EL RITO HISPANO-MOZÁRABE

 

1. Un Rito venerable de la Iglesia Española, conservado en Toledo

2. Breve aproximación litúrgico-pastoral

3. Historia y renovación del Misal Hispano-Mozárabe

4. Por primera vez un Papa celebró en este venerable Rito

5. Mozárabes en Toledo

UN RITO VENERABLE DE  LA IGLESIA ESPAÑOLA, CONSERVADO EN TOLEDO

 

El Rito Hispano es uno de los diversos que en el transcurso de los tiempos se fueron formando en las distintas regiones donde se extendió la Iglesia. Todos los ritos derivan de aquella primera «fracción del pan» que practicaron los apóstoles, según las instrucciones recibidas de Jesús, para conmemorar su muerte y resurrección, celebrando la Eucaristía. Posteriormente, a la primitiva sencillez de aquellas celebraciones se fueron añadiendo nuevos elementos de lecturas sagradas, oraciones e invocaciones, diferenciadas según el tiempo y el lugar. Así fueron surgiendo las diversas maneras de la celebración que ahora llamamos ritos.  Surgieron los ritos orientales, y surgieron los ritos occidentales, celebrados todos en latín, pero con diferencias entre ellos.  Tales fueron el rito romano, el milanés o Ambrosiano, el galicano, el norte-africano, el bracarense y el hispánico.

     El rito Hispano es, por tanto, la manera propia de celebrar las acciones litúrgicas en la Iglesia Española en los primeros diez siglos de su historia.  Se usó primero por los cristianos hispano­-romanos, se siguió usando bajo la dominación de los visigodos, época en que los grandes Padres de la Iglesia visigoda lo enriquecieron considerablemente, y también por los cristianos que permanecieron bajo la dominación musulmana en las diversas regiones de la España dominada y los que se mantuvieron en las regiones no ocupadas.

     Cuando el Papa Gregorio Vll decidió extender el rito romano a toda la cristiandad europea, los reyes de Aragón y después los de Castilla, no sin resistencias, acabaron por aceptar el rito romano, desapareciendo entonces el rito español en los reinos cristianos de la península, Se mantuvo, sin embargo, en los territorios ocupados y fue entonces cuando comenzó a llamarse «mozárabe», como se llamaba a los propios cristianos sometidos al Islam.  El centro fue Toledo, ya que en el Ándalus eran pocos los cristianos residentes, a causa de las constantes emigraciones y también de las apostasías producidas por la continua presión de los dominadores.

     Cuando en 1085 Toledo fue reconquistada del poder musulmán por Alfonso VI de León y Castilla, se planteó el problema de la pervivencia del rito mozárabe. El rey pretendía abolir el rito ancestral, presionado por sus consejeros monjes de Cluny, partidarios de la unificación gregoriana.  Los mozárabes toledanos, que habían tenido parte destacada en la reconquista de la ciudad, no querían perder sus fórmulas tradicionales de expresar la fe, que les habían mantenido unidos durante los siglos de dominación musulmana.

Se llegó a una solución de compromiso. El rito Mozárabe se mantendría vigente en seis parroquias de la ciudad, a las que se asignaron los cristianos que vivían en ellas antes de la Reconquista, fuera de distribución territorial, introduciéndose el rito Romano en la Catedral y en las Parroquias territoriales creadas para los nuevos pobladores castellanos y francos.

     Así perduró el rito Hispano-Mozárabe en seis Parroquias.  Y así se han conservado también unas familias, que agrupadas por esa singularidad de su condición, arropadas por los privilegios que les fueron concediendo los reyes castellanos, y a causa de su pertenencia personal a dichas parroquias, han mantenido viva su mozarabía, atestiguada por lo libros parroquiales, mientras en otras partes de España, los descendientes de los antiguos mozárabes han perdido la memoria de su origen.

     Pronto, sin embargo, los mozárabes toledanos, por diversas causas, comenzaron a disminuir en algunas de las parroquias que les fueron asignadas, hasta el punto de que en siglo XVI ya no tenían feligreses las parroquias de san Sebastián y de san Torcuato. Pero se mantuvieron en las otras, incluso con feligreses que residían fuera de Toledo, que por ser feligreses a título personal y razón de descendencia, seguían tributando sus diezmos a la parroquia mozárabe a que pertenecían.

     Y siempre, los de fuera y los de dentro, bajo la autoridad pastoral de los Arzobispos de Toledo, considerados Superiores del Rito, como lo ha reconocido recientemente la Santa Sede al aprobar los prenotandos del Nuevo Misal.

 

Breve aproximación litúrgico-pastoral

 

Para el fiel que se acerca por primera vez a una “Misa mozárabe” la impresión es la de verse envuelto en un diálogo vivo entre la comunidad y su Señor y Salvador, Jesucristo.

     Queda lejos cualquier frialdad o esquematismo sintético, aquí el arte del bien decirse despliega en plegarias y cantos que reclaman constantemente la respuesta de la asamblea que aclama diciendo “Amén”,  “Aleluya”, o responde con breves e insistentes estribillos.

