Nota de prensa 04/07/2007

 

El Sr. Cardenal, Doctor "Honoris Causa" en el CEU de Valencia

 

«El laicismo ideológico» plantea a la sociedad el desafío de «tomar una nueva decisión a favor de Dios»

 

VERITAS

El arzobispo de Toledo, cardenal Antonio Cañizares, fue investido en la mañana del día 4 de julio doctor Honoris Causa por la Universidad CEU-Cardenal Herrera, durante un acto que tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Valencia, y durante el cual el cardenal pronunció un discurso centrado en “el problema central de nuestro tiempo: la ausencia, el olvido de Dios”.  El cardenal pidió una reflexión sobre “el laicismo ideológico imperante” que conduce “a la sociedad actual –sobre todo a la europea– a situarse ante el desafío de tomar una nueva decisión a favor de Dios, Creador”.

 

La Universidad como lugar de “búsqueda de la verdad por excelencia” dio ocasión al prelado para afirmar que sin Dios, como “fundamento de la verdad”, “los valores tienden a convertirse en grandes palabras, en las que sólo creen los ingenuos”. El cardenal advirtió que en algunas partes, el laicismo “se está convirtiendo en el dogma público básico, al tiempo que la fe es solo tolerada como opinión y opción privada, y así, a decir verdad, no es tolerada en su propia esencia”. Según el prelado, una de las graves consecuencias del “laicismo ideológico”, es que “arrastra a muchos a la ruptura de la armonía entre fe y razón que tanto alcance tiene, y a pensar que sólo es racionalmente válido lo experimentable y mensurable, o lo susceptible de ser construido por el ser humano”.

 

El cardenal Cañizares dijo que “todos cuantos tienen responsabilidades sociales, culturales o políticas en el mundo, deberían considerar a qué negras perspectivas podría conducir la exclusión de Dios de la vida pública”.  “Reconozcámoslo claramente: No es posible un Estado ateo. Como diría el cardenal Ratzinger: "No lo es en ningún caso en cuanto Estado de derecho duradero. Esto implica que Dios no puede quedar relegado incondicionalmente a la esfera de lo privado". No parece posible un Estado, "confesionalmente" laicista, de iure o de facto, que excluya a Dios de la esfera pública. No podría sobrevivir a largo plazo un Estado de derecho bajo un dogma ateo en vías de radicalización”, sostuvo el arzobispo primado.

 

En este contexto –y siguiendo a lo largo de casi todo su discurso orientaciones del cardenal Ratzinger– el prelado sostuvo que hay algo “que no puede faltar en la sociedad, y que significa un saludable límite al poder, siempre cambiable, de los hombres (…) “el respeto a aquello que es sagrado para otros, y el respeto a lo sagrado en general, a Dios, un respeto perfectamente exigible incluso a aquel que no está dispuesto a creer en Dios", porque, además, pertenece a la razón, o confirma la razón”.

 

En línea con lo que “están haciendo los últimos Papas”, el cardenal Cañizares defendió la necesidad de decir que “la afirmación de Dios conduce a la afirmación del hombre, que es raíz y fundamento de la dignidad e inviolabilidad de todo ser humano y lleva consiguientemente a la paz y a la cohesión de la sociedad”.

 

“El silenciamiento de Dios o el abandono de Dios, su confinamiento o reducción a la esfera de lo privado, elementos de una sociedad secularizada como la nuestra de Europa, es con mucho el acontecimiento fundamental de estos tiempos de indigencia en Occidente. No hay otro que se le pueda comparar en radicalidad. Ni siquiera la pérdida del sentido moral, que no es ajena a esta cultura secularizada y laicista. El hombre puede excluir a Dios del ámbito de su vida personal y social o pública. Pero esto no ocurre sin gravísimas consecuencias para el hombre mismo y para su dignidad como persona”, dijo.

 

Finalmente, el cardenal Cañizares expresó que no puede extrañarnos que “una cultura del silenciamiento de Dios, una cultura de la secularización, esté muy unida a una cultura de la insolidaridad, aunque hable incluso y mucho de fraternidad: como es sabido, en virtud del dogma de la Ilustración, en el que se ha basado esta cultura de la secularización y laicista”.

 

Sin embargo, “la pérdida de las raíces de la auténtica y universal fraternidad -Dios Padre y Creador, el hombre amado y querido por Dios, Creador y hecho hombre- va pareja a la pérdida o preterición de la revelación del Dios cristiano”, puntualizó.

 

El arzobispo de Toledo defendió “la necesidad de un cambio cultural para una convivencia entre los hombres; y, para ello, la superación de la fractura entre fe y razón, que tanto daño y perjuicio ha causado desde siglos en la Universidad -sobre todo ahora- y es clave para su futuro y el futuro de la sociedad”.

 

“Es necesario centrar los esfuerzos, como hace Benedicto XVI en su larga trayectoria de pensamiento y honestidad intelectual, en favorecer el acercamiento entre la visión racional, o si queremos mundo laico, y la perspectiva religiosa, o mejor la perspectiva creyente, para que sobre la base de una armonía con la dimensión religiosa se puedan no sólo reconocer sino cimentar los derechos fundamentales del hombre y de la sociedad; y se pueda proponer, con garantía, la realización de los mismos para la superación de las conflictividades sociales cada día más crecientes debido al rechazo de la armonía fe-razón sin la cual no se puede establecer un auténtico diálogo en el que se engloben todas las dimensiones fundamentales del hombre”.

 

Además, para el cardenal, según se deduce “del discurso de Ratisbona y de otras muchas intervenciones de Benedicto XVI, y antes del teólogo o cardenal J. Ratzinger, es radicalmente imposible la convivencia y cohesión social si Dios es el gran ausente”.  “Lo que está en juego en esta sociedad y cultura dominante secularizada y laicista en orden a alcanzar la justa y necesaria convivencia entre todos, es una recta visión del hombre, una consideración válida para todos de la persona en sí misma, que, en la antropología cristiana, no es inteligible sin Dios en el centro de la creación”, concluyó.

 

“Como dijo en Verona el Papa Benedicto XVI, en estos momentos, seguimos teniendo la gran misión de ofrecer a nuestros hermanos el gran "sí" que en Jesucristo Dios dice al hombre y a su vida, al amor humano, a nuestra libertad, a nuestra inteligencia, haciéndoles ver cómo la fe en Dios que tiene rostro humano trae la alegría al mundo; en Él se nos abre todo el futuro, en Él se apoya toda esperanza”.