Año Jubilar Guadalupense

Exhortación Pastoral del Sr. Arzobispo con motivo del Año Jubilar Guadalupense


Queridos hermanos y hermanas: 

A todos gracia y paz  en el nombre del Señor.

 1.       El 12 de octubre se cumplirán los 75 años de la coronación canónica de la Imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe. Como memoria agradecida de este acontecimiento y para renovar en nosotros el significado de lo que este hecho comporta, vamos a celebrar un Año Jubilar en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, para el que la Santa Sede ha tenido la benevolencia de conceder las indulgencias correspondientes, conforme a las normas vigentes. Lo iniciamos Dm., el día 1 del presente mes, Domingo del Buen Pastor con la apertura de la puerta del Santuario y la celebración de la Eucaristía, y se prolongará hasta el 30 de mayo de 2004, solemnidad de Pentecostés.

Esperamos que, con el auxilio divino y la intercesión de Santa María, Virgen de Guadalupe, sea un acontecimiento grande de gracia para toda la Archidiócesis de Toledo, para las queridas tierras extremeñas que tienen en Ella su Patrona y para cuantos peregrinos se acerquen a su Santuario, venidos de las distintas partes de España y de América, que siempre han sentido su protección y su ayuda.

2.           Comenzamos este Año de gracia del Señor en unos momentos muy concretos: todavía siguen resonando los ecos no lejanos del Gran Jubileo del 2000; estamos dando los primeros pasos esperanzados del Nuevo Milenio; nos encontramos con la alegría, la paz y la esperanza inmensas que nos ha dejado la recentísima visita apostólica del Papa Juan Pablo II a España; nos hallamos en el Mes de María del año dedicado al Santo Rosario; hemos iniciado la celebración de este Año Guadalupense el Domingo Pascual del Buen Pastor; seguimos viendo amenazado el gran don de la paz en muchos lugares de la tierra. En esta situación dirigimos la mirada de la mente y del corazón a la Madre de Dios, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe tan entrañable y arraigada desde el siglo XIII en quienes hablan la lengua hispana.

3.           Todos, en la «Tierra de María», como gusta llamar el Papa a España sentimos y llevamos muy dentro a la que es Madre de Dios y Madre Nuestra. la que no tocó el pecado primero, siempre Virgen, toda santa, llena de gracia. esperanza nuestra, Santa María. Ante la Virgen, con verdadero cariño y confianza de hijos, abrimos nuestro corazón, como se hace ante la Madre querida, derramamos nuestras lágrimas de dolor o de alegría y le confiamos nuestras confiadas súplicas implorando su maternal favor y tierna intercesión ante nuestras necesidades. Y, sobre todo, de una manera u otra, tal vez incluso sin darnos cuenta, detrás de todas las súplicas le pedimos que nos mire con sus ojos misericordiosos y nos muestre a Jesús, fruto bendito de su bendito vientre. Toda plegaria nuestra pide y espera de la Santísima Virgen, más o menos clara o confusamente, la ternura inabarcable de Dios, la salvación de Dios, y esa salvación es Jesús, está en Él, en quien se nos ha revelado y entregado sin medida la entrañable misericordia de nuestro Dios.

4.           Que la Virgen Maria nos muestre a Jesús, y eso nos basta; porque eso es lo que los hombres de todos los tiempos necesitamos, de manera muy particular en los tiempos difíciles que corremos. Para eso convocamos este Año Jubilar: para que, acercándonos a María, nos acerquemos a Jesús: para que Ella nos lleve a conocer, amar y vivir a Jesucristo, su Hijo, a guardar su Palabra, y, así, Dios, el Padre, y el Hijo, vengan a nosotros y pongan su morada en nosotros, como la pusieron en la misma Virgen María. Que la Madre de Dios, nos lleve y muestre a Jesús, para que en Ella y por Ella con­templemos el rostro del Hijo de sus entrañas purísimas, pensemos sintamos y amemos como El; que obremos como Él, que conformemos nuestra vida con la suya. Ahí, y sólo ahí, tendremos la salvación que esperamos, la dicha que anhela nuestro cansado corazón, el consuelo y el aliento del que andamos tan necesitados en el camino de la vida. ¡Necesitamos de Jesús!