     La celebración nos sumerge en el “hoy” del misterio, en curiosa comunión entre el cielo y la tierra, como lo expresan muchos textos litúrgicos hispanos. Al mismo tiempo se aprovecha al máximo la virtud didáctica de la celebración, que guarda abundantes elementos rituales con fuerte sabor catecumenal o mistagónico; la fracción del Pan en nueve partículas que evocan los principales misterios de la vida de Cristo o el Padre nuestro desgranado por el sacerdote y acogido por la asamblea con sus “amenes”.

     Al mismo tiempo muchos elementos manifiestan el amor por la fe recibida y el deseo de custodiarla conservando gran número de antiquísimos elementos litúrgicos- así el elevado número de lecturas, tres cada día y cuatro en días y tiempos penitenciales; o el mantener como fórmula de oración universal los Dípticos y estos unidos al Rito de la Paz antes de comenzar la plegaria eucarística.

     Por lo que se refiere a la Plegaria Eucarística tendremos que decir que guarda en el fondo su antiquísima estructura antioquena, de base narrativa y una única epíclesis (invocación del Espíritu Santo) al final de la misma tras el relato de la Institución.  Pero también ha incluido novedades alejandrinas, que posiblemente llegaron desde Roma., y se articuló en tres oraciones concatenadas que se hicieron variables según los días: l) Illatio, 2) Post Sanctus, 3) Post Pridie. Esta variabilidad permitió un amplísimo margen de creatividad dotando cada domingo y día con liturgia propia de una específica Plegaria Eucarística..

     Pero esta riqueza se desplegó también a lo largo del resto de la celebración haciendo variables tres plegarias que formaban parte de los Dípticos: l) Oratio Adminitionis - más bien una monición dirigida al pueblo-, 2) Alia, 3) Post Nomina; así como la oración que acompaña al Rito de la Paz, Ad Pacem, y la monición que introduce el Padre nuestro.  De este modo toda la riqueza teológica y espiritual de los Padres de la Iglesia Hispana se vertió en fórmulas litúrgicas que llegaron a suplir en gran medida a otros tipos de literatura sacra.

     Las siete oraciones típicas de nuestra Liturgia serán ya comentadas por san Isidoro (De Eccl.  Off 1, 15) a la hora de presentar las originales del Rito.

     Las partes fijas del Ordinario de la Misa han quedado reducidas prácticamente a las dos series de súplicas de los Dípticos y a una serie de cantos prácticamente invariables, salvo raras excepciones: el “Gloria”, el “Hágios”, el canto “Ad Pacem”, el “Sanctus-Benedictus” y el canto de comunión “Ad Accedentes”.

     Los estilos celebrativos oscilaron desde los orígenes a nuestros días, pero a la época de esplendor (siglos VI y VII), corresponde el influjo de la solemnidad que la Liturgia había adquirido ya desde el siglo precedente tanto en Roma como en Bizancio. Esta Liturgia solemne, cuajada de textos ricos de contenido, la conservaron los Mozárabes tal y como se refleja en los libros litúrgicos de los siglos X y XI (como el Antifonario de León o los Liber Ordinum episcopal y sacerdotal). Más tarde, en Toledo, se producirá la salvaguarda de la Liturgia suprimida ya en el resto de España y sustituida por la Romana.  Este proceso implicará una paulatina introducción de elementos nuevos locales que se han de valorar convenientemente,

     Como conclusión, podemos afirmar, que la Venerable Liturgia Hispano-Mozárabe es un buen ejemplo de conservación de la esencial unidad de la fe, vivida y expresada de modo original, conjuntando la incorporación de elementos nuevos, en diálogo con otras familias litúrgicas y con las cambiantes circunstancias históricas, y la celosa custodia de elementos tradicionales motivada y hecha gratitud por el legado de fe de los mayores y asumida como referencia de identidad en un contexto muchas veces contrario y hostil.

 

 

Historia y renovación del Misal Hispano-Mozárabe

La última revisión ha pretendido restaurar la pureza primitiva de los textos

 

Cuando el paso de los tiempos puso en peligro la pervivencia del rito en las propias parroquias, -los antiguos libros en pergamino, costosos de rehacer, llegaban a hacerse ininteligibles para las nuevas generaciones de clérigos-, llegó la imprenta, de la mano generosa del cardenal Cisneros, que tras una cuidadosa revisión de los manuscritos que seguían usándose en las parroquias y de los que ya estaban sin uso, por su difícil lectura, ordenó la publicación del Misal y Breviario Mozárabes, para que la Antigua Liturgia Hispana pudiera seguir celebrándose en las parroquias supervivientes y en la Capilla del Corpus Christi que él mismo instituyó en la Catedral Primada.

     Posteriormente el Cardenal Lorenzana, al agotarse los misales de la edición anterior, hizo una nueva edición, muy cuidada y anotada, sin pretender la modificación del texto en el cuerpo del Misal. Seguía siendo un medio mejorado para la celebración del Rito tal como venía practicándose en la Capilla y parroquias mozárabes de Toledo.

