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Año 2007 A los sacerdotes y a todo el pueblo fiel de la archidiócesis de Toledo Ante el 25 aniversario de la visita de Juan Pablo II a Toledo Queridos hermanos: Acabo de llegar de Roma, donde hemos vivido un acontecimiento de gracia tan inmenso y gozoso con las beatificaciones de los mártires. Me pongo, de inmediato, a escribiros esta carta para invitaros a recordar y celebrar aquel día inolvidable en que hace veinticinco años vino el Papa Juan Pablo II a Toledo. Coincidiendo con su onomástica, el 4 de noviembre de 1982, visitó nuestra diócesis: primero, Guadalupe para, además de orar ante la imagen de Santa María con todo lo que significa y entraña la Virgen Guadalupense para España y América, hablar a los emigrantes, que son de tanta trascendencia en el momento que vivimos. Desde allí, se traslado seguidamente a Toledo, "donde se forja la unidad católica de nuestra patria española", como le saludó nuestro siempre recordado y querido D. Marcelo, para dirigir desde esta Sede histórica Primada un mensaje al laicado español que iluminase los caminos del apostolado seglar en aquella hora de gracia. También recorrió nuestras calles, visitó fugazmente la Catedral, y almorzó y oró en el Seminario diocesano Vino hace veinticinco años el Papa Juan Pablo II a España como "testigo de esperanza". Y la verdad que su venida trajo una nueva primavera a la Iglesia, con él brilló una gran luz no apagada, abrió sendas de esperanza que siguen abiertas. Nos visitó, como enviado de Dios, para "confirmar nuestra fe", "confortar nuestra esperanza", y dar ánimo y "alentar las energías de la Iglesia y las obras de los cristianos". No puedo olvidar aquellas palabras suyas tan vibrantes nada más pisar tierra en el aeropuerto de Barajas: "Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica iluminada por el amor profundo al hombre hermano. Para sacar de ahí la fuerza renovada que os haga siempre infatigables creadores de diálogo y promotores de justicia, alentadores de cultura y elevación humana y moral del pueblo. En un clima de respetuosa convivencia con las otras legítimas opciones, mientras exigís el justo respeto de las vuestras". No pueden ser más actuales estas palabras, ni puede haber mejor programa para la Iglesia en España que vive esta etapa histórica, verdadera hora de gracia. Su discurso en el barrio del Polígono, en Toledo, son como una glosa de las mismas, ¡Qué mensaje tan importante dejó en Toledo, lugar propicio para mostrar el camino dirigido a ser sal de la tierra y luz del mundo, por estar Toledo tan "íntimamente vinculada a momentos importantes de la fe y de la cultura de la Iglesia en España"! También nos dijo: "No se trata de amoldar el Evangelio a la sabiduría del mundo… ¡Solo Cristo¡ Lo proclamamos agradecidos y maravillados. En Él está ya la plenitud de lo que Dios ha preparado a los que le aman". Es el anuncio que la Iglesia confía a todos los que están llamados a proclamar, celebrar, comunicar y vivir el Amor infinito de la Sabiduría divina. Es ésta la ciencia sublime que preserva el sabor de la sal para que no se vuelva insípida, que alimenta la luz de la lámpara para que alumbre lo más profundo del corazón humano y guíe sus secretas aspiraciones, sus búsquedas y sus esperanzas". Como buen sucesor de Pedro, sus palabras nos recuerdan a las mismas de Pedro ante el paralítico a la puerta del templo: "Lo que tengo te doy: en nombre de Jesucristo Nazareno, ¡levántate y anda"!. Es lo que hoy necesitamos: ¡Jesucristo!. En Él está la esperanza y el camino, Él es la Verdad y la Vida; como testificaron nuestros mártires. Fue decisiva aquella visita del Papa. Fue un torrente de gracia, una lluvia serena y copiosa de amor que Dios derramó sobre España. Queremos y debemos hacer memoria agradecida de aquello; queremos revivir sus palabras; queremos y debemos volver a gustar aquel mensaje de luz y de verdad para "sacar fuerza, de ahí, renovada" que nos impulse a la renovación y transformación de nuestra sociedad. Por eso os invito muy encarecidamente, sobre todo a los que vivís en Toledo o en sus cercanías, que acudáis a los actos programados con ocasión de este veinticinco aniversario. En el "Salón de Concilios", del Palacio Arzobispal, a las ocho de la tarde tendremos tres conferencias. Una que versará sobre "Juan Pablo II, en Toledo", por D. Demetrio Fernández, Obispo de Tarazona; la segunda, que pronunciará un servidor y en la que ofreceré una "Semblanza del pontificado de Juan Pablo II"; y la tercera, sobre "La Doctrina Social de Juan Pablo II", en que disertará el Profesor, D. José Tomás Raga. Al día siguiente, a las 7.30 de la tarde, tendremos la celebración de la Santa Misa, en acción de gracias, en la parroquia de Santa María de Benquerencia, en el Polígono. ¡No dejéis de asistir! Hemos de mostrar nuestro agradecimiento y hemos de abrirnos al don de Dios: "Abrir nuestras puertas a Cristo", como tantas veces proclamó el queridísimo e inolvidable Juan Pablo II, el Papa de las familias, el Papa de la juventud, el testigo de esperanza. ¡Gracias a todos! Con mi bendición, un abrazo X Antonio, Cardenal CañizaresArzobispo de Toledo Primado de España Toledo, 30 de octubre, 2007
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