OTROS PINTORES

EL PRENDIMIENTO de Goya. Siglo XVIII

Diferente visión teológica del mismo drama plasmado en "el Expolio". Una de las escasas obras religiosas, encargo del Cardenal Borbón. Pintada en una época ya tardía de enfermedad y de sordera, cuando Goya aúna la monstruosidad de los Caprichos y de las Pinturas Negras con el luminismo; obra simultánea a los frescos castizos de San Antonio de la Florida y escenas de brujería.

Domina la escena de un cargado expresionismo con una atmósfera de tintes violentos y sombríos; rostros aullantes, con trazos que apenas delimitan con exactitud las figuras, acechan es espacio blanquecino de Jesús como negras sombras en un claroscuro impresionante.

 

Goya, el  Prendimiento
Goya, el Prendimiento, detalle Buscando la aprobación del Cabildo, tuvo que acentuar el rostro de Jesús, lleno de luz entre rostros bestiales y grotescos, con ojos semicerrados, conteniendo el dolor interior. La cabeza más cercana es la de Judas que se acerca para besarle su mejilla; en primer plano dos soldados: uno de ellos señala a la comitiva el camino a seguir y da indicaciones al sayón de la alabarda y la espada.
Si el Greco había plasmado rostros abocetados y ceñudos rodeando al Jesús majestuoso con la túnica de color púrpura, símbolo de realeza, aceptando el sacrificio y mirando hacia lo alto, Goya recrea una masa de caras crispadas y de máscaras amenazantes, situando a un Cristo empujado por sayones como eje de la composición entre penumbras, contraluces y contrastes cromáticos, de manifiesta influencia de Rembrand; un Cristo humillado, resignado, mirando hacia el suelo, con túnica de color blanco amarillento símbolo del escarnio y de burla. Los judíos son sustituidos por franceses y mamelucos. El rostro queda iluminado desde la izquierda por trágica luz goyesca de unos faroles. El Prendimiento (Goya). Detalle
El prendimiento (Goya) Detalle Tras haber sido regalado este cuadro al Arzobispo de Toledo se ubicó al lado del testero de la Sacristía el 8 de enero de 1799, dentro de un retablo de mármol con remate semicircular y dos querubines de piedra en la clave.

El Prendimiento (Goya) Detalle

 

 

LA DOLOROSA de Luis Morales. Siglo XVI

Del pintor pacense Luis Morales, apellidado "El divino"(s. XVI) porque todo lo que pintó fueron figuras piadosas y delicadas con un estilo propio, aunque no firma sus obras. Si el Greco fue el exponente pictórico de la más elevada mística literaria reflejada en San Juan de la Cruz y Santa Teresa, y de la espiritualidad castellana, al servicio de los grandes mecenas del Renacimiento español.

El divino Morales pertenece al universo de la devoción popular. Sus obras de uso privado en pequeño formato expresan momentos y figuras de la historia del cristianismo de una forma sencilla y directa para fomentar el sentimiento religioso, la meditación privada y el rezo público.

Procediendo de la escuela extremeña reside en Toledo, Valladolid, Madrid y Sevilla; llamado a la Corte madrileña por Felipe II, monarca coleccionista y protector de las artes; no siendo su pintura del agrado del monarca, retornó a Extremadura.

Su estilo sencillo evoca a los primeros flamencos y los puntos de contacto mantenidos con el Greco: el sentido dramático, sin excluir la serenidad y la ternura. Más que pintar, colorea cromos melancólicos y femeninos ofreciéndonos su vida interior. Representa a María de medio cuerpo cubierta de tocas blancas, túnica roja y manto azul, ante la cruz; pocos como él de entre los pintores renacentistas expresó con tal acierto el misticismo ascético de los temas religiosos. Una forma estilizada no exenta de cierto manierismo en la que podemos apreciar el individualismo que brota en Italia como superación del clasicismo renacentista, atendiendo a las demandas de una sociedad más refinada. María como una plegaria viviente con acentuado patetismo, aislada del momento narrativo bien conocido por la piedad popular, irradia en su mirada una congoja viva y un dolor delicado.

LA SAGRADA FAMILIA de Van Dyck. Siglo XVII

Por su delicada composición, ternura y sublime color esta obra de la escuela flamenca es llamada "la perla". Verismo naturalístico en el que la entrañable humanidad de las figuras irradia la luz sobrenatural de un misterio encamado; pocas veces el arte acertó en reproducir el sueño profundo y sin problemas de un niño.

