SEMINARIO MAYOR SAN ILDEFONSO


  Día del Seminario 2008

«Si escuchas hoy su voz...»

MIGUEL SÁNCHEZ TORREJÓN
Rector del Seminario Mayor

 

La llegada del mes de marzo nos introduce cada año en la Campaña del Seminario. Son días especialmente intensos para el Seminario y llenos de gracia de Dios. Durante todo el curso no falta en cada celebración de la Eucaristía y en el rezo de las Laudes y Vísperas una intención por las vocaciones; cada semana, el jueves sacerdotal nos lleva al agradecimiento al Señor de la mies, presente en la Eucaristía, porque nos ha llamado al sacerdocio y nos urge a la petición de nuevos obreros para la cosecha.

Ahora, la alegría del amor de Dios recibido en la vocación sacerdotal nos saca del Seminario y nos hace salir a los cruces de los caminos, al encuentro de las gentes en parroquias, colegios, instituciones, o momentos de oración para hacer presente nuestro testimonio de llamados. Es nuestro derecho y nuestro deber: proclamar lo que el seminario es y significa para la vida de la Iglesia.

El calendario no nos ha facilitado este año vincular la Campaña a la fiesta de San José. Sin embargo, el Santo Esposo de María acompañará los pasos de los semina-ristas y bendecirá sus trabajos e ilusiones. San José está acostumbrado, como servidor obediente y fiel, a actuar desde el silencio sacrificado; nadie como él para enseñarnos a vivir nuestra preparación junto a Jesús y María.

La Campaña de este año nos ofrece la frase: «Si escuchas hoy su voz». Nunca fue fácil ver a Dios y escuchar su voz. A Dios le ve quien es capaz de mirarlo y le escucha el amante del silencio. Los silencios afinan el oído y la limpieza de corazón da claridad a los ojos. Dios no se puede resignar a pasar desapercibido y grita su amor manifestado en Jesucristo. Dios llama, siempre está llamando.

Abrahán oyó un día que Alguien le llamaba por su nombre y no dudó ante lo desconocido. También Juan y Andrés, Pedro o Mateo vieron cómo todo renacía en ellos cuando escucharon aquél «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres».

El Día del Seminario nos recuerda que sigue habiendo jóvenes que se sienten atraídos por Jesucristo y dispuestos a entregar su vida en servicio a la Iglesia desde el ministerio sacerdotal. La Iglesia no puede vivir sin sacerdotes y los sacerdotes se hacen en el Seminario. Por eso es responsabilidad de toda la comunidad diocesana la preocupación y la colaboración generosa con el Seminario. Los sacerdotes que viven con gozo su dedicación y hacen que su vida sea un claro estímulo vocacional; los padres y madres de familia que entienden su hogar como una Iglesia doméstica, el lugar privilegiado para aprender a escuchar a la voz de Dios; los enfermos que saben que su sufrimiento ofrecido llega hasta el trono de Dios y piensan en las vocaciones; los educadores celosos que suscitan respuestas; todas las personas que oran sin desfallecer al Señor de la mies; los amigos y bienhechores que, ante las necesidades del Seminario, se manifiestan dispuestos a colaborar y compartir sus bienes. Tantos hombres y mujeres que nos quieren y son estímulo permanente para los que aquí vivimos... Cada uno, desde su lugar, son protagonistas en esta gran obra del Seminario y hacen posible la formación y entrega generosa de los que aquí se preparan para el ministerio sacerdotal.

«Escucha, Israel», es el grito de Dios. Él, en Jesucristo, tiene una Palabra para el mundo. La salvación del hombre pasa por la escucha de Jesucristo, pero «¿cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?» El Señor, que siempre nos escucha, quiere ser escuchado. Nuestro recordado Juan Pablo II, rodeado de jóvenes, nos lo dijo en Cuatro Vientos el año 2003: «Si sientes la llamada de Dios que te dice ‘Sígueme’, no la acalles. Sé generoso, responde como María…»

Precisamente este año hemos elegido la imagen de nuestra Inmaculada, la Virgen oyente, que siempre responde a Dios en la obediencia de la fe.