700 peregrinos acompañaron al Sr. Cardenal
en los actos del Consistorio
Ocho cardenales españoles y catorce obispos y arzobispos acompañaron a don Antonio Cañizares,en el Consistorio, así como numerosas autoridades y representantes de diversas instituciones. Además, 700 peregrinos se Toledo (más de 500), Valencia, Ávila, Granada y Madrid, quisieron estar en Roma junto al nuevo Cardenal.
Entre las autoridades se encontraban el Ministro de Defensa, don José Bono, el presidente de Castilla-La Mancha, don José María Barreda, el presidente de las Cortes regionales, don Fernando López Carrasco, y el alcalde de la ciudad, don José Manuel Molina. El sábado la representación oficial estuvo presidida por la vicepresidenta primera del Gobierno, doña María Teresa Fernández de la Vega, que ofreció al Sr. Cardenal una cena y una recepción en la embajada de España ante la Santa Sede
El presidente de Castilla-La Mancha, que estuvo acompañado por el vicepresidente segundo del Gobierno regional, Emiliano García-Page, definió el acto como muy emotivo y espectacular, e hizo entrega al Sr. Cardenal de un crucifijo de damasquino, elaborado por un artista toledano. «Es impresionante poder asistir tan de cerca a una ceremonia tan importante, sobre todo para la Iglesia Católica», argumentó.
Por su parte, el alcalde de Toledo regaló a don Antonio Cañizares una cruz procesional y le pidió que pudiera ser bendecida en el Vaticano y, posteriormente, llevada en los actos en la catedral de Toledo.
El alcalde dijo a Europa Press que para él es «un orgullo y satisfacción este día». Recordó que ya ha vivido dos consistorios «porque dos arzobispos de Toledo fueron elegidos cardenales y al parecer esto no tiene precedentes».
Al crear quince nuevos cardenales, Benedicto XVI les pidió que entreguen su vida para ayudarle en su misión de anunciar al mundo que Dios es amor. Participaron en el primer consistorio público de este pontificado, celebrado al aire libre en la plaza de San Pedro a causa de la afluencia de miles de peregrinos, cardenales de todo el mundo llegados hasta Roma, así como autoridades civiles de los países de origen de los nuevos «príncipes de la Iglesia».
En la homilía, el Santo Padre resumió el sentido de la llamada a ser cardenales con «la palabra que he puesto como centro de mi primera encíclica: «caritas»», amor, argumento que se ha convertido en el eje de este pontificado.
Según él mismo explicó, el color de la púrpura cardenalicia, que en este día recibieron, debe reflejar precisamente el «amor apasionado por Cristo, por su Iglesia y por la humanidad». « Que sea realmente símbolo del ardiente amor cristiano que refleja vuestra existencia».
«Cuento con vosotros, venerados hermanos, cuento con todo el Colegio del que pasáis a formar parte, para anunciar al mundo que «Deus caritas est»», Dios es amor. El obispo de Roma reconoció que esta misión debe cumplirse «con el testimonio de sincera comunión entre los cristianos».
«Cuento con vosotros, queridos hermanos cardenales, pa-ra hacer que el principio de la caridad pueda irradiarse y logre vivificar a la Iglesia a todos los niveles de su jerarquía, en toda comunidad e instituto religioso, en toda iniciativa espiritual, apostólica y de animación social».
«Cuento con vosotros –insistió– para que el esfuerzo común de poner la mirada en el Corazón abierto de Cristo haga más seguro y veloz el camino hacia la unidad plena de los cristianos».
El Papa pidió, por último, la colaboración de los cardenales «para que gracias a la atenta valoración de los pequeños y de los pobres, la Iglesia ofrezca al mundo de modo incisivo el anuncio y el desafío de la civilización del amor».
El momento más emocionante del acto litúrgico tuvo lugar cuando, uno tras otro, los cardenales se fueron arrodillando ante el Papa para recibir el birrete cardenalicio, cuyo color, como leyó el Papa, indica la disponibilidad «de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y armonía entre el pueblo de Dios, por la libertad y la extensión de la Santa Iglesia Católica Romana».
Aplausos espontáneos siguieron al abrazo que después intercambió el Papa con cada uno de los cardenales. El primero en acercarse al pontífice fue el arzobispo estadounidense William Joseph Levada, quien ha sustituido al cardenal Joseph Ratzinger como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Los aplausos del cerca del millar de peregrinos que acompañaban a don Antonio Cañi-zares se oyeron con fuerza en toda la plaza de San Pedro cuando el Papa la impuso la birreta y le entregó en título de la iglesia romana de San Pan-cracio.
Fue también un momento muy emotivo cuando el Papa se levantó de la sede y se inclinó para entregar el birrete al cardenal Peter Poreku Dery, arzobispo emérito de Tamale (Gha-na), de 87 años, quien estaba en silla de ruedas.