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Año 2009
HOMILÍA EN LA EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS POR LA BEATIFICACIÓN DEL CARDENAL CIRÍACO MARÍA SANCHA Y HERVAS,
Emmo. y Rvdmo. Dr. D. Nicolás de Jesús López Rodríguez Cardenal Arzobispo de Santo Domingo Primado de América
Guadalupe, 19 de octubre
En el día de ayer, 18 de octubre, participamos con regocijo en la solemne ceremonia de Beatificación del Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, Arzobispo de Toledo y Primado de España. Hoy venimos al histórico Monasterio de Guadalupe para dar gracias al Señor por este feliz acontecimiento que proporciona profunda alegría a tantas personas que se han beneficiado de la caridad, sabiduría, piedad, celo pastoral, prudencia, dotes de gobierno, sensibilidad humana y tantas otras virtudes que adornaron la vida ejemplar de nuestro Beato.
1. Hemos escuchado un párrafo de la segunda carta de San Pablo a la comunidad de Corinto, antigua ciudad griega situada en el estrecho que une la parte continental de Grecia con la península del Peloponeso. Era la capital de la provincia de Acaya y como tal tenía una gran actividad política, comercial y cultural. En Corinto San Pablo predicó el Evangelio después que en Atenas no fue muy bien recibido, aunque algunas personas acogieron su mensaje a raíz de su discurso en el Agora ateniense. Como al inicio de todas sus cartas, el Apóstol saluda, en esta ocasión junto al hermano Timoteo, "a la Iglesia de Dios que está en Corinto y a todo el pueblo santo que reside en Grecia". Otro dato característico de sus cartas es la acción de gracias, la bendición a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo Y pasa en seguida al tema central de esta carta. Parece que alguien o algunos quisieron poner en duda la autoridad de Pablo, algo que él nunca permitió, no por prestigio personal sino porque estaba en juego la "memoria de Jesús" que se le había aparecido en las puertas de Damasco y consecuentemente la verdad de Evangelio que él predicaba. Lo cierto es que esta carta refleja los sufrimientos que Pablo acepta por los cristianos de Corinto, "si nos toca luchar, es para su aliento y salvación". Los sufrimientos de Cristo son la clave de interpretación de todo sufrimiento humano, el de Pablo, el de los corintios y los nuestros. Este texto de Pablo a los corintios ha sido escogido para la misa del nuevo Beato y ciertamente que a él se le puede aplicar lo que el Apóstol enseña. Sancha también supo de ataques, desde que era un joven sacerdote misionero en Cuba y después que volvió a España fue un hombre sumamente probado con sufrimientos, acusaciones, calumnias y todo género de incomprensiones, pero él pudo decir con Pablo, "Dios nos libró de un peligro mortal... en Él tenemos puesta la esperanza de que continuará librándonos". El salmo responsorial nos invita a depositar en el Señor nuestra esperanza: "Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor" y pondera al que no pretende grandezas sino que se comporta como un niño en brazos de su madre. También este salmo 130 sintetiza las líneas fundamentales de la espiritualidad de nuestro Beato: confianza incondicional en el Señor, no pretender las grandezas humanas, sino la vida de sencillez y humildad. Por su parte, el evangelio proclamado es parte de la bella oración sacerdotal de Jesús en la Última Cena, que San Juan recoge en el capítulo 17 de su evangelio. Con razón se ha dicho que es el testamento de Jesús para los suyos. Precisamente porque los Apóstoles no eran capaces de comprender todo lo que venía sobre Jesús, el Señor siente la necesidad de orar por ellos. Comienza con el reconocimiento de que se hallan ante la hora de gloria. Jesús da gracias al Padre porque ha llevado a cabo su misión y porque sus discípulos han creído. En el centro de esta incomparable oración, Jesús desea que el gozo y la alegría sean una característica de los suyos. Y concluye con una súplica por los cristianos del futuro, para que se mantengan fieles a su mensaje; "Padre Santo, no sólo ruego por ellos sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí y yo en Tí, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado" (Cfr. La Biblia de nuestro Pueblo, Luis Alonso Schókel, nota al capítulo 17 de San Juan). Yo les he dado la gloria que Tú me diste para que sean uno. El lenguaje de Jesús es distinto al nuestro. La gloria es Dios mismo en