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Año 2008 |
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día de la iglesia diocesana
Sentimos el gozo de ser Iglesia. Así lo reconocemos y manifestamos públicamente en el tercer domingo de este mes de noviembre, en el que, como en años anteriores, celebramos el "Día de la Iglesia Diocesana", en la cual nos insertamos en la gran Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Esta jornada nos hace recordar que, como a una madre -así es-, los cristianos, sus hijos, tenemos el deber de sostener la Iglesia diocesana en sus necesidades económicas para poder llevar a cabo su misión. Como bien sabéis, la Diócesis, como toda la Iglesia, se sostiene de la ayuda que recibe de vosotros: de los sacerdotes, de las parroquias, de las colaboraciones y ayudas de otras personas e instituciones y de manera muy principal del conjunto de los fieles cristianos que la integran, de manera muy concreta con la aportación por la asignación tributaria al hacer la declaración anual de la renta. Los bienes patrimoniales de la Iglesia que sean productivos son escasos e incapaces de todo punto de poder atender a cuanto la Iglesia requiere para llevar a cabo su servicio evangélico y evangelizador entre los hombres de nuestros pueblos y de otros lugares de la tierra. Esta contribución de todos hace posible garantizar no sólo un tenor de vida digno y austero a los cientos de sacerdotes que actúan en nuestras parroquias o en las misiones atendidas por pastores de Toledo, como Moyobamba, en Perú, sino también atender a necesidades inmediatas y aliviar sufrimientos y pobrezas y otras tareas que expresan el servicio de la Iglesia a los hombres, además de construir templos nuevos, restaurar antiguos, edificar casas y lugares de encuentro y reunión parroquiales, sostener las obras apostólicas de las distintas Delegaciones pastorales y poder contar con unos medios de comunicación social propios, imprescindibles hoy, sin ingresos económicos propios por su actividad. Por todo esto que venís haciendo con verdadera generosidad y amor a la Iglesia os felicito y os doy las gracias de todo corazón. Vuestra contribución, que esperamos podáis seguir ofreciéndola muchos años, es una señal de vuestra comunión con la Iglesia, una verdadera experiencia de comunión eclesial, en la que estamos insistiendo en este año pastoral, una expresión clara de la corresponsabilidad de todos en ella. La Iglesia, nuestra Diócesis, siempre, y en las actuales circunstancias aún más si cabe, quiere vivir y testimoniar la pobreza evangélica, no porque renuncie a los recursos materiales, sino porque no tiene ni quiere nada para sí y quiere que sus bienes y las aportaciones que recibe se pongan en circulación al servicio de las necesidades pastorales, educativas y de caridad. Somos muy conscientes de que estos recursos económicos son necesarios y se utilizan con la libertad de quien sabe que se trata de instrumentos para el anuncio del Evangelio, porque "el espíritu de pobreza y de caridad es la gloria y el testimonio de la Iglesia de Cristo" (GS 88). Nos encontramos en una situación económica difícil en España y en el mundo, que requiere austeridad, esfuerzo, sacrificios económicos y solidaridad por parte de todos. La Diócesis de Toledo, solidaria de los hombres y más de los que pasan necesidad, quiere vivir también con esas mismas actitudes esta situación. Nada de despilfarros, nada de gastos inútiles y superfluos; si es preciso privaciones, y lo son, también en la Iglesia. Lo necesario e imprescindible habrá que llevarlo a cabo y buscar los recursos materiales donde se encuentren. También habrá que ahorrar en los que sea preciso. Como en una familia. Eso sí, con toda transparencia. Por eso los presupuestos de la Diócesis de Toledo, sus planes económicos, sus previsiones para los diez años próximos son austeros. De esta manera, aparte del ejemplo, la diócesis muestra su atención al futuro y un espíritu de previsión ante eventuales situaciones que pudieran sobrevenir. La Iglesia sabe vivir en escasez y bonanza, como todos deberíamos hacer. Con esta manera de ver las cosas cumple también la Iglesia su misión educadora, también en el uso de los bienes. En esta misión educadora la Iglesia no puede renunciar a educar en el deber de sostener y promover una mentalidad en la Iglesia de participación y corresponsabilidad en el mantenimiento de la Iglesia, también en estos momentos. Esto viene reclamado también por el compromiso de la comunión, la llamada a todos a la corresponsabilidad eclesial, y el sentido de participación. En consonancia con todo lo que he expuesto, os pido a todos vuestra colaboración y contribución a las necesidades de la Iglesia diocesana. Sé con toda certeza que no faltará de ninguno de vosotros. Muchísimas gracias. Que Dios os pague con creces, como sólo Él sabe hacerlo. Con mi bendición para todos
X Antonio Cañizares Llovera Cardenal Arzobispo de Toledo Primado de España
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