DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA
Comprometidos con nuestra Iglesia Diocesana
La Iglesia Diocesana, la Diócesis, no es una parte o división de la Iglesia universal; es toda la Iglesia de Cristo que se hace presente en un lugar concreto, con unas personas concretas, unidas a la universalidad del Pueblo de Dios extendido por todo el mundo.
Así es nuestra Diócesis de Toledo, nuestra Iglesia Diocesana: comunidad de creyentes de la provincia de Toledo y parte de las de Cáceres y Badajoz que, conducida por su Pastor, anuncia la verdad del Evangelio, da culto a Dios por Jesucristo y hace realidad el mandato del amor entre los hombres.
Para que nuestra Iglesia Diocesana, tenga vida y pueda llevar adelante el plan salvífico que Dios le ha confiado debe atender con holgura a una serie de áreas o sectores imprescindibles para su desarrollo normal:
–Templos y edificios: Templos nuevos en barriadas nuevas, para no llegar tarde a donde la vida llega pronto. Numerosas y costosas obras de conservación y reparación en gran parte de los templos antiguos de los pueblos. Salones parroquiales en no pocas poblaciones para las diversas actividades apostólicas.
–Apostolado: Atención pastoral a niños, jóvenes y adultos. Catequesis, Escuelas de Catequistas, organizaciones de Apostolado Seglar, Cursillos, Asambleas, Convivencias...
–Nuevos medios para la nueva evangelización: Medios de comunicación diocesanos al servicio de la sociedad y de la cultura: publicación semanal «Padre Nuestro», Radio Santa María de Toledo, Canal Diocesano de Televisión, página web y nuevas tecnologías para la evangelización...
–Caridad: «Aún suponiendo, que ya es suponer, que la justicia se cumpliera siempre, quedaría un ancho campo a la caridad cristiana»: Albergues y numerosas residencias, guar-derías, colegios, Cáritas Diocesana, Cáritas interparroquiales, comedores de caridad, Centros de Reinserción Social, Hogar 2000.
–Sacerdotes: Nuestros curas, ministros de Dios que, dentro del marco de la pobreza evangélica, puedan vivir con dignidad en el ambiente en que se desenvuelven.
–Centros de Formación y Seminarios: Mirando al mañana, la Iglesia Diocesana busca futuros sacerdotes, fomenta las vocaciones, las cuida, las conserva, las tiene que formar. Para esta tarea están el Instituto Superior de Estudios Teológicos, el Seminario Mayor San Il-defonso y el Seminario Menor Santo Tomás de Villanueva. Los Seminarios Diocesanos, que este año cuentan con más de doscientos alumnos, son una fuente de gastos, aún contando con ayudas, la colecta anual y con que bastantes familias de los propios seminaristas colaboran son sus aportaciones.
–Organización nacional: Porque la Iglesia está viviendo un sentido de colegialidad de todos los obispos y necesitan estudiar juntos temas comunes, orientarse en soluciones idénticas, decidir en compromisos de todos, porque la Iglesia en España tiene unas Diócesis más pobres que otras, es necesario el testimonio de la caridad: cada parroquia contribuye con una aportación económica por habitante y año, a la Conferencia Episcopal Española para formar un Fondo Común Interdiocesano que aminora diferencias.
–Misiones: Es el encargo, último deseo, última voluntad del Señor: «Id al mundo entero y predicad...» Nuestra Iglesia Diocesana tiene conciencia de ello, por eso, además de los numerosos misioneros repartidos por todos los países del mundo, tiene un compromiso especial con la Prelatura de Moyobam-ba, en Perú, encomendada a nuestra diócesis por la Santa Sede, y en la Mision Diocesana de Lurín, también en Perú. En ellas prestan sus servicios un numerosos grupo de sacerdotes diocesanos.
Para atender a esta serie de acciones pastorales y otras no enumeradas, nuestra Iglesia Diocesana necesita, como es natural, medios materiales. La Iglesia que queremos es la misma de Cristo, y Cristo quiso que ella caminara, durante siglos y siglos, por las sendas de este mundo, cumpliendo su misión en favor de los hombres.
En su sostenimiento, la Iglesia no tiene privilegios del Estado. Este, a través de la «Asignación Tributaria» (la famosa cruz en la Declaración de la Renta) se convierte en transmisor de las cantidades que los contribuyentes quieren destinar al mantenimiento de la Iglesia. El año pasado, 2005, la aportación ha supuesto el 30% de lo que nuestra diócesis necesita. Parece claro que quienes deben sostener a su Iglesia son sus creyentes. Así viviremos con mayor lealtad y con mayor firmeza. Y seremos fieles del todo a la afirmación católica de la libertad religiosa.
Son muchos los creyentes comprometidos en este quehacer diocesano; de ellos proviene, por sus aportaciones voluntarias, una buena parte del fondo necesario. Pero es insuficiente. Hay que superar, llegar a más generosidad, en compromiso con nuestra Iglesia Diocesana.