cuanto se manifiesta plenamente en Cristo. "Padre justo, agrega Jesús, el mundo no te ha conocido; yo te he conocido y éstos han conocido que Tú me enviaste". La calificación del Padre como justo hay que verla desde la distinción hecha entre el mundo y los discípulos. El mundo no ha conocido a Dios; los discípulos sí lo han conocido. A propósito de la unidad de los cristianos, por la que ora Jesús, sabemos que fue una denlas grandes preocupaciones del Beato Sancha desde" que estaba en Cuba y mucho "mas -después que la Iglesia le fue confiando diversas responsabilidades en España. Coincido plenamente con el Señor Cardenal Antonio Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en sus afirmaciones sobre nuestro Beato, expresadas en su Carta Pastoral ante la próxima Beatificación del Cardenal Sancha. Cito sus palabras: "Su labor incansable en favor de la unidad y organización de las fuerzas católicas, así como su indudable valía personal -ya despuntaba como el prelado de mayor influjo en el episcopado español y el interlocutor más eficaz que la Santa Sede tenía en sus relaciones con el Gobierno-, lo elevaron a la archidiócesis primada cuando ésta quedó vacante. La Santa Sede buscó en el Cardenal Sancha el hombre que restituyera al primado un prestigio necesario para servir a la unidad de los obispos y de toda la Iglesia española. Y no se equivocó. Don Ciriaco María supo desempeñar este ministerio como un carisma al servicio de la unidad eclesial y nacional. Es más, su fiel adhesión al Romano Pontífice libró a la Iglesia española de inquietantes derivas cismáticas, producidas por fuerzas centrífugas ya desde el inicio de la Restauración. La unidad de los católicos tendría que ser precedida por la no menos difícil de sus pastores. Fue precisamente en un contexto de anticlericalismo y de profunda crisis cuando organizó la primera Asamblea episcopal en Madrid, precedente de la actual Conferencia Episcopal Española. Ya para entonces comenzaba a despuntar un nuevo episcopado, más libre, más pastoral, más universal; menos atado a compromisos políticos de parte, siempre efímeros. En definitiva, unos obispos cada vez más parecidos al nuevo estilo episcopal que representaba don Ciriaco María".
2. Pero, ¿Cuál fue la vida del Cardenal Ciriaco María Sancha y Hervás, a quien la Iglesia acaba de reconocer la vivencia y el testimonio heroico de sus virtudes? Reconozco que es muy difícil sintetizar en algunos párrafos la polifacética personalidad de un hombre que se destacó ampliamente en todo los lugares en que le tocó trabajar. La vida de Ciriaco María Sancha es la confirmación de cómo el Señor se complace en exaltar a los humildes. Nacido en Quintana del Pidió en 1833 de una familia de jornaleros, oficio que él mismo desempeñó hasta su ingreso en el Seminario. Fue ordenado sacerdote en 1858, cuando contaba con 25 años de edad. a) Cinco años después de su ordenación marchó a Cuba. Sabemos que la situación de la isla era muy difícil sobre todo por la guerra de los diez años, lo que impulsó al joven sacerdote a prestar atención a los más necesitados. En Santiago de Cuba funda en el año 1869 la Congregación de Hermanas de los Pobres Inválidos y Niños Pobres, hoy conocidas como Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, que han tenido un crecimiento sostenido, primero en Cuba, luego en la República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Venezuela y Perú. También trabajan en los Estados Unidos, y tienen obras en España y una comunidad en Roma. Permítanme dar en este contexto litúrgico tan singular un sencillo testimonio de mi relación con esta amadísima Congregación. He conocido a las Hermanas de la Caridad desde mi Ordenación sacerdotal hace más de 48 años. Una de mis primeras tareas fue ofrecerles los servicios de capellán en un Asilo para niños pobres, que tenían en mi diócesis de origen, La Vega, República Dominicana. Esta relación se prolongó después que fui llamado al ministerio episcopal en San Francisco de Macorís ya que en esta Ciudad las Hermanas también tenían dos instituciones educativas que yo visitaba con frecuencia, además de que algunas de ellas prestaban su colaboración en las oficinas de la Curia diocesana y en la Catedral. Pocos años después, desde que fui nombrado Arzobispo de Santo Domingo he podido mantener la misma cercanía con las Superioras Generales de la Congregación, cuya casa está muy próxima a la Curia