de
Madrid.
8.
Al convocar este Año Jubilar en el Santuario donde
se venera la sacratísima Imagen coronada de Nuestra Señora de Guadalupe, en el
75 aniversario de su coronación canónica, vuestros Obispos, queridos
diocesanos de Toledo, no pretendemos otra cosa que con María y de la mano de
Ella, bajo su amparo y protección, con su ejemplo único, volváis vuestra
mirada a Jesucristo, que la tengáis fija en El y prosigáis el camino de
Jesucristo sin retiraros de Él, que contempláis su rostro y aprendáis de El,
que no os paráis ni os causéis en la obra de renovación y revitalización que
el Espíritu Santo está impulsando por doquier, como hemos podido apreciar,
entre otros, en el Concilio Vaticano II, en nuestro Sínodo diocesano, en el
Gran Jubileo del 2000, en el florecimiento de vocaciones sacerdotales, en los
grupos de juventud que están emergiendo con fuerza y alegría, en la última
visita del Santo Padre a España.
Ha
sido, sin duda, un acontecimiento de gracia, un hecho providencial de muy largo
alcance esta visita del Papa a España, cuyo alcance aún no sonios capaces de
calibrar, aunque ya lo estamos vislumbrando en el gozo y la alegría que nos ha
dejado; en el mensaje que nos ha legado; en la dicha grande de ser Iglesia que
hemos experimentado y avivado; en la unidad de corazones» en la sintonía de
afectos y de pensamientos, de alegría y esperanza pascual, de gozo en el Espíritu
que hemos vivido»; en el ánimo decidido que nos ha infundido para evangelizar;
en los miedos y complejos que ha borrado o disipado; y en la gran esperanza que
ha suscitado en todos, en general, y en particular en nuestra querida diócesis
de Toledo.
No
sabemos, además de la declaración solemne de la santidad de cinco santos españoles
que ya es un fruto del Espíritu muy concreto, importante y significativo,
10.
Que la celebración de este Año Jubilar
contribuya a que secundemos todos la llamada que el Papa hacia a los jóvenes a
la interioridad y a la contemplación, al estilo de la Virgen Maria, porque sin
esa vida interior no habrá Iglesia con vida, como «sin interioridad la cultura
carece de entrañas» (Juan Pab!o II); que ayude a cuantos peregrinos se
acerquen a Guadalupe a recobrar el vigor del espíritu y la valentía de una fe
vivida para hablar y testimoniar de Jesucristo sin miedo ni complejos y
convertirnos todos en apóstoles de nuestros
11.
No es casual
que este Año Jubilar, en los momentos en que se va a celebrar, tenga lugar en
esta noble región de España, Extremadura, cuyos hijos se distinguieron muy
mucho en la obra evangelizadora de América. No deja de ser, en el mismo sentido
significativo que el santuario mariano de Guadalupe de la tierra española esté
tan ligado a la obra de España y de la Iglesia en América, a la fe en las
tierras hermanas de América, a la devoción tan entrañable a la advocación
del mismo nombre,"Guadalupe", de las tierras mexicanas; la invocación
en tantas partes del mundo, y por parte de tantos pueblos, a la Virgen María en
la advocación común de Guadalupe, en unidad de sentimientos y corazones,
constituye otro hecho más a tener en cuenta, que también nos habla al
emprender la andadura de este Año Jubilar. ¿No querrá el Señor decirnos algo
significativo con esto? ¿No se tratará, acaso, de una llamada fuerte a la diócesis
toledana a renovar en nuestros días la gran empresa misionera y evangelizadora
de otros tiempos, a ser cada día más evangelizada y evangelizadora?¿No
sentimos tal vez ahí la llamada a la unidad con los pueblos de América y a la
solicitud por aquellas iglesias hermanas?
12.
Tampoco puede pasar inadvertido el que este Año
Jubilar, tras la visita del Papa, se celebre en este Santuario donde se venera
la imagen de Guadalupe ante la que toda España se ha postrado a lo largo de los
siglos y que ha tenido un puesto tan significativo en momentos importantes de
nuestra patria.¿No será una llamada más a reavivar las raíces cristianas a
las que anteriormente hemos aludido, como nos ha convocado el Papa?