PAULO III de Tiziano

Estamos ante uno de los más bellos retratos del Renacimiento firmado por Tiziano, maestro del color; fue regalado para la Sacristía por el cardenal Pascual de Aragón, embajador plenipotenciario del Papa. Quince años de pontificado muy intenso el de Paulo III: tras el descubrimiento de América debe defender a los indígenas y reconocer sus derechos humanos, prohibiendo bajo pena de excomunión a cuantos les esclavizaban y les despojaban de sus bienes; en aquellos años de transición histórica supo ser el gran reformador eclesial, cuyo fruto mayor sería el Concilio de Trento; como mecenas del arte encargó a Miguel Angel el fresco de la Capilla Sixtina.

Tiziano le retrata ya en horas de ocaso vital, cargado de preocupaciones con la pesadumbre y el cansancio rezumando en sus ojos y en los labios, pero con una naturalidad en el rostro que impresiona; en postura sedente como exigen los retratos áulicos oficiales.

Destaca el rojo intenso de la muceta y los brillos impresionistas en los pliegues y en la rica materia del sillón. Maravilloso juego de luz sobre los terciopelos. Detalle verista de la mano, de edad avanzada y huesuda, sobre la bolsa bordada.

TRÍPTICO DE LA SAGRADA CENA de Juan de Borgoña. SigloXVI

Bajo un interior porticado y cubierto con artesonado aparece Cristo de pie en el momento de instituir la Eucaristía; en los bancos, los Apóstoles sentados; algunos, delante, sobre banquetas de tijera; un paisaje de árboles como fondo; a los lados del tríptico, S. Ildefonso como donante y Sta. Bárbara; en la parte inferior, en caracteres góticos, podemos leer la inscripción; "Este retablo mandó fazer Alonso de Salzado Racionero et Capellán de los Reies Nuevos"

ZURBARÁN

Sin duda se trata del mejor intérprete de la fe monástica española; cree profundamente en el carácter sacro de la materia, porque Dios existe y está cercano a la realidad natural; de la materia hace brotar la luz que las figuras necesitan, sin agotaría nunca, como el cubismo. La luz acaricia el sayal del hábito monacal en actitud de naturalidad, no amanerado, con reserva y dignidad. A fines del S. XVI el Concilio de Trento había propiciado una revolución eclesial: se reforman las órdenes religiosas; en pocos años fueron canonizados muchos de sus fundadores; se favorecían así la reconstrucción y la ornamentación de los edificios religiosos; como criterio se impone una enseñanza de la fe, apoyándose en el órgano de la visión, frente a la reforma protestante que mantenía la preeminencia de la palabra y rebajaba la utilidad de la imagen; igualmente el arte de la Reforma prescindía de la cultura panteísta del Renacimieno reservada para la clase más culta; en el arte se imponía una comprensión más humana de la religión.

LA ORACIÓN DEL HUERTO de José Ramos. Siglo XIX

Dentro de un retablo de Ignacio Hann, encargo del cardenal Borbón, sobre mesa de altar de mármol jaspeado, en juego armónico dentro de la estancia con el cuadro de "El prendimiento" de Goya, representa a un Cristo casi de frente y arrodillado; a la izquierda un ángel con el cáliz; en segundo plano, los apóstoles duermen; escena coronada por la gloria con tres ángeles.

LA HUIDA A EGIPTO de Grammatica. Siglo XVII

La factura de la composición está animada por un aire de movimiento. Sobre un borriquillo, cuyo ramal lleva un ángel, María porta en sus brazos al Niño y habla con José que camina con bastón, a su lado; ambos cubiertos por un original sombrero. En esta escena, muy tenebrista, todos los rostros giran como una rueda de miradas hacia el Niño.

...Podemos también apreciar una obra de Giovanni Bellini que firma la pintura sobre tabla del Entierro del Señor; del pintor alemán RAFAEL MENGS, llamado a España por Carlos III, dos pequeños retratos de la Virgen y de Jesús adolescente sobre chapa.

JESÚS CON LA SAMARITANA de Giovanni Batista Crespi. Siglo XVII

LA VIRGEN DEL VELO de Rafael. Siglo XVI

Juan Bautista niño descubre el velo que cubrirla al Niño dormido.

OBRAS DE LUIS DE VELASCO. Siglo XVI

SAN ANTONIO ABAD

Rodeado de monjes de su orden conversando con ellos.

