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Año 2007
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HOMILÍA EN LAS PRIMERAS VISPERAS DE LA FIESTA DE SAN ILDEFONSO EN EL XIV CENTENARIO DE SU NACIMIENTO
Parroquia de San Ildefonso 22 de enero de 2007
Hermanos y hermanas en el Señor: Con estas primeras vísperas solemnes, iniciamos las celebraciones del décimo cuarto centenario del nacimiento de san Ildefonso de Toledo, en la parroquia de la que él mismo es su titular. De nuestros labios y nuestro corazón se eleva una gran alabanza a Dios, rico en misericordia. En este templo van a resonar con gran fuerza y aliento las palabras del Magníficat de la Santísima Virgen María por aquel que es llamado "fiel notario de María", "Capellán de la Virgen", "primer esclavo de María. Su enseñanza singular sobre la Virgen con la que, sin duda, brilla entre los demás de su tiempo y aún de la historia, es señal de la gracia y amistad honda que tuvo con María. No se comprenden sus enseñanzas si no es por ese trato y esa amistad con la que se mantuvo unido a la Virgen gloriosa, María". ¿Quién -se pregunta otro gran enamorado de la santísima Virgen, santo Tomás de Villanueva- fue tan grato, tan familiar, tan entregado a la Virgen?" Añade el santo manchego de Infantes: "lee las historias de los santos, y después del Evangelista del Señor, Juan, no encontrarás en esto nadie parejo a Ildefonso. Ganado por la Virgen y con la Virgen prometido, en todo cuanto era hecho anuncio por Ella y de Ella, y no ignorando que se debía a la Virgen, se consagró a Ella en obediencia total y lleno de gozo en todo lo que era, todo él se consagró y se abandonó en su servicio como esclavo de María". Toda su vida queda enmarcada y sellada por esta esclavitud mariana. Él fue el primero que expuso los fundamentos de la esclavitud mariana, porque primero la vivió él en su propia existencia. Tal vez nos resulte ajena o extraña esta piedad tan rica, cuya hondura hemos visto y palpado en un santo de nuestros días, el Papa Juan Pablo II, que vivió, precisamente bajo este lema de Totus tuus, el lema de esta forma de piedad. Quien entiende esta forma de vida, quien entiende la esclavitud mariana como el Papa Juan Pablo, como san Luis María Grignon de Monfort o como san Ildefonso, comprende que en el fondo hay una verdad de fe: "Ir a Dios por María". Es lo que palpamos en esta oración de san Ildefonso a la Virgen María: "Concédeme –dirá- Señora estar siempre unido a Dios… servirte a ti y a tu Hijo, ser esclavo de tu Señor y tuyo; suyo, pues es mi Creador; tuyo, porque eres la Madre de mi Hacedor. Suyo, pues es mi Señor todopoderoso; tuyo, porque eres en todo la sierva del Señor… Soy, por tanto, tu esclavo, pues tu Hijo es mi Señor y tú eres mi Señora, y yo siervo tuyo, pues eres la madre de mi Creador". Guiado por la Santísima Virgen María, consagrado a Ella como esclavo suyo, no buscó otra cosa en su vida que ser de Cristo y para Cristo, conocerlo, amarlo y darlo a conocer, llevar a los demás a Cristo. Por eso leemos, entre otros muchos textos de sus escritos, la siguiente súplica a la Virgen: "Te ruego, santa Virgen, que yo posea a Jesús de aquel Espíritu por el que tu carne concibió al mismo Jesús, que yo pueda conocer a Jesús en virtud de aquel Espíritu por el que te fue dado a Ti conocer, tener y alumbrar a Jesús. Hable yo sobre Jesús cosas humildes y sublimes en aquel Espíritu en el que Tú te confiesas esclava del Señor, deseando que se realice en Ti la palabra del Ángel. En aquel Espíritu ame yo a Jesús en el que le adoras como Señor, le contemplas como Hijo. Tan realmente rinda yo vasallaje a este Jesús como realmente se sometió Él mismo a sus padres, siendo Dios". "María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva en el misterio de Cristo". Así nos lo muestra de forma patente y hecho carne, humanidad nuestra, san Ildefonso. Como nos lo mostró Juan Pablo II. Su fundamento, innegablemente trinitario, se basa en la Encarnación del Verbo de Dios. Por eso, diría el Papa del Totus tuus, "son cruciales, son decisivas, las palabras del Ángelus. Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad" (Juan Pablo II). Se comprende que en el momento crucial que vivió san Ildefonso, como en el momento crucial que vivió entre nosotros, Dios suscitase esta forma de piedad tan decisiva. Hablar de la esclavitud mariana es hablar de la Encarnación. Hablar de la consagración a María como esclavo suyo, llevar a cabo esta consagración, vivir esta esclavitud de María, es hablar de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre que toma un cuerpo de María y dice: "Me has dado Señor un Cuerpo, aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad". No está lejos esta espiritualidad de la de santa Teresa de Jesús, ni de la de la infancia espiritual de santa Teresita, o la de la filiación, la de nuestro ser de bautizados. Que san Ildefonso interceda por nosotros para que seamos renovados por la consagración a María, por vivir más hondamente la espiritualidad mariana, la de la esclavitud mariana, que él vivió y enseñó.
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