13.
Como ha señalado el Comité Ejecutivo de la
Conferencia Episcopal Española, a propósito de esta visita del Papa:
“Tenemos aquí marcado el camino para la auténtica renovación de la Iglesia,
para una nueva primavera de santidad y de vida cristiana, y para una realización
más honda de nuestro Plan Pastoral. La savia del catolicismo que a lo largo de
nuestra historia ha generado tantas vidas heroicas y ha aportado a la Iglesia
universal tantos frutos de cultura, de evangelización y de servicio al hombre,
sigue latiendo en las raíces más profundas de nuestra personalidad e identidad
cultural. Preciso es ahora reconocer esa rica savia, apreciarla y vivirla, de
modo que robustezca la vida interior de nuestras comunidades y produzca en
nuestras diócesis frutos nuevos de dinamismo pastoral y audacia evangelizadora
en los inicios de este nuevo Mi
A
llevar a cabo todo ello debería conducirnos y ayudarnos el presente Jubileo que
ahora comenzamos, con el auxilio de la
14.
Con esta Carta Pastoral invitamos a todos los
miembros del Pueblo de Dios que está en esta Archidiócesis de Toledo, en
tierras extremeñas o en tierras castellano manchegas, a que se acerquen como
peregrinos hasta el Santuario de la Virgen de Guadalupe para participar en las
gracias de este Año Jubilar. Quisiéramos propiciar cuanto fuese posible estas
peregrinaciones y favorecerlas, como en otro tiempo hiciera el Arzobispo D.
Pedro Tenorio que no dudó para este fin construir incluso un puente que ha dado
lugar a ese pueblo que lleva precisamente el nombre de Puente del Arzobispo. Por
eso, que las parroquias. grupos, movimientos y familias organicen
peregrinaciones hasta este lugar.
La
Diócesis, por su parte, promoverá peregrinaciones diocesanas de sacerdotes, de
vida consagrada, de jóvenes, de enfermos, de catequistas, de profesores de
Religión, del apostolado seglar, de Vicarías territoriales... Comenzaremos con
la peregrinación del Seminario diocesano en el último día de mayo para hacer
la consagración de los seminaristas a Nuestra Señora y le seguirá, el día 12
de julio, fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote la peregrinación
de los sacerdotes: con ello queremos dar a entender, que los
sacerdotes y seminaristas que están en el corazón de la diócesis, son los
primeros que acuden y que ven el significado y alcance de este gesto. Ya están
también previstas las peregrinaciones diocesanas de jóvenes y profesores de
religión para el otoño. Animaos todos y acudid a este nuevo momento de gracia
que se nos ofrece a través de la Santísima Virgen Maria, a la que veneramos
como Virgen de Guadalupe, y de cuyas bodas de platino de su coronación nos
alegramos y alabamos al Señor, con el deseo de que, en verdad, ella sea nuestra
Reina y Señora, como se simboliza en esa corona que le impusiera el cardenal
Pedro Segura en el 12 de octubre de 1928.
Conclusión 15. Que la Santa Madre de Dios, nuestra Madre y Señora, Virgen de Guadalupe, nos auxilie en este Año jubilar para que sea un año de gracia para cuantos acudan a Ella como peregrinos con las debidas disposiciones, que sea un año de gracia para las tierras y las gentes muy queridas de Extremadura, que lo sea para toda la Archidiócesis de Toledo, que siente la dicha de contar entre los dones más entrañables de la divina Providencia este lugar sagrado, y para las diócesis hermanas extremeñas. Que la Virgen de Guadalupe os acompañe y proteja siempre en vuestro caminar, y os conduzca a su Hijo, Jesucristo, que es el Camino de Dios al hombre, del hombre a Dios de hombre a cada hombre. Que la Santísima Virgen de Guadalupe ayude, proteja y bendiga a los PP. Franciscanos a los que agradecemos tanta delicadeza y buen hacer, entrega y solicitud con la que vienen sirviendo este Santuario desde comienzos del siglo pasado. Y que, después de este destierro, nos muestre a Jesús para que vivamos siempre dichosos en su presencia.
Con
nuestra bendición para todos.
En el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, a 11
de
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