arquidiocesana y a través de las Hermanas que trabajan en el Arzobispado y además prestan servicio en mi residencia. He querido dar estos datos hoy aquí sencillamente para expresar a las Hermanas mi sincera gratitud y mi cordial felicitación por la anhelada Beatificación de su admirado Fundador, cuya Causa he seguido con particular interés desde hace más de veinte años. b) Después de los años difíciles que pasó en Cuba, volvió a España y el 13 de marzo de 1876 fue consagrado obispo auxiliar del Arzobispo de Toledo. Aquí comenzó su intensa vida episcopal que le llevaría a ocupar varías sedes, como veremos en seguida. Aunque obviamente tenía responsabilidades pastorales en Toledo, centró su labor en Madrid, preparando así prontamente la creación de la diócesis matritense. Puede suponerse que los años transcurridos en la Capital le permitieron conocer la realidad eclesial española y los serios problemas que la comprometían. c) Una nueva sede esperaba a Sancha en 1882, cuando fue nombrado obispo de Ávila, la diócesis de Santa Teresa, cuyo centenario le correspondió organizar. De su paso por Ávila fue el Congreso Católico Nacional con la finalidad de unir las fuerzas católicas de España en momentos muy difíciles para el Papado, como sabemos, después de la unificación de Italia en 1870. Recordemos que el Papa Pío IX estuvo dos años recluido en Gaeta hasta que pudo volver a Roma y encerrarse en los muros del Vaticano. Esta situación se solucionó con los Pactos Lateranenses del 11 de febrero de 1929. Durante su Episcopado en Ávila Sancha fundó el 5 de octubre de 1884 el Monasterio de Benedictinas Trapenses a las que dio las Constituciones de las Monjas Trapenses de Francia, adaptadas por el mismo Sancha a España, bajo la regia de San Benito. En enero de 1885 las monjas se instalaron en el nuevo Monasterio de Nuestra Señora de los Angeles de Tiñosillos. Posteriormente la comunidad se trasladó a Alloz, en Navarra, donde construyó el Monasterio de San José. El pasado 3 de octubre se han celebrado los 125 años de esta fundación. d) Estando en Ávila no sospecharía Sancha que la Santa Sede pensaba en él para la fundación de la diócesis de Madrid. Aquí tuvo oportunidad de demostrar sus cualidades de organizador, promoviendo obras, estructurando la Curia y erigiendo parroquias nuevas, destacándose como un gran Obispo reformador, dotando a sus sacerdotes de medios eficaces para dignificar su vida y ministerio. No puede olvidarse que en Madrid organizó el Congreso Católico Nacional al que seguirían otros. e) Sancha fue nombrado Arzobispo de Valencia en 1892 y aquí pudo desplegar uno de sus carismas más conocidos, su interés por la situación del mundo obrero y en 1894 organizó la primera peregrinación nacional a Roma, acompañando unos 18,000 obreros. No podemos olvidar que tres años antes el Papa León XIII había publicado su célebre Encíclica "Rerum novarum" sobre la cuestión social en que aborda el tema de la situación del mundo del trabajo y sus implicaciones después de la revolución industrial. En Valencia organizó el primer Congreso Eucarístico Nacional y trabajó por elevar el nivel cultural del Clero, liberándolo de afecciones políticas. Igualmente favoreció el diálogo con los intelectuales organizando tertulias con los católicos de más prestigio en todos los ámbitos del conocimiento. Siendo Arzobispo de Valencia el Papa León XIII le agregó al Colegio de los Cardenales pero conservó el mismo estilo de sencillez y servicio que siempre le caracterizó. f) Seis años duró el Episcopado de Sancha en Valencia hasta que el mismo Papa León XIII decidió trasladarle a la Sede Primada de Toledo, en la que entró el 5 de junio de 1898, en plena crisis de ultramar y en medio de una profunda decadencia nacional. Las condiciones de Toledo como la de toda la Nación le indujeron a no descuidar la situación de su pueblo y de sus sacerdotes. La ciudad de Toledo, que se vio favorecida por varias instituciones para la promoción de los obreros, así como por un Protectorado para dignificar su precaria condición, quiso expresarle su gratitud nombrándole Hijo adoptivo. Aquí había de demostrar nuevamente su interés por la vida consagrada, fundando con la Beata Dolores Rodríguez Sopeña las Damas Misioneras de Cristo Redentor -conocidas como Damas Catequistas-, hoy Instituto Catequista Dolores Sopeña, que muy pronto dieron sus frutos entre los obreros, sus familias y en el interior de