5.           La Virgen Maria brilla como signo de consuelo y de firme esperanza para todos y refleja la ternura inabarcable de Dios. Ella nos trajo al Salvador y todo el gozo de su intercesión materna es mediar para llevarnos a Él y que resplandezca "su hora" en medio de nuestro mundo. Bueno sería que en su cercanía y ternura con la que nos acerquemos ante su venerada imagen del santuario de Guadalupe oyésemos la voz de su Hijo que nos llama a convertirnos a Dios en una vida conforme a la fe cristiana, nos invita a seguirle e ir a El todos los que andan cansa­dos y agobiados por la vida para encontrar gozo, alivio, dicha y esperanza; que nos invita a recorrer su Camino que es Él mismo y nos lo indica con claridad en la senda de las bienaventuranzas y del mandamiento Nuevo inseparable de la Cruz.

Cuando las gentes acuden a los pies de Santa María Madre de Dios, Virgen de Guadalupe, cuan­do acuden a Ella los fieles cristia­nos comprenden el misterio de Cristo, que en último término es el amor de Dios, en la ternura de Maria, en su ojos de bondad, misericordiosos, sin que tal vez sepan pensarlo y decirlo expresamente. En María el pueblo, cargado de sufrimientos y de culpas, entrevé el amor del Padre, el don de ese amor que es Jesucristo en quien hemos sido amados hasta el extremo, y la comunicación de ese don y de ese amor que es el Espíritu Santo. De María, en efecto, como acaba de decimos el Papa Juan Pablo II: «aprendemos a contemplar el rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor», que es el abismo de generosidad y de gracia del Dios que es Amor. «Maria. además de ser la Madre cercana, es la mejor Maestra para llegar al conocimiento de la verdad a través de la contemplación» (Juan Pablo II, a los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos).

6.           Acercándonos de nuevo en este Año Jubilar con particular intensidad y devoción filial a la ima­gen de Nuestra Señora de Guadalupe, escucharemos una vez mas aquellas palabras que María dijo a los criados de Caná, pero dirigidas ahora a cada uno de nosotros: “Haced lo que Él os diga»; acoged la palabra de Cristo en la fe, seguidla en la vida, haced de ella la pauta inspiradora de vuestra conducta individual, familiar, social. y pública. Toda Ella nos remite a Jesucristo. a la persona de Jesucristo que es el único programa válido para la gran renovación de la humanidad y de la sociedad de nuestro tiempo, de la Iglesia de hoy, como el Papa nos recuerda en su Carta «Al comenzar el Nue­vo Milenio». Ella siempre nos remite a Cristo. Que se haga, pues, realidad cada día más viva, a lo largo del Jubileo Guadalupense aquella máxima tan profunda de la espiritualidad: «A Jesús por María».

No tengamos miedo a esta devoción y a acercarnos a Maria con toda piedad. La devoción auténtica siempre tiene como finalidad el amor a Dios y el cumplimiento de su voluntad mediante la unión con Jesucristo. «La Iglesia pensando en María con piedad y contemplándola a la luz de la Palabra eterna hecha carne, penetra con veneración y más profundamente en el altísimo Misterio de la Encarnación» (LG 65), en el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, por obra del Espíritu Santo en el seno virginal de María, la fiel esclava del Señor; este Hijo es en quien se revela la verdad de Dios y del hombre y esclarece la grandeza de nuestra vocación (Cf GS 22).

La verdadera devoción mariana es siempre cristocéntrica, es siempre un medio privilegiado para encontrar a Jesucristo, amarlo tiernamente y servirlo con fidelidad plena. Jamás la auténtica devoción mariana que, con la gracia de Dios, se verá intensificada con este Jubileo Guadalupense, nos apartará, al contrario, de Jesucristo: pues El es «nuestro único maestro que debe instruirnos, nuestro único Señor del que debemos depender, nuestra única Cabeza a la que debemos permanecer unidos, nuestro único modelo .al que conformarnos, nuestro único médico que debe curarnos, nuestro único pastor que ha de alimentarnos, nuestro único camino que debe conducirnos, la única verdad que debemos creer, la úni­ca vida que debe vivificamos y nuestro único todo, en todas las cosas, que lía de bastarnos» (5. Luis Mª Grignion de Monfort).

Por eso, en nuestra responsabilidad de Obispos de la diócesis de Toledo en la que radica desde el siglo XIII este Santuario de Guadalupe, y con todo el afecto de pastores, unidos al Papa cuando se dirigía estos días a los jóvenes, queremos invitar a todo el pueblo de Dios, con ocasión particular de este Año Jubilar, a «formar parte de la ‘Escuela de María’. Ella es modelo insuperable de contemplación y ejemplo admirable de interioridad fecunda, gozosa y enriquecedora». De esta manera, como también señalaba el Papa a los jóvenes, pero que podemos aplicar a todos, «Ella nos enseñará a no separar nunca la acción de la contemplación, así contribuire­mos mejor a hacer realidad un gran sueño: el nacimiento de la Nueva Europa del espíritu. Una Europa fiel a sus raíces cristianas, no encerrada en sí misma sino abierta al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra; una Europa consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estimulo de progreso para el mundo, decidida a aunar sus esfuerzos y su creatividad al servicio de la paz y la solidaridad entre los pueblos».

