ISAÍAS: El momento elegido por Berruguete para la representación es la purificación del Profeta, tras la visión de los serafines alrededor del trono del Señor, que concluye con un ángel acercando con las tenazas la brasa ardiendo hasta la boca de Isaías: "Entonces voló hacia mí uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, y tocó mi boca y dijo: - He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado" (Isaías 6, 6-7).
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La imagen no responde con exactitud al texto, especialmente la figura del ángel, que se presenta como una figura infantil, no con las seis alas que habitualmente diferencian a los serafines de otras jerarquías angélicas. Se podría hablar incluso de perspectiva jerárquica dentro de la composición, lo que supone representar al personaje protagonista en un tamaño significativamente mayor. Frente al estudio de claroscuro que Berruguete realiza en el cabello de otras figuras, en este caso el Profeta cubre su cabeza, en señal de respeto, conforme a la tradición judía. En la observación de la escultura podemos destacar la fuerza del personaje tanto en su expresión de asombro ante la aparición divina, como en el estudio detallado de los brazos o en los pliegues diagonales que subrayan la movilidad de la figura. |
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Los contrastes de esta otra representación de Isaías de Bigarni con la anteriormente descrita de Berruguete son claros. Bigarni utiliza verstiduras sacerdotales veterotestmanetarias con gran profusión de adornos. Isaías es representando escribiendo sobre un rollo en clara alusión a su vocación profética. |