SAN FRANCISCO DE ASÍS |
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Representar a los santos fundadores de Ordenes Religiosas se convirtió en un tema recurrente del mundo de los artistas. En el mundo católico se aceptaba que el poder de las imágenes, sobrepasando incluso el de las mismas palabras, podía provocar entre los fieles el deseo devoto de imitar las huellas de las figuras plasmadas en los lienzos. Nunca el Greco pintó con tanta devoción a un santo, mereciendo, según el juicio de Pacheco, la gloria de ser el Greco "el mejor pintor del Poverello de Asís". |
| Un San Francisco castellanizado: ascético, lúgubre, místico, pura llama, sosteniendo la calavera, absorto en soledad orante, en contemplación y comunicación directa con Dios, alejado del mundo, desmitificando en parte la estampa del trovador dulce y humano. Si Creta le dio la vida y los pinceles, Toledo adonde llegó en 1577, constituyó para él la mejor patria de su espíritu y de su creatividad, contemplando a los hombres como candidatos a la santidad y a la glorificación. | ![]() |
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