Año 2009


SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS

 

Homilía del Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo

1 de enero de 2009, Jornada Mundial de la Paz

S. I. Catedral Primada

Comenzamos un nuevo año con la mirada puesta en Santa María, Madre de Dios. Comenzamos el año con un regalo que recibimos de las manos generosas de Dios: es Él quien nos concede este nuevo año, abierto a la esperanza, como esperanza es el fruto bendito, Jesús, del bendito vientre de la siempre Virgen María, Madre de Dios y madre nuestra. Un año nuevo es un don de Dios que nos bendice en su Hijo con toda clase de bienes espirituales y celestiales; es un don de su amor que se pone en nuestras manos para que, con su gracia y auxilio, lo hagamos fructificar como un talento de la parábola, como semilla del reino de Dios.

      Contemplamos hoy, sobre todo, a Santa María que es madre, pero madre virgen; contemplamos a la Santísima María que es Virgen, pero virgen madre, siempre virgen. ¡Con qué hondura, con qué sentido de fe y de realidad, entró en este misterio de santa María nuestro San Ildefonso! Su tratado sobre la Virginidad de María es el mejor y más amplio comentario que se puede hacer a lo que hoy celebramos. Y lo hizo san Ildefonso, como se celebra esta maternidad virginal de Santa María, para expresar el gran misterio que llena de luz a toda la humanidad y toda su historia y estamos celebrando estos mismos días de Navidad: el Hijo de Dios se ha hecho hombre y ha nacido del seno virginal de María de Nazaret por obra y gracia del Espíritu Santo. Como todo en María se refiere al misterio, a la verdad, de Jesús, Hijo único de Dios venido en carne, Dios y hombre verdadero, hombre-Dios en la unidad de su única persona. "Hoy se nos manifiesta un misterio admirable: en Cristo se han unido dos naturalezas: Dios se ha hecho hombre y, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin sufrir mezcla ni división". En esta solemnidad celebramos el misterio y el acontecimiento histórico que es Jesucristo, persona divina, que nació de María Virgen, la cual es, en el sentido más pleno, su madre, madre del Salvador de todos los hombres, madre nuestra, madre de la Iglesia donde está presente Jesús y obra su salvación para todos.

      Hoy, "ocho días después del nacimiento de Jesús, recordamos a su Madre, la Madre del Rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos. La Liturgia medita hoy en el Verbo hecho hombre y repite que nació de la Virgen. Reflexiona sobre la circuncisión de Jesús como rito de la agregación a la comunidad, y contempla a Dios que dio a su Hijo Unigénito como cabeza del 'pueblo nuevo' por medio de María. Recuerda el nombre que dio al Mesías y lo escucha pronunciado con tierna dulzura por su Madre, Jesús, Salvador, Enmanuel, Dios-con-nosotros. Invoca para el mundo la paz, la paz de Cristo, Príncipe de la paz, y lo hace a través de María, mediadora y cooperadora de Cristo" (Benedicto XVI).

      Se abre el año con muchas zonas del mundo en que la paz está rota, donde no hay paz: la franja de Gaza, con tantos muertos y heridos por la violencia desatada, Congo, con tantos niños, mujeres y ancianos asesinados en violencia sádica y bélica, y otros muchos lugares y situaciones dolorosamente ensombrecen la tierra porque falta la paz que Cristo trae a la tierra a los hombres que ama el Señor e ilumina nuestro mundo. El año viejo se despidió, entre nosotros, con un nuevo atentado, en Bilbao, del azote terrorista y criminal de ETA que todo lo somete a estrategia para conseguir sus objetivos, y terminamos también el año con varios crímenes de violencia asesina en hogares o en la calle. La amenaza terrorista atenaza a los países. La vida no se respeta: millones de seres inocentes no nacidos son eliminados violentamente en el seno de sus madres, -el "exterminio de millones de niños no nacidos es la eliminación de los seres humanos más pobres" (Benedicto XVI)-; se buscan legislaciones y actuaciones que, en lugar de proteger la vida y la dignidad inviolable de todo ser humano siempre y en todo momento, permiten, sin embargo, eliminarla aunque sean con fórmulas encubiertas, conocidas, e hipócritamente admitidas. Este no respeto a la vida, que corroe nuestras sociedades permisivas como un terrible cáncer con metástasis, es un signo gravísimo de inhumanidad, de quiebra moral, exponente de la mayor pobreza como es el expolio y la privación violenta de la vida, y la quiebra moral, y constituye, en consecuencia, una amenaza muy grave para la paz.