las cárceles. También al Instituto Dolores Sopeña quiero agradecer su presencia en Santo Domingo y las obras que dirigen en favor de tantas personas necesitadas. A ellas igualmente las felicito por la Beatificación de su Co-fundador. Como puede verse, Sancha mostró su gran celo por la vida consagrada. De su paso por Cuba es la fundación de las Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha, siendo Obispo de Ávila fundó la primera Trapa femenina de España y finalmente es Cofundador de las Damas Catequistas Dolores Sopeña, como señalamos anteriormente. Ahí están representadas las tres ramas, vida consagrada activa, contemplativa y laical. Puede suponerse que la sencilla y austera personalidad del Cardenal Primado se hizo sentir en Toledo como en las demás Iglesias que le correspondió pastorear. Casi once años duró su ministerio episcopal en la extensa Arquidiócesis toledana. Hombre de una exquisita sensibilidad humana y espiritual supo condolerse de los graves problemas que afectaban a los más menesterosos con quienes compartía su estilo de vida, razón por la que se le llamó "el padre de los pobres". A propósito de las dificultades que siempre tuvo que enfrentar el Cardenal Sancha en la España de su tiempo, debe reconocerse que sus convicciones personales, su excelente formación académica, su vasta erudición, su trato cordial y sencillo con todos, su intensa vida de oración y su probada caridad sacerdotal le permitieron superar cuantos escollos encontró en su camino. Por otra parte debemos reconocer que el siglo XIX así como proporcionó a la Iglesia española enormes sufrimientos, también fue pródigo en enriquecerla con una galería interminable de insignes santos y santas, muchos de ellos también fundadores de importantes congregaciones e institutos religiosos, entre los que se destaca quien acaba de conquistar, al igual que muchos de sus contemporáneos, el honor de los altares, nuestro Cardenal Sancha. Entre los actos importantes del Cardenal Sancha, siendo Arzobispo de Toledo debe mencionarse su participación en el Cónclave de 1903 en que fue elegido Papa Giuseppe Sarto, Patriarca de Venecia, que asumió el nombre de Pío X, canonizado en 1954. Algo que no puede silenciarse al hacer el panegírico del Beato Sancha es su intenso amor y devoción a la Eucaristía. Se le ha conocido con sobrada razón como el padre de los Congresos eucarísticos españoles, y sabemos que Toledo, que es una Arquidiócesis profundamente eucarística, se está preparando para celebrar el próximo Congreso Eucarístico Nacional de España. El Beato Sancha seguramente querrá acompañar a su amada Iglesia toledana desde la bienaventuranza que ya está gozando e intercederá ante el Señor por su éxito. El Cardenal Sancha falleció en Toledo el 25 de febrero de 1909, dejando fama de santidad que se fue incrementando hasta el día de hoy. Su epitafio no puede ser más elocuente: "Pobremente vivió, pobrísimamente murió". Desde aquel día, jamás ha faltado el homenaje de las flores frescas que la gente sencilla deposita devotamente en su tumba. Se ha cumplido este año el centenario de aquel nacimiento para el cielo, y el Señor ha querido en su providencia amorosa que su Beatificación tenga lugar cien años después de aquel acontecimiento. Creo que España debe mirar esta feliz coincidencia como una señal de esperanza, precisamente por todo lo que significó Sancha en los años turbulentos en que vivió. Hombre sabio, santo, prudente, de diálogo con todos los sectores y conocedor como pocos de la realidad social, cultural, política, económica y naturalmente religiosa de su época, confiamos en que Sancha haga valer su patrocinio ante Dios y su amorosa madre la Santísima Virgen, tan querida y venerada en esta amplia geografía peninsular bajo diversas advocaciones, para que España redescubra sus hondas raíces cristianas que se remontan a los Apóstoles Pablo y Santiago el Mayor, y a la legión de santos que a lo largo de la historia, incluyendo los miles de mártires del siglo pasado, han derramado su sangre como supremo testimonio de su fe heroica. Nos sentimos agradecidos de la Iglesia y del Santo Padre Benedicto XVI, como Pastor universal por haber dispuesto esta Beatificación en el Centenario de su paso a la eternidad feliz. Con toda razón podemos nosotros repetir de Sancha: "Amado de Dios y de los hombres, su memoria es una bendición".
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