CINERICIA DE SANTA LEOCADIA

Labrada por Francisco Merino, que la entregó en 1594. Es de plata, en parte blanca y en parte dorada, espléndidamente decorada con artesones dorados formando, todo el conjunto, una extraordinaria obra de cincel, resalte y repujado, pero según el sentir de los estudiosos y expertos, esta de Sta. Leocadia no llega a la categoría artística de la eugeniana.
El cuerpo principal tiene diez "historias" doradas: la santa ante el Prefecto romano, flagelación, encierro en la cárcel (donde muere), S. Ildefonso disputando con los herejes, aparición a este santo Arzobispo, un milagro atribuido a la santa, conducción de la canilla de la mártir a Toledo, entrega del cuerpo al enviado de Felipe II, una iglesia dedicada ¿en Toledo?, entrada del santo cuerpo en Toledo, apreciándose las figuras del Rey, del Príncipe (más adelante Felipe III), de la Emperatriz (Doña María), de la Infanta Isabel Clara Eugenia y del Cardenal Quiroga, con Dignidades, Canónigos, grandes y nobles de España. Este cuerpo tiene, además, doce cartelones ocn muchos sobrepuestos dorados y recuadros con artesones y óvalos áureos. Sobre este primer cuerpo hay un gran recuadro que le cerca todo, muy bien labrado y, en sus esquinas, cuatro delfines, también dorados. Encima hay otro cuerpo menor, en que se aprecian, entre cartelas, cuatro blasones: del Papa Sixto V, de Felipe II, de la Catedral y del Cardenal Quiroga.
Más arriba hay un vocel labrado de gallones y, en las esquinas, hojas doradas, luego una moldura a la redonda, con un encontado. Sobre esto, un banco lleno de artesones blancos y dorados, con dos figuras, también doradas: la Inocencia y una virgen con una palma en la mano, símbolo del martirio de la santa. También hay cuatro urnas con cuatro pirámides y ocho bolas pequeñas con otras tantas pirámides, más dos cuadros con dos óvalos.
Superpuesto hay otro cuerpo más pequeño, en que se ven dos artesones con dos jaspes y seis grutescos (adornos en forma de animalejos característicos de las grutas) todo dorado. Encima, dos figuras redondas: S. Ildefonso y el rey Recesvinto. Más arriba, un banco con artesones y la inscripción: "Santa Leocadia Virgen y Mártir". Culminándolo todo, una urnita, lisa, dorada, con ocho sobrepuestos de oro esmaltados, sobre la que viene una pirámide que concluye la obra.
Hay varias inscripciones referentes al Rey y al año 1580 y los emblemas de los Obreros Mayroes del s. XVI, D. Juan Bautista Pérez y D. Francisco Monsalve, que influyeron decididamente en el estilo y en la riqueza de los materiales y de la labra.
Las trazas se deben a Nicolás de Vergara, "El Mozo", que las dio en 1592 y la ejecución al ya citado Francisco Merino, ayudado del cerrajero Francisco Pérez, quienes la entregaron, totalmente concluida, a principio de 1694, depositándose las reliquias el 26 de abril de este año. El dorado a fuego es obra de Luis Lorena.
En 1814, siendo Canónigo Obrero D. Diego de la Torre se restauró ligeramente, aunque con absoluta maestría, en tiempos del Cardenal-Arzobispo, D. Luis de Borbón.
Tiene cuatro llaves: una para el Rey, otra para el Prelado, otra para el Deán y la cuarta para el Tesorero. El peso, en plata, es de 49 kg. y 685 gramos. Tiene 830 mms. de altura, 417 de anchura y su longitud es de 174 cm.
Se trata, pues, de orfebrería renacentista de excelente factura y de finura y delicadeza muy notalbes, según el estilo plateresco y al gusto calsicista de Felipe II, por cuyo mecenazgo trabajó el autor.