      "Se constata y se hace cada vez más grave en el mundo -recuerda Benedicto XVI en su Mensaje para el Día de la Paz este año, citando a Juan Pablo II- otra seria amenaza para la paz: muchas personas, es más, poblaciones enteras, viven hoy en condiciones de extrema pobreza... Se trata de un problema que se plantea a la conciencia de la humanidad, puesto que las condiciones en que se encuentra un gran número de personas son tales que ofenden su dignidad innata y comprometen, por consiguiente, el auténtico y armonioso progreso de la comunidad mundial" (Juan Pablo II, citado por Benedicto XVI).

      Estas y otras múltiples y nuevas pobrezas, así como la crisis económica en que ahora nos vemos sumidos, unida ésta a otras crisis de más hondo calado y originantes en buena medida de ella, sociales, culturales, de humanidad y del espíritu, son factores que, sin duda, favorecen o agravan conflictos, pueden generar violencia o debilitar la paz verdadera o las fuerzas que se requieren para el establecimiento de la paz fuerte y estable en todos los lugares y para todos los hombres, en todo caso entorpecen el camino hacia la paz justa y auténtica. "Combatir la pobreza, construir la paz", es, por eso, el lema que el Papa nos ha propuesto para construir la paz este año 2009, que ahora comenzamos.

      La fiesta que celebramos, el año nuevo que comenzamos, la llamada a la paz que escuchamos, y las situaciones que estamos viviendo, nos invitan a proseguir nuestro camino y mirar adelante con esperanza nueva, que no ignora las dificultades ni niega la oscuridad que nos envuelve y ofusca, porque sabe que Dios está con nosotros, porque Él ya ha tenido piedad y nos ha bendecido, ha iluminado su rostro sobre nosotros en ese rostro humano de su Hijo nacido de María, que nos hace palpar la bondad de Dios, su gracia y su misericordia, y nos ha dado el poder conocerlo como Dios que es Amor, amigo del hombre, que no quiere su destrucción y cuya gloria brilla en la grandeza del hombre, creado y rescatado por Él. Ha aparecido y se nos ha dado en Jesús la salvación que nos libra de la mano de todos los que nos odian. Rey y Dios nuestro, Salvador único de los hombres, al venir al mundo ha levantado y dignificado a todo hombre, se ha hecho semejante a nosotros y nos ha concedido ser semejantes a Él, hijos de Dios, herederos, por voluntad de Dios, de todas sus promesas de amor y de gracia en favor nuestro; Él, naciendo de su Madre María, virgen siempre, ha querido ser ciudadano de nuestro mundo para hacer de nosotros ciudadanos de su Reino, donde reina la paz y la justicia, habita el amor y la verdad, se vive eternamente con la plenitud de la vida, se vive en Dios, con Él y para Él en una dicha y en una alegría que nada ni nadie nos puede arrebatar. Jesús, Enmanuel, Dios-con-nosotros, hijo admirable y príncipe de la paz, nacido de María Virgen, ha concedido ya al mundo entero una paz estable, si se le recibe y se acoge lo que Él mismo trae: trae a Dios, trae la verdad del hombre que nos libera de toda esclavitud, trae el amor que nos hace hermanos, que reconcilia y lleva al perdón, y que nos une a todos en una unidad inquebrantable que procede del amor de Dios mismo. Hoy nace un año nuevo, una Luz grande brilla sobre este mundo, y, por la entrañable misericordia y por la gracia de nuestro Dios, esta Luz, Jesús, ilumina a los que lo acogen viviendo en tinieblas y en sombra de muerte, y guía nuestros pasos por los caminos de la paz.