7.           No lo olvidéis, queridos hermanos y hermanas de la diócesis de Toledo: Vuestras raíces son cristianas y se arraigan en la cercanía de la que es Madre de misericordia, Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Rei­na de la Paz. Ella está en vuestras raíces más propias. Vuestra historia se amasa con la protección, la honra y la devoción filial de María, la Virgen de Guadalupe. Vuestros anhelos más hondos, vuestros estímulos e ilusiones, vuestros suspiros y vuestras alegrías, vuestras plegarias y vuestras esperanzas no se pueden separar de la Madre. Ella también apunta al que es «el principio y el fin» de todo: Jesucristo.

Por esto, queridos diocesanos de Toledo: ¡Sed vosotros mismos!, ¡volved a vuestras raíces cristianas, a vuestras raíces marianas, y ganaréis en lo más valioso a lo que podéis aspirar! Vuestros antepasados, a los pies de la Virgen, en sus distintas advocaciones, y particularmente en la de «Guadalupe”, confiaron en el Señor y comprendieron la Verdad, alcanzaron la Vida y siguieron el camino certero. Tenemos delante ese Camino, tenemos ante nosotros, por Maria, la Verdad que es Jesucristo y a veces parece que no somos capaces de reconocerla. Esta es la tragedia de los hombres de nuestro tiempo y esta es su mayor indigencia: la indigencia de la Verdad, la que nos hace libres, la Verdad que la persona de Jesucristo, que ha venido, como dijo ante el escéptico y cobarde Pilato, «para dar testimonio de la Verdad». ¿Dónde hay una luz que ilumine al hombre de nuestro tiempo de forma radiante sus más profundos misterios y responda a sus preguntas más auténticas? Cree y testimonia la Iglesia que Jesucristo, Hijo de Dios y de Maria, muerto y resucitado por nosotros, los hombres, da a todos su fuerza y su luz para responder a las preguntas más decisivas para el vivir humano, y así responder también a la vocación a la que ha sido llamado: «Cristo es la respuesta verdadera a todas las preguntas sobre el hombre y su destino», acaba de decirnos el Papa en la vigilia de la juventud en Cuatro Vientos de Madrid.

8.           Al convocar este Año Jubilar en el Santuario donde se venera la sacratísima Imagen coronada de Nuestra Señora de Guadalupe, en el 75 aniversario de su coronación canónica, vuestros Obispos, queridos diocesanos de Toledo, no pretendemos otra cosa que con María y de la mano de Ella, bajo su amparo y protección, con su ejemplo único, volváis vuestra mirada a Jesucristo, que la tengáis fija en El y prosigáis el camino de Jesucristo sin retiraros de Él, que contempláis su rostro y aprendáis de El, que no os paráis ni os causéis en la obra de renovación y revitalización que el Espíritu Santo está impulsando por doquier, como hemos podido apreciar, entre otros, en el Concilio Vaticano II, en nuestro Sínodo diocesano, en el Gran Jubileo del 2000, en el florecimiento de vocaciones sacerdotales, en los grupos de juventud que están emergiendo con fuerza y alegría, en la última visita del Santo Padre a España.

Ha sido, sin duda, un acontecimiento de gracia, un hecho providencial de muy largo alcance esta visita del Papa a España, cuyo alcance aún no sonios capaces de calibrar, aunque ya lo estamos vislumbrando en el gozo y la alegría que nos ha dejado; en el mensaje que nos ha legado; en la dicha grande de ser Iglesia que hemos experimentado y avivado; en la unidad de corazones» en la sintonía de afectos y de pensamientos, de alegría y esperanza pascual, de gozo en el Espíritu que hemos vivido»; en el ánimo decidido que nos ha infundido para evangelizar; en los miedos y complejos que ha borrado o disipado; y en la gran esperanza que ha suscitado en todos, en general, y en particular en nuestra querida diócesis de Toledo.

