Texto: d. Pedro Guerrero Ventas,
canónigo SICP

En la Catedral de Toledo se encuentra "El Ochavo", estancia suntuosa de fines del s. XVI, de traza ochavada, que forma parte del "sagrado" o "sacrarium" catedralicio.

Se trata de una sala arquitectónicamente equilibrada y primorosamente ornamentada, realizada como presagio de la vida trascendente; un majestuoso monumento dedicado a glorificar a los mártires y testigos de Cristo.

Los relicarios o tecas que constituyen "El Ochavo" son cerca de cien piezas distribuidas en siete arcosolios (la octava "ochava" está ocupada por la puerta de acceso), divididos en varios compartimentos, hornacinas, lucillos o lóculos.

Entre los ostensorios, arquetas, cofres, figuras antropomórficas, retablillos, etc., se contemplan cruces, ciriales y, sobre todo, el arca-tabernáculo para el Monumento del Jueves Santo. Abundan los estuches que guardan reliquias o cenizas de santos/as que, sin derramar su sangre, fueron testigos fieles de Cristo.

El conjunto de relicarios del Ochavo representa, desde el punto de vista artístico, la gloriosa trayectoria de los mejores orfebres y plateros españoles desde el s. XIII al XVIII, con participación, incluso, de artífices franceses y persas. Piezas como el arca románica de San Eugenio (hoy día expuesta fuera del Ochavo) o la renacentista de Santa Leocadia son obras de excepción.