      Emprendamos este Año nuevo acogiendo a Dios, fundamento de la paz y no cerrándonos a su don, su Hijo Unigénito Jesús, y la vida nueva y la paz que en Él se nos ofrece a todos. Porque esta paz y esta vida nueva están en Él y vienen con Él al mundo: En Él vemos y palpamos el rostro humano de Dios altísimo que ha asumido nuestras debilidades, se ha dignado ser luz para los ciegos, fuerza para los débiles y consuelo para los tristes; Él ha nacido pobre y humilde, se ha rebajado a lo más pequeño y débil, y mira con amor a los pobres, se ha ofrecido como consuelo para ellos, alivio y descanso para los cansados y desalentados, ha levantado con su amor hasta el extremo lo que estaba caído y derribado, ha descendido al mundo para que los hombres pudieran ascender al cielo; Él ha dicho a sus discípulos: "dadles vosotros de comer" . Él nos ha amado con un amor que desborda toda imaginación y capacidad del hombre; ha traído el amor que se extiende como perdón y donación de vida para todos, también para los enemigos. Él, al entrar al mundo, naciendo por obra del Espíritu Santo del seno materno de María sin perder la gloria de su virginidad, ha inaugurado un tiempo nuevo donde Dios está y camina con los hombres, se le conoce y reconoce, un tiempo nuevo donde se le da la gloria verdadera que le corresponde amando con su amor, y se le tributa el verdadero culto de adoración inseparable del amor a los demás, sobre todo a los que sufren, sus predilectos; Jesús ha inaugurado un tiempo nuevo en el que se cumple la voluntad de Dios y se siguen sus costumbres que nos ha mostrado en su persona, vida, pasión, muerte, resurrección y en el envío del Espíritu de la verdad que vivifica, anima, alienta y rejuvenece sin cesar a la Iglesia.

      Abrir y comenzar el año con esta visión, con esta nueva forma de ser y de vivir, inaugura un camino de esperanza, una nueva forma de actuar marcada por el amor y la solidaridad ante los graves problemas que se ciernen sobre los hombres de hoy, y fundada sobre una firme base de unos sólidos principios morales, que entrañan "una profundización cualitativa en el hombre ‘inseparable de Dios Creador y Redentor’, y en las necesidades de la familia humana", entre los cuales principios conviene recordar hoy de modo particular: "el amor preferencial por los pobres a la luz del primado de la caridad, atestiguado por toda la tradición cristiana". Así "la comunidad cristiana no dejará de asegurar a toda la familia humana su apoyo a las iniciativas de una solidaridad creativa, no solo para distribuir lo superfluo, sino cambiando sobre todo los estilos de vida, los modelos de producción y consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad. Por consiguiente, concluye el Papa su Mensaje en este día primero del año 2 0 09, dirijo al comienzo de un año nuevo una calurosa invitación a cada discípulo de Cristo, así como a toda persona de buena voluntad, para que ensanche su corazón hacia las necesidades de los pobres, haciendo cuanto le sea concretamente posible para salir a su encuentro. En efecto, sigue siendo incontestablemente verdadero el axioma según el cual 'combatir la pobreza es construir la paz'" (Benedicto XVI).

                Es la paz que a todos deseo en este umbral del nuevo año, la que trae el Hijo de Dios venido en carne, nacido de María, su madre Virgen, la que se funda en Dios que ^es Amor, la que es posible del amor y de la vida nueva que Él nos trae y hace posible. Se abre un año nuevo, un tiempo nuevo providencial para contribuir a realizar el Reino de Dios, reino de paz, en el que son dichosos los que trabajan por la paz, como María, Madre de Dios, Reina de la paz, que colabora como ningún otro a que la paz venga a la tierra y se establezca en nuestro mundo cumpliendo en todo la voluntad de Dios, reconociéndose ante Él como su fiel y humilde esclava, que se pliega a su querer y lo acoge, que lo cumple en toda su vida y nos dice a todos: "Haced lo que El, su Hijo, os diga". Este es mi deseo y mi felicitación para este año de gracia del Señor que hoy comenzamos con su auxilio.