No sabemos, además de la declaración solemne de la santidad de cinco santos españoles que ya es un fruto del Espíritu muy concreto, importante y significativo, cuales han sido o cuales serán los frutos que el Espíritu ha llevado o llevará a cabo entre nosotros. Pero de lo que sí somos testigos y estamos seguros, porque «lo hemos visto y palpado con nuestras ma­nos>, es que se lía tratado de un gran y nuevo Pentecostés entre nosotros: un viento recio ha soplado los días 3 y 4 de mayo sobre España. El Espíritu Santo, como sobre la Virgen María, ha descendido sobre esta tierra, por tantos motivos bendita y fecunda en su historia.

9.           Ahora nos toca a nosotros, atentos a «lo que el Espíritu ha dicho a la Iglesia> y ha hecho en medio y favor nuestro en este acontecimiento, hacer realidad cuanto Dios, por la voz autorizada del Papa, nos pide en esta hora suya. A esto ha de contribuir el Jubileo Guadalupano que ahora comienza: para eso lo convocamos ahora: para que prosiga y sedi­mente este paso del Señor entre nosotros, para que continúe ese impulso que nos deja en esta visi­ta del Sucesor de Pedro «la Fuer­za de lo Alto>’, el Espíritu que se posó en Maria y se adueñó de Ella. En todo lo que ha acontecido en la visita del Papa no olvidemos que los dos actos principales han sido la canonización de cinco santos espa­ñoles como camino para todos y el en­cuentro con los jóvenes, «centinelas de la mañana» de un nuevo día para la humanidad y esperanza de futuro para la sociedad y la Igle­sia, en los gestos que hemos visto al Papa y que se han producido en torno a él y en sus palabras, rubricadas por el testimonio de su persona y el "testimonio interior” que nos ha dejado dentro el Espíritu, en todo ello tenemos el camino de renovación que pretende esta convocatoria del Jubileo en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.

10.                  Que la celebración de este Año Jubilar contribuya a que secundemos todos la llamada que el Papa hacia a los jóvenes a la interioridad y a la contemplación, al estilo de la Virgen Maria, porque sin esa vida interior no habrá Iglesia con vida, como «sin interioridad la cultura carece de entrañas» (Juan Pab!o II); que ayude a cuantos peregrinos se acerquen a Guadalupe a recobrar el vigor del espíritu y la valentía de una fe vivida para hablar y testimoniar de Jesucristo sin miedo ni complejos y convertirnos todos en apóstoles de nuestros contemporáneos, singularmente de los jóvenes; que contribuya a que todos sigamos decididamente a Jesucristo, nuestra reconciliación y nuestra paz, y trabajemos por esa paz tan urgente como amenazada y frágil hoy que sólo Él nos puede dar y esclarecer; que de esta celebración puedan surgir abundantes y santas vocaciones al ministerio sacerdotal. a la vida consagrada y a la acción misionera de la Iglesia. Que nos ayude la celebración de este año a los cristianos a «permanecer fieles al Evangelio, a defender y promover la unidad de la familia, a custodiar y renovar la identidad católica de nuestro pueblo, a «trabajar continuamente para mantener esta tradición espiritual y cultural> (Juan Pablo II, en la audiencia del miércoles 7 de mayo).

 

11.                No es casual que este Año Jubilar, en los momentos en que se va a celebrar, tenga lugar en esta noble región de España, Extremadura, cuyos hijos se distinguieron muy mucho en la obra evangelizadora de América. No deja de ser, en el mismo sentido significativo que el santuario mariano de Guadalupe de la tierra española esté tan ligado a la obra de España y de la Iglesia en América, a la fe en las tierras hermanas de América, a la devoción tan entrañable a la advocación del mismo nombre,"Guadalupe", de las tierras mexicanas; la invocación en tantas partes del mundo, y por parte de tantos pueblos, a la Virgen María en la advocación común de Guadalupe, en unidad de sentimientos y corazones, constituye otro hecho más a tener en cuenta, que también nos habla al emprender la andadura de este Año Jubilar. ¿No querrá el Señor decirnos algo significativo con esto? ¿No se tratará, acaso, de una llamada fuerte a la diócesis toledana a renovar en nuestros días la gran empresa misionera y evangelizadora de otros tiempos, a ser cada día más evangelizada y evangelizadora?¿No sentimos tal vez ahí la llamada a la unidad con los pueblos de América y a la solicitud por aquellas iglesias hermanas?

12.         Tampoco puede pasar inadvertido el que este Año Jubilar, tras la visita del Papa, se celebre en este Santuario donde se venera la imagen de Guadalupe ante la que toda España se ha postrado a lo largo de los siglos y que ha tenido un puesto tan significativo en momentos importantes de nuestra patria.¿No será una llamada más a reavivar las raíces cristianas a las que anteriormente hemos aludido, como nos ha convocado el Papa?