 

A la luz del Concilio

 

Recientemente se ha efectuado una nueva revisión del Misal que ya no pretendía sólo mantener al día la celebración en Toledo, como en las revisiones anteriores. Se pretendía, siguiendo las directrices marcadas por el Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia para todos los Ritos Católicos, restaurar la pureza primitiva de los textos y del orden de celebración, no ya sólo en Toledo, sino también en cualquier lugar de España, donde la devoción o el interés histórico-litúrgico lo requiriera.

     Tal ha sido la obra que durante su pontificado promovió el Cardenal Primado, don Marcelo González Martín, en su doble calidad de Arzobispo de Toledo-Superior responsable del Rito y de Presidente, a la sazón, de la Comisión de Liturgia de la Conferencia Episcopal. Lo realizó con el nombramiento de una Comisión de expertos sacerdotes toledanos y de otras diócesis así como de congregaciones religiosas, que en un trabajo de nueve años, consultando archivos y bibliotecas, manuscritos y códices publicados, lograron restituir el Misal Hispánico a su auténtica y genuina pureza, eliminando las adherencias que se habían agregado a través de los siglos e incorporando lo que se había perdido en Leccionarios, Fiestas de algunos santos, etc.

 

Por primera vez un Papa celebró en este Rito la Santa Misa en mayo del año 1992

 

En el año 1992, fue presentado al Santo Padre Juan Pablo II el primer volumen del Nuevo Misal Hispano-Mozárabe. El Papa quiso entonces celebrar la Santa Misa en este Venerable Rito, y así lo hizo el 28 de mayo de 1992, solemnidad de la Ascensión del Señor.

     No era la primera vez que las melodías mozárabes resonaban bajo las bóvedas de la Basílica Vaticana; durante la celebración del Concilio Vaticano II se ofició en el Aula Conciliar una Misa en Rito Mozárabe que presidió el Excmo. Mons.  Anastasio Granados, Obispo Auxiliar de Toledo, que había sido antes capellán mozárabe. Sí era la primera vez, según creemos, que la Misa Mozárabe era celebrada por el Papa. Dentro de los múltiples cuidados y atenciones que el pastoreo de la Iglesia Universal hace gravitar sobre el corazón del Santo Padre, quiso dedicar un espacio a la celebración de esta Liturgia Hispano-Mozárabe que venía de renovarse.  Fue como si, por decirlo de alguna manera, las manos de Juan Pablo II elevasen la patena de la fe de la Iglesia Hispana, de sus mártires, confesores, vírgenes y doctores, unida con la Iglesia de Roma, por cuyo vigor ha brotado la floración del Pueblo de Dios en su caminar por las tierras de España.

 

LOS MOZÁRABES EN TOLEDO

 

Pocas tradiciones perviven a lo largo de los siglos con la intensidad que lo ha hecho la comunidad mozárabe de Toledo. Quizás la única de origen religioso que permanece viva y mantiene su liturgia, de origen hispano-godo, desde que estas tierras estuviesen bajo dominación árabe. Los mozárabes, antiguos pobladores de la Península Ibérica que, durante la dominación islámica se arabizaron, mantuvieron a pesar de la conquista su fe cristiana, sus iglesias y las costumbres de sus mayores, agrupándose en parroquias personales, como Santa Justa y Rufina, San Marcos, San Lucas, Santa Eulalia, San Sebastián y San Torcuato, incluso después de la Reconquista, situando en Toledo una especie de sede y lugar de referencia para no perder su identidad.

Generación tras generación, la memoria mozárabe ha sido mantenida por numerosas familias toledanas, que hoy viven con orgullo esta condición. En la actualidad son cerca de 2.000 las familias censadas como mozárabes que forman la Comunidad, repartidas en Toledo y sus alrededores, además de encontrar mozárabes en Madrid y otros puntos de la geografía nacional e internacional.

Los caballeros Mozárabes visten como distintivo manto de paño azul con un gran cuello y en el brazo llevan la cruz de Alfonso VI, de doce puntas: tres en cada extremo, sobresaliendo la central, esmaltada en blanco y cantoneada en oro. Llevan birrete del mismo color, octogonal.

La comunidad Mozárabe, formada por familias, cuenta en la actualidad con una rama social, la Hermandad de Caballeros y Damas Mozárabes que desfilan en la Procesión del Corpus Christi, entre otros actos, y una rama cultural , a través del instituto de Estudios Visigóticos de Toledo.

El Cardenal Cisneros hizo construir la capilla del Corpus Christi para que en ella, por privilegio papal, se celebre la misa y el oficio coral según el rito Mozárabe, supervivencia de la liturgia hispano-visigoda, conservada por los cristianos que vivieron sometidos al dominio árabe. Protegida por una reja gótica encierra en su interior un mosaico de la Virgen con el Niño, mandado construir en Roma por el Cardenal Lorenzana, y una gran pintura mural conmemorativa de la toma de Orán por el Cardenal Cisneros, regente del Reino en 1509, bajo una cúpula octogonal obra de Juan Manuel Theoitocopuli, hijo del Greco.

 

 

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