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JOB

Tradicionalmente considerado personificación de la paciencia por su aceptación de las pruebas a las que fue sometido, también se cuenta entre las prefiguraciones cristológicas, en este caso prefiguración del ciclo de la Pasión.

La imagen de Berruguete, aunque sobria en su ambientación, corresponde al culmen del sufrimiento de Job, cuando cubierto de llagas es abandonado en el muladar. Únicamente la sugerencia de un pequeño montículo sobre el que Job se asienta de modo inestable, y los casi inapreciables gusanos que recorren su cadera reflejan este episodio. Berruguete prefiere sustituir los elementos accesorios por la fuerza de un hombre que, desde su dolor y soledad, alza los brazos al cielo implorando la misericordia de Dios.

 

Es quizá la escultura más expresiva e inquietante del conjunto, imagen del sufrimiento pero también de la súplica, pues repite el gesto de los orantes paleocristianos representados en las catacumbas, que imploraban la intercesión del Señor para la salvación de sus almas. Berruguete, más allá del tratamiento puramente descriptivo de la figura, recoge la psicología de ésta, proyectando en la imagen la propia vida interior del hombre tocado por el sufrimiento.

En cuanto a la anatomía, se destacan una vez más unos pies huesudos, trabajados al detalle, de los que se han encontrado moldes previos a la talla del nogal.

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