A MODO DE CONCLUSIÓN

Vive el hombre a la altura de su mirada; ella nos orienta como brújula, y siendo el órgano sensible más abarcador y comprensivo nos define a los seres humanos.

La pintura es un lenguaje adulto; todo inicio es invisible: resulta difícil ver aquello que cae condensado ante nuestros ojos.

Sólo poco a poco aprendemos a ver.

A base de ir puliendo nuestra percepción de las imágenes hasta convertirla en "el arte de escuchar con los ojos", con una visión responsable que nos autorice a traducir lo que se pone al alcance de la mirada, a reconstruir la visión del artíflce, y a despertar la del público al que se destinaron.

Sólo quienes conservan el poder de asombrarse, entran en este recinto.

Con ver sólo, no basta; para entender no bastan los colores ni la armonía de las formas; hace falta sentido. Si este no se graba en la retina, uno ha pasado pero no ha estado allí. Ver, se ve de veras, aquello que se entiende.