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Biblia Políglota Complutense (s. XVI
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El
Cardenal Lorenzana |
Territorialmente, la edad moderna es para la diócesis de Toledo una época de
esplendor. La circunscripción diocesana comprendía por Oriente, desde la sierra de
Guadarrama hasta el obispado de Jaén; por el Mediodía limitaba con la parte
septentrional de los obispados de Jaén y Córdoba; y, por el Oeste, desde Peñalsordo y
Capilla, en Badajoz, hasta unirse en el Norte con las estribaciones meridionales de la
sierra de Guadarrama por encima de Buitrago. Es decir, que incluía no solo la actual
diócesis de Toledo, sino también las de Madrid, Getafe, Alcalá, Ciudad Real, y parte de
las provincias de Guadalajara, Albacete, Jaén, Badajoz, Cáceres y Granada. A ello había
que añadir la plaza africana de Orán, conquistada por Cisneros en 1509.
El concilio de Trento marca el renacer de un fortalecimiento teológico y disciplinar
en la Iglesia. Para colaborar en esta tarea la diócesis de Toledo celebra dos concilios
provinciales, en 1565 y 1582. En la catedral, el cardenal Siliceo, no sin gran polémica,
establece el Estatuto de Limpieza de Sangre. Trasladada la Corte a Madrid, la ciudad de
Toledo pierde categoría ciudadana. Sin embargo la iglesia de Toledo continuó en todo su
esplendor a pesar de la creciente decadencia nacional que se inicia en el reinado de
Felipe III.
Los arzobispos que rigieron en este período la sede toledana fueron activos y con
frecuencia ejemplares personalidades de la vida nacional Merecen ser destacados, entre
otros: Pedro Conzález de Mendoza, amigo y consejero de los Reyes Católicos, gran mecenas
de las artes y fundador del Hospital de Santa Cruz; Francisco Jiménez de Cisneros,
reformador y austero prelado, fundador de la Universidad de Alcalá, editor de la Biblia
Políglota, y restaurador del Rito Mozárabe; Juan Pardo Tavera, fundador del Hospital de
San luan Bautista; Juan Martínez Siliceo, fundador del Colegio de Doncellas Nobles y del
Colegio de Infantes; Bernardo de Sandoval y Rojas, que erigió la Capilla del Sagrario Y
el Ochavo de la catedral; Luis Manuel Fernández Portocarrero, que promulgó unas
constituciones sinodales que han estado vigentes casi hasta nuestros días; y Francisco
Antonio de Lorenzana, gran propulsor de las ciencias y las artes.
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