|

Don
Vicente Enrique
y
Tarancón
|

Don
Marcelo González
Martín
|

Don
Francisco Álvarez
Martínez |
El siglo XIX comienza en la diócesis toledana con el pontificado del cardenal Luis
María Borbón, quien fue también presidente del Consejo de Regencia desde 1813 hasta el
regreso de Fernando VII. Con la invasión francesa se inicia un período funesto para
nuestra Iglesia, siendo Toledo la primera ciudad que se levanta contra el invasor. El
arzobispo huye de la ciudad y se refugia en Sevilla. Los religiosos son perseguidos y
tratados cruelmente, siendo expoliadas las iglesias de sus alhajas y ropas preciosas. La
situación se agrava con las medidas desamortizadoras, que descargan un duro golpe sobre
la población de los religiosos varones en la diócesis, consiguiendo su extinción total,
y sobre el inmenso patrimonio de la iglesia secular. El grave conflicto surgido en las
relaciones con la Santa Sede originó una vacante de once años en la sede toledana, desde
la muerte del cardenal Inguanzo hasta el nombramiento del cardenal Bonel y Orbe.
En virtud del Concordato de 1851 el arzobispo de Toledo es nombrado Comisario
General de Cruzada; se habilita al Seminario Conciliar de Toledo como uno de los cuatro
centrales con capacidad para conferir grados mayores en Teología Y Cánones; se marcan
las líneas para la erección de diócesis, creándose dos nuevas, segregadas del
territorio de la de Toledo: Ciudad Real (1877) Y Madrid-Alcalá (1885); Y se configura la
archidiócesis con las sufragáneas de Coria-Cáceres, Cuenca, Plasencia,
Sigüenza-Guadalajara, Ciudad Real y Madrid-Alcalá, hasta su elevación esta última a
arzobispado por Pablo VI en 1964.
La guerra civil española, con un marcado acento antirreligioso, desató la
destrucción y el saqueo de numerosos edificios religiosos, y produjo la muerte de 281
sacerdotes diocesanos, perseguidos injustamente. Finalizada la contienda y establecida la
paz, los arzobispos iniciaron una lenta, pero eficaz labor de reconstrucción material y
espiritual. Con la segregación de las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia a la nueva
Archidiócesis de Mérida -Badajoz, creada por Juan Pablo II en 1994, y la incorporación
de la diócesis de Albacete, con la sufragáneas de Cuenca, Ciudad Real,
Sigüenza-Guadalajara y Albacete, queda definitivamente configurada la Provincia
Eclesiástica de Toledo.
Los cardenales Vicente Enrique y
Tarancón, Marcelo González y Martín y Francisco Álvarez Martínez fueron los tres
últimos arzobispos del siglo XX, que desarrollaron la aplicación del Concilio
Vaticano II en la Archidiócesis primada.
Q |