13.         Como ha señalado el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española, a propósito de esta visita del Papa: “Tenemos aquí marcado el camino para la auténtica renovación de la Iglesia, para una nueva primavera de santidad y de vida cristiana, y para una realización más honda de nuestro Plan Pastoral. La savia del catolicismo que a lo largo de nuestra historia ha generado tantas vidas heroicas y ha aportado a la Iglesia universal tantos frutos de cultura, de evangelización y de servicio al hombre, sigue latiendo en las raíces más profundas de nuestra personalidad e identidad cultural. Preciso es ahora reconocer esa rica savia, apreciarla y vivirla, de modo que robustezca la vida interior de nuestras comunidades y produzca en nuestras diócesis frutos nuevos de dinamismo pastoral y audacia evangelizado­ra en los inicios de este nuevo Mi lenio, para gloria de Dios y pleni­tud del hombre”.

A llevar a cabo todo ello debería conducirnos y ayudarnos el presente Jubileo que ahora comenzamos, con el auxilio de la gracia y la ayuda e intercesión de la Santísima Virgen María, a cuyas plantas acudiremos como peregrinos este Año Jubilar con las debidas disposiciones de humildad y confianza, con la actitud penitencial requerida, acercándonos al sacramento de la penitencia y participando en la Eucaristía, con sentido de oración y siguiendo el modelo insuperable de contemplación del Señor que es la Virgen Maria.

14. Con esta Carta Pastoral invitamos a todos los miembros del Pueblo de Dios que está en esta Archidiócesis de Toledo, en tierras extremeñas o en tierras castellano manchegas, a que se acerquen como peregrinos hasta el Santuario de la Virgen de Guadalupe para participar en las gracias de este Año Jubilar. Quisiéramos propiciar cuanto fuese posible estas peregrinaciones y favorecerlas, como en otro tiempo hiciera el Arzobispo D. Pedro Tenorio que no dudó para este fin construir incluso un puente que ha dado lugar a ese pueblo que lleva precisamente el nombre de Puente del Arzobispo. Por eso, que las parroquias. grupos, movimientos y familias organicen peregrinaciones hasta este lugar.

La Diócesis, por su parte, promoverá peregrinaciones diocesanas de sacerdotes, de vida consagrada, de jóvenes, de enfermos, de catequistas, de profesores de Religión, del apostolado seglar, de Vicarías territoriales... Comenzaremos con la peregrinación del Seminario diocesano en el último día de mayo para hacer la consagración de los seminaristas a Nuestra Señora y le seguirá, el día 12 de julio, fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote la peregrinación de los sacerdotes: con ello queremos dar a entender, que los sacerdotes y seminaristas que están en el corazón de la diócesis, son los primeros que acuden y que ven el significado y alcance de este gesto. Ya están también previstas las peregrinaciones diocesanas de jóvenes y profesores de religión para el otoño. Animaos todos y acudid a este nuevo momento de gracia que se nos ofrece a través de la Santísima Virgen Maria, a la que veneramos como Virgen de Guadalupe, y de cuyas bodas de platino de su coronación nos alegramos y alabamos al Señor, con el deseo de que, en verdad, ella sea nuestra Reina y Señora, como se simboliza en esa corona que le impusiera el cardenal Pedro Segura en el 12 de oc­tubre de 1928.

Conclusión

15. Que la Santa Madre de Dios, nuestra Madre y Señora, Virgen de Guadalupe, nos auxilie en este Año jubilar para que sea un año de gracia para cuantos acudan a Ella como peregrinos con las debidas disposiciones, que sea un año de gracia para las tierras y las gentes muy queridas de Extremadura, que lo sea para toda la Archidiócesis de Toledo, que siente la dicha de contar entre los dones más entrañables de la divina Providencia este lugar sagrado, y para las diócesis hermanas extremeñas. Que la Virgen de Guadalupe os acompañe y proteja siempre en vuestro caminar, y os conduzca a su Hijo, Jesucristo, que es el Camino de Dios al hombre, del hombre a Dios de hombre a cada hombre. Que la Santísima Virgen de Guadalupe ayude, proteja y bendiga a los PP. Franciscanos a los que agradecemos tanta delicadeza y buen hacer, entrega y solicitud con la que vienen sirviendo este Santuario desde comienzos del siglo pasado. Y que, después de este destierro, nos muestre a Jesús para que vivamos siempre dichosos en su presencia.

Con nuestra bendición para todos.

En el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, a 11 de mayo de 2003.