| BREVE HISTORIA DE LA ORDEN
Según todos los indicios, los Caballeros de Santiago reconocen sus raíces en la batalla de Clavijo (La Rioja), en la que palpan la ayuda y la protección de Santiago, que lucha por ellos un día de mayo de 844. La Iglesia lo celebra el 23 de mayo y el rey Ramiro I (+850) construye una ermita dedicada al Apóstol. De aquí nace la Orden de la Caballería bajo la advocación de Santiago y la Cruz Roja en forma de espada.
Las Comendadoras de Santiago no reconocen a ninguna mujer como fundadora. Ellas nacen en las Iglesia y en España como la rama femenina de la Orden y Caballería de Santiago de la Espada, que ideó y fundó el 29 de julio de 1170 el Gran Maestre Don Pedro Fernández de Fuenteencalada y que fue aprobada por el Papa Alejandro III en 1175.
El primer monasterio de la Orden femenina fue el de Santa Eufemia de Cozollos (Palencia), fundado en 1186. A este Monasterio le dio fama universal y gloria la Infanta doña Sancha Alfonso. Las Comendadoras de Santiago palentinas continuaron durante tres siglos en su misión contemplativa y apostólica. Fueron los Reyes Católicos quienes, como administradores de la Orden de Santiago, lograron la facultad de trasladar la Comunidad de Santa Eufemia a la ciudad de Toledo en 1502.
PERO, ¿QUIÉN ERA DOÑA SANCHA?
El claretiano P. Alberto Barrios en su obra “Las Comendadoras de Santiago” nos cuente que la Venerable Doña Sancha Alfonso (1190-1270), fue Comendadora del Monasterio de Santa Eufemia. Hija del rey de León, Don Alfonso IX y de la Infanta de Portugal, Doña Teresa Gil de Soberosa. Además de hermana, por parte de padre, del Fernando III, el Santo.
A la muerte de su padre, en 1230, Doña Sancha y su hermana Doña Dulce cedieron sus derechos a su hermano Fernando que unió los reinos de Castilla y de León y Galicia. Luego, de manera sobrenatural, conoció que debía ingresar en el Monasterio de Santa Eufemia de las Comendadoras de Santiago, donde fue recibida.
El proceso de canonización, que se inició en 1616, ya se lamenta del gran vacío histórico, debido sin duda a los cientos de años transcurridos, pero nos presentaba las siguientes razones para mostrarnos la santidad de la Venerable Doña Sancha:
- El menosprecio de sus inmensas riquezas para seguir a Cristo pobre.
- Su distribución en obras pías, en el Monasterio de Santa Eufemia.
- El celo de la propagación de la fe y la lucha contra la herejía. La esplendidez en edificar, dotar y aumentar los monasterios; el guardar castidad perfecta en medio de las delicias de la Corte; las penitencias, la oración y devociones practicadas hasta su muerte.
- El cúmulo de virtudes teologales, morales y cardinales.
- El cumplimiento de sus compromisos como consagrada a Cristo en el estado religioso.
- La perseverancia y constancia hasta el final en la observancia de los mandamientos de Dios, de la Iglesia y de los votos religiosos.
CUATRO SIGLOS ENTRE NOSOTROS
En 1608 el rey de España Felipe III consigue trasladar el cuerpo incorrupto de la Infanta al Monasterio de Santa Fe en Toledo. En el monasterio palentino se conserva el precioso sarcófago de la Venerable. El cuerpo llegó a Toledo el 19 de mayo de 1608.
Todavía la Venerable Doña Sancha sufrió un último traslado en 1935, cuando después de muchos avatares históricos la Comunidad tuvo que abandonar Santa Fe y trasladarse al número 6 de la Calle Cobertizo de Santo Domingo el Real. Actualmente el santo cuerpo se conserva incorrupto en el Monasterio de las Comendadoras de Santiago de Toledo, entre las dos rejas que separan la iglesia del Coro.
El 5 de julio de 1975, con motivo de estar reunida la Asamblea Federal de Elecciones en el Monasterio de Toledo y celebrarse el VIII centenario de la aprobación de la Orden, se solicitó permiso para abrir el sepulcro que guarda los restos, encontrándose en bastante buen estado de incorrupción.
El pasado 19 de mayo se cumplían cuatro siglos de la llegada del cuerpo incorrupto de la Venerable Doña Sancha a nuestra Archidiócesis y por ello la Comunidad de Toledo solicitó al Señor Cardenal un nuevo reconocimiento. El día señalado fue el sábado 28 de junio. Los sacerdotes nombrados, los forenses y las Madres Comendadoras de Toledo junto con algunas religiosas procedentes de los Monasterios de Santiago el Mayor de Madrid y de la Madre de Dios de Granada se reunieron, a las doce de la mañana, en el Coro de la Iglesia. Tras el reconocimiento del cuerpo por parte de los médicos forenses y tras determinar que la Venerable sigue en estado de incorrupción, se celebró la santa Misa de réquiem. Al finalizar la eucaristía se la trasladó nuevamente al coro.
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