SAN BLAS

Vestido de arzobispo y rodeado de santos; este lienzo fue pintado para la capilla del mismo santo en la Catedral, fundada por Tenorio cuya figura aparece en primer plano; son evidentes las huellas de los escorzos tan recurrentes en la obra del Greco.

LA PRESENTACIÓN

El anciano Simeón sostiene al Niño, teniendo como testigo a la profetisa Ana. José y María de pie y otras figuras, a excepción de una joven que intenta recoger en un primer plano uno de los pichones del ritual judío.

LA ADORACIÓN DE LOS REYES de Francisco Rizzi. Siglo XVII

Obra de Francisco Rizzi, pintor real de la Escuela de Vicencio Carducho; imita a la pintura veneciana mediante un colorido brillante y transparente; es el primer neoveneciano de la Escuela Madrileña del XVII en composiciones barrocas llenas de movimiento.

Representa a Maria sentada sobre banco de piedra sosteniendo al Niño; éste intenta apresar con sus manos el obsequio del Rey Mayor, mientras pajecitos ofrecen al Mago ofrendas en un cesto.

LUIS TRISTÁN (1585-1624)

Junto con Pedro ORRENTE, murciano afincado en Toledo, con Maino y con Vicente Carducho, autor del tratado sobre arte más elogiado del XVII "Diálogos de la pintura" que decoró el Sagrario de la Catedral, configuran a la Escuela toledana que brilló en el XVII aunque sin continuidad.

Luis Tristán, toledano de origen, se formó y vivió durante tres años en el taller del Greco tras haber descubierto en Italia el mundo caravaggista. Como discípulo aventajado no disimuló la clara dependencia de su maestro manifiesta en los cánones anatómicos, aunque muestra su personalidad en la utilización de la luz y el tratamiento más incisivo y realista de las figuras.

Representa a la generación de transición entre los ss. XVI-XVII combinando los temas del Cretense y los de Bassano, con la corriente mística de seres en contacto con la divinidad, tema muy cultivado durante el XVII y en el que destacó la figura de Francisco Ribalta.

Excelente retratista de figuras alargadas, modeladas con la luz, de volumen macizo

y con una presencia casi táctil; verosimilitud naturalista en los vestidos, posturas, detalles y anatomías inspiradas en los bocetos de Miguel Angel; característica suya es la atmósfera tenebrista. A diferencia de su Maestro, el elemento sobrenatural no llena a toda la realidad representada, sin apartarse de los objetivos de la pintura religiosa del momento orientada al fomento de la devoción popular.

LA ASUNCIÓN de Carlos Maratta. Siglo XVII

Contraste entre el cuerpo humano y pesado de María y el cuerpo sutil y ágil de los ángeles. Dos ángeles músicos en primer piano.

SAN ANTONIO ABAD de Luis Tristán. Siglo XVII

Vestido de monje; sobre la mesa un crucifijo, calavera y campanilla; fondo de cueva y paisaje.

EL CRUCIFICADO de Luis Tristán.

Bajo cielo tormentoso agoniza en la cruz con aire crispado y patético.

SAN SEBASTIÁN de Luis Tristán.

Con sudario blanco atado a un árbol ante un horizonte de fondo bajo.

LA APARICIÓN DE SANTA LEOCADIA

Esta obra maestra de 1617 se debe al pintor murciano de talante narrativo P. ORRENTE; formado básicamente en Toledo y muy amigo de los familiares del Greco. Artista viajero, tan impresionado durante su estancia en Italia por el estilo de los Bassano que merecerá el calificativo de "el Bassano español". Son manifiestas las influencias de la escuela veneciana y del círculo del Greco: naturalismo de la escuela veneciana con magníficos rostros de expresión individual, algunos son auténticos retratos vivaces especialmente el del diácono del santo Arzobispo y los que asoman tras él. Pero la personalidad inquieta de Orrente renuncia a la verticalidad inmaterial de las figuras del Greco, pintando cuerpos de densa y terrosa materialidad de un color tostado.

La escena representa el instante en que la santa toledana Leocadia, se incorpora del sepulcro y se aparece a San Ildefonso vestido de pontifical. Recesvinto le ofrece una espada para cortar un trozo de su manto.

EPIFANÍA de Francisco Comontes. Siglo XVI

Los magos rodean a la Virgen sentada con el Niño, ante arquitectura con arcos.

DESCANSO EN LA HUIDA A EGIPTO de Francisco Comontes.

Los padres calientan el pañal del Niño bajo una palmera, cuyos ramos, según relatos apócrifos, inclinaron unos ángeles para que José pueda recoger unos dátiles.