Nota de prensa 26/07/2007

Don Antonio Cañizares: “La LOE y sus desarrollos curriculares no tienen en cuenta satisfactoriamente la dimensión espiritual e íntegra del hombre”

Madrid, CEU, 26-6-2007.- El cardenal arzobispo de Toledo y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Antonio Cañizares, ha asegurado, durante la inauguración del Curso de Verano ‘Educación para la Ciudadanía’, organizado por la Fundación García Morente y la Universidad CEU San Pablo, que el problema actual de la educación no es el de la escolarización, ni el de los medios, sino el reto fundamental de educar a la persona, enseñar al hombre y hacer que llegue a ser más, en todas las dimensiones del ser humano.

Cañizares, que ha pronunciado la conferencia ‘Enseñanza religiosa y educación para la ciudadanía’, ha subrayado que “hay que reconocer que los sistemas educativos no responden a la demanda de la educación. Han fracasado, no tanto por los aspectos organizativos, ni por el nivel de conocimientos, cuanto por los objetivos, metas y contenidos de la enseñanza”. El fracaso viene por la visión del hombre que se tiene en la educación; ahí radican los verdaderos problemas, ha dicho el arzobispo de Toledo, que ha aconsejado situar ahí el debate.

“La quiebra moral y humana que padece la sociedad es grave”, ha continuado Cañizares, para quien lo peor es no saber qué es lo moralmente bueno y lo moralmente malo. “Resulta muy grave el desplome del sentido de la vida, nada queda sobre lo que asentar la verdad del hombre”. “Los jóvenes buscan un sentido para la vida, o que la vida tenga sentido, y la escuela no les ofrece esta solución. Se les ofrece un sucedáneo de una falsedad. Mientras no se den respuestas adecuadas a sus anhelos, no se habrá avanzado lo suficiente”, ha denunciado el cardenal, que además ha aseverado que la LOE y sus desarrollos curriculares no tienen en cuenta satisfactoriamente esta dimensión espiritual e íntegra del hombre, al igual que tampoco lo tuvo el anterior sistema educativo. Sin esta formación no hay educación, no hay hombre, no hay persona. No se entiende que estas cuestiones no entren en el debate político, ha continuado el cardenal.

En este sentido, Cañizares ha denunciado el relativismo imperante en España, y lo ha calificado como el cáncer de la educación. “Se nos insta a asumir un horizonte en el que no hay nada por sí verdadero, porque no hay una verdad que nos preceda. Existe una mentalidad escéptica, subjetivista, que niega la verdad y el acceder a ella”.

“La escuela ha de atenerse con escrupuloso respeto a lo que representa la familia, y contribuir al desarrollo de sus fines” ha recordado el vicepresidente de la CEE, que se ha preguntado “cómo puede darse una ley educativa en la que la enseñanza religiosa quede reducida a una disposición adicional”.

“No caigamos en la trampa de considerar que la enseñanza religiosa es un asunto privado o de la Iglesia. La enseñanza de la religión católica en la escuela pública es un bien precioso de toda la escuela española, un servicio a toda la sociedad. Es un bien cultural, porque constituye la premisa para la comprensión del patrimonio cultural y artístico de nuestro pueblo, además de ser una necesaria formación como persona”, ha añadido Cañizares, que ha recordado además que “cuando el Estado reconoce la escuela católica cumple con su deber, y fallaría si no propiciase el libre y pleno ejercicio de este derecho. El itinerario escolar quedaría más pobre si no llevara la enseñanza religiosa en su currículo”, ha sentenciado el cardenal, que, sin embargo ha reconocido que esto no quiere decir que el Estado no tenga una serie de obligaciones sobre la formación de la ciudadanía.

“Personalmente valoro positivamente que haya una materia común que eduque a todos los niños y jóvenes para vivir juntos en la sociedad. Para que los alumnos se formen en los derechos fundamentales, participación ciudadana en el respeto a todas las personas” ha proseguido, para luego añadir que el 80 por cien de los contenidos de educación para la ciudadanía se desarrollan desde la perspectiva religiosa.

No estamos en contra de nadie, pero defendemos nuestra posición porque sabemos a dónde nos conduce este laicismo radical y el relativismo moral; se trata de aspectos en contraposición con la verdad del hombre, e inaceptables para los cristianos, ha manifestado el arzobispo, para quien el conjunto de los reales decretos sobre educación están traspasando los límites, sin tener en cuenta las convicciones religiosas de los padres.

Educación para la Ciudadanía, violación de la conciencia más íntima de las familias
En consonancia con las palabras del cardenal Cañizares, el presidente del Foro de la Familia, Benigno Blanco, ha denunciado la intrusión que significa una asignatura, la de Educación para la Ciudadanía, que “trata de definir un modelo de moral de persona, lo que expropia el exclusivo y constitucional derecho de las familias a decidir sobre este asunto”. Porque, ha expresado el ponente, lo que se persigue con la nueva asignatura no es la exposición de valores constitucionales y de los derechos humanos, sino instaurar una determinada concepción antropológica, una amenaza que “no nos hemos inventado, viene expresada literaria y conceptualmente en el propio Real Decreto”. Sólo por esta inaceptable intromisión, ha reseñado el ponente, ya habría motivos suficientes para oponerse a esta asignatura que “supone una violación de la conciencia más íntima de las familias”.

Precisamente, por la lesión que se produce del derecho inalienable de los padres a decidir sobre la formación de sus hijos, Blanco ha conminado a las familias a hacer uso de la legítima objeción de conciencia. Una fórmula que, ha expresado en su intervención, “no supone apelar a la desobediencia civil, sino una defensa de la libertad”. Es más, durante el transcurso de su intervención, el presidente del Foro de la Familia no ha dejado de manifestar su esperanza en que al final “se pueda evitar el conflicto. Un Real Decreto se puede cambiar fácilmente y el Gobierno tiene aún mucho margen para rectificar”.

De ser así, se evitaría que a los niños se les impartiera una asignatura en la que se les dice que no hay bien y mal y que “el único referente ético en la vida es lo que diga el poder”. Y es que, ha denunciado Blanco, la Educación para la Ciudadanía está impregnada de filosofía relativista y de los preceptos de la ideología de género, según los cuales “la sexualidad es sólo una cuestión cultural y la mujer sólo se podrá liberar cuando desaparezcan las distinciones sexuales”. Valores, todos ellos, que no sólo no solucionarán los problemas que afectan a la juventud, sino que los incrementarán; será, ha ejemplificado, “como echarle gasolina al fuego”. Porque, ha insistido Blanco, “si es difícil ser bueno en una sociedad en la que se distingue entre el bien y el mal, si esta diferenciación no existe, es imposible”.

Frente a estas desvirtuaciones, Blanco ha hecho una continua apelación a la responsabilidad de los padres, “que no pueden tolerar que sus hijos se formen con estos criterios, y hay medios a su alcance para evitarlo”, ha subrayado en alusión al recurso a la objeción de conciencia por el que aboga.