EL CORO

Dentro de las continuas modificaciones y reformas de la Catedral desde su consagración en el siglo XIII, parte fundamental es el coro, donde aquellos que se sentaban a orar se convertían en continuadores de la historia de la salvación iniciada y protagonizada por los personajes esculpidos en los relieves. La duración de las obras, desde 1489 hasta mediados del siglo XVI, permite contemplar en un mismo conjunto la evolución escultórica desde finales del Gótico hasta el Renacimiento pleno, siendo estas últimas obras el objeto de la presentes páginas web.

coro.h2.jpg (23971 bytes)La sillería baja fue realizada entre 1489 y 1495 por el escultor Rodrigo Alemán, con relieves referentes a la conquista de Granada, en composiciones que resaltaban el protagonismo de los Reyes Católicos y del Cardenal Pedro González de Mendoza, probablemente en conexión con la idea de "miles Christi" con la que se identificaron muchos emperadores cristianos. Posteriormente, en el siglo XVI, el Cardenal Tavera decide engrandecer el coro y para ello se contó, en primer lugar, con el borgoñón Felipe Bigarny, que trabajaba desde 1499 en la Catedral y al que se había encargado el retablo mayor de la misma. Éste fue un artista valorado especialmente por Don Diego López de Ayala, uno de los intelectuales más destacados de su tiempo y además canónigo encargado de las obras de la Catedral, que tuvo gran relevancia en la ampliación del coro. La obra de Bigarny recoge los caracteres más significativos del mundo flamenco: minuciosidad, detallismo, protagonismo de los pliegues, mesura en las proporciones, expresividad.

Pero el Cardenal Tavera había contemplado las obras realizadas por Alonso de Berruguete en Valladolid y le pidió su colaboración en los paneles de madera de nogal de la sillería alta del coro toledano. La incorporación del escultor en 1538 supuso, más allá del enfrentamiento y la rivalidad personal que vivieron los dos artistas, la combinación en el coro de dos tendencias artísticas: la flamenca de Bigarny y la italiana de Berruguete. Este artista, que había completado su formación con un viaje a Italia donde estudió especialmente la escultura clásica y la obra de Miguel Ángel, pensaba que su intervención en el coro debía mejorar y superar lo realizado por Bigarny, pero el borgoñón criticaba sus imágenes considerándolas "muy faltas y defectuosas". Y es que Alonso de Berruguete crea un estilo personal que rompe con prototipos establecidos, mediante movimientos ondulados, violentos e inestables, dotando a las figuras de una espiritualidad interior que se traduce en musculaturas muy marcadas y anatomías volumétricas y grandiosas. Berruguete centra su atención en la fuerza de los propios personajes, prescindiendo de detalles innecesarios para hacer de la figura el único reclamo para el espectador. Se podría decir que con él se anticipan las formas alargadas y espiritualizadas que años más tarde el Greco presentará en sus pinturas toledanas.

El Cabildo de la Catedral fue consciente de la rivalidad entre ambos artistas y de las críticas que podría suscitar el contraste de sus estilos, por lo que decidió finalizar el coro con una inscripción que dejara claro que "...de la misma manera competirán siempre los juicios o pareceres de los que examinen esta obra".