Sr. Cardenal: “No es posible un Estado ateo; se vuelve contra el hombre”

 

El Cardenal Primado, don Antonio Cañizares Llovera, ha afirmado esta mañana, ante una multitud de fieles congregada en la catedral toledana, para celebrar la festividad de la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad, que “el verdadero problema de nuestro tiempo es la quiebra de humanidad, o sea, la falta de una visión verdadera del hombre inseparable de Dios”. Con palabras de Benedicto XVI, ha recordado que “cuando Dios desaparece, el hombre no llega a ser más grande; al contrario, pierde la dignidad divina, pierde el esplendor de Dios en su rostro. Al final se convierte sólo en el producto de una evolución ciega, del que se puede usar y abusar".

 

En otro momento de su homilía, ha constado que “la quiebra moral y de humanidad que hoy padecemos está unida inseparablemente a la crisis de Dios, a su ausencia del espacio humano y cultural. Todo cambia si hay Dios o no hay Dios”, ha recordado.

Y después ha precisado que “el hombre es grande sólo si Dios, es Dios, si Dios es grande, todopoderoso, creador y señor de todo. Vivimos según el cliché: No hay Dios, y si lo hay no interesa e incluso estorba. Sin duda el olvido de Dios, o el rechazo de Él, es el acontecimiento fundamental de los tiempos de indigencia y pequeñez humana que vivimos, a pesar de que para algunos parezca lo contrario; no hay otro que pueda comparársele en su radicalidad y en sus graves consecuencias”.

Tras recordar las palabras de Santa Teresa de Jesús, "quien a Dios tiene nada la falta, sólo Dios basta", ha precisado que “el no tenerle a Él es la más grande de las indigencias, la mayor de las pobrezas: al hombre le falta todo cuando le falta Dios, porque le falta cuanto de verdad pueda llenar su corazón grande, su alma ansiosa y sedienta de bien, de amor, de verdad, de hermosura, de felicidad, de grandeza; cuando le falta Dios pierde el esplendor y la grandeza de Dios en su rostro. Eso es lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época. Sólo desde Dios, sólo a partir de Él, la tierra llegará a ser humana; la tierra será habitable a la luz de Dios; allí donde se deja a Dios ser Dios, donde se deja y se busca que se muestre su grandeza y se cumple la voluntad de Dios, allí está Dios, está el cielo, puede la tierra convertirse en cielo”.

 

            Don Antonio Cañizares ha dicho también que “el día en que, hablando hipotéticamente, llegase a todas las partes el anuncio de la muerte de Dios, de su olvido total y de su desaparición de su Nombre entre los hombres, sólo podría ser espantoso y terrible”.

“Pero démonos cuenta –ha añadido- seamos conscientes de lo que nos está sucediendo en esta sociedad: parece que hay un empeño en que así sea; existen voces y movimientos empeñados en ello. A esto puede conducir un laicismo esencial al que parece que se quiere llevar a nuestra sociedad”.

Don Antonio Cañizares ha precisado después que “ese laicismo esencial conlleva que Dios no cuente en la vida de los hombres, en las relaciones humanas, en el comportamiento público y social de la persona. El laicismo no deja espacio a la confesión y adoración del Nombre de Dios; es lo más contrario a aquel dicho del Señor: ‘Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César’. El laicismo no puede permitir que Dios tenga que ver con la organización de los hombres; considera intromisión abusiva el que se señalen principios morales fundamentales, validos en sí y por sí mismos, universales e imprescindibles para todos, que tienen su fundamento más firme en Dios creador”.

“Olvidan –ha continuado el Cardenal Primado- quienes así piensan, con ese laicismo esencial -y así lo demuestra la historia, incluso muy reciente- que no puede, por lo demás, haber una sociedad libre, en progreso de humanidad y solidaria, al margen de Dios, cuyo olvido o rechazo quiebra interiormente el verdadero sentido de las profundas aspiraciones del hombre, debilita y deforma los valores éticos de convivencia, socaba las bases para el respeto a la dignidad inviolable de la persona humana y priva del fundamento más sólido para el amor y estimación hacia los otros y el apoyo solidario e incondicional a los demás. Digo más: No es posible un Estado ateo; se vuelve contra el hombre. Quien no conoce a Dios, no conoce al hombre, y quien olvida a Dios acaba ignorando la verdadera grandeza y dignidad de todo hombre. Este es el gran y principal problema de nuestro tiempo: la carencia de una verdadera antropología que no se construye al margen de Dios y menos contra Él. El asunto es muy serio: si al hombre le faltase completamente Dios dejaría de existir”.

 

Don Antonio Cañizares ha concluido su homilía recordando que “la Iglesia y los cristianos tenemos el deber de afirmar a Dios, como María, con la garantía y la certeza de que así afirmamos y servimos al hombre. Tarea principal de la Iglesia es avivar y alimentar la experiencia de Dios hoy, dar testimonio de Dios, abrir las ventanas cerradas que no dejan pasar la claridad, para que su luz pueda brillar entre nosotros, para que haya espacio para su presencia pues allí donde está Dios nuestra vida resulta luminosa, incluso en la fatiga de nuestra existencia. Es preciso llegar al convencimiento, a la certeza, como la de la Virgen María, madre de los creyentes, madre de la Iglesia, de que la Iglesia existe para que Dios, el Dios vivo, sea dado a conocer, para que el hombre pueda vivir ante su mirada, en su presencia; la Iglesia existe para hacer habitable la tierra a la luz de Dios”.