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MOISÉS:

Su imagen es considerada prefiguración veterotestamentaria de Cristo. Berruguete no presenta la iconografía habitual de Moisés con las tablas de la ley, sino que reproduce gráficamente el comienzo del capítulo tercero del Éxodo: "Moisés era pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo pero que la zarza no se consumía...".

También el gesto de Moisés descalzándose, signo de respeto y de encuentro con la divinidad, responde al relato bíblico: "...Yaveh le dijo: - No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada". La expresión de asombro del rostro quizá acentúe la invisibilidad de Dios, que sólo se revela a través de la voz. Tanto las facciones marcadas de éste como la grandiosidad del brazo y de la pierna del personaje evocan la terribilitá que Miguel Ángel plasmara en su imagen de Moisés realizada para la tumba de Julio II.

La fuerza de la escultura de Berruguete reside en la tensión interna de las figuras, en su espiritualidad, que emerge a través de intensas expresiones, de hondas miradas y de anatomías desbordantes. Frente a esta grandeza de los protagonistas, la ambientación es secundaria, casi simbólica y meramente decorativa, como se observa en este caso en la zarza ardiendo y en las ovejas, que no responden a un estudio naturalista.