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Sr. Arzobispo - Homilía en la Santa Misa del Domingo del Buen Pastor |
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Homilía del Sr. Arzobispo en la S. I. Catedral Primada (Toledo), 29 de abril de 2012
Con verdadera alegría hermanos, celebramos este Domingo IV de Pascua, en el que Cristo Resucitado es presentado no sólo como Pastor, sino como el Buen Pastor. Su presencia salvadora, pues, es anunciada por la Iglesia con esa imagen de pastor, que Cristo conoce de la Tradición en la que Él creció, lo que llamamos nosotros Antiguo Testamento. Él la profundiza, teniendo en cuenta que son llamados pastores, profetas y reyes de Israel. Pero nadie ha dicho que el Pastor dé la vida por sus ovejas. Eso es un dato nuevo y definitivo que Jesús confiesa de sí mismo. Quiere decir que considera a las ovejas más valiosas que su propia vida, que se ofrece y da la vida por ellas. Con este gesto, Cristo es de este modo criterio de discernimiento infalible: su entrega se convierte en la medida o el modelo de todo pastor, pues, por desgracia, puede haber malos pastores. Rezad para que esto no sea así. |
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Sr. Arzobispo - Homilía en la Santa Misa del Domingo de Resurrección |
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Homilía del Sr. Arzobispo en la S. I. Catedral Primada (Toledo), 8 de abril de 2012
Este es el día que hizo el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Éste es el día que las tinieblas no lograron apagar.
Éste es el día que no ha estado precedido
por ningún otro ni le pondrá término ninguna noche.
Éste es el día durante el cual el que camina no tropieza.
Éste es el día que nunca nada podrá hacer olvidar,
ni el paso de los siglos podrá oscurecer.
El que permanece siempre con el Padre
nos ilumina hoy con resplandor inmortal
al resurgir victorioso de la muerte.
Que él llene nuestra mente,
que lo proclamen nuestras palabras,
que lo adore nuestro espíritu,
que lo glorifiquemos y lo llevemos en el cuerpo;
pidámosle con oración constante
que a quienes libró del dominio de la primera muerte
y les devolvió la libertad por la cruz
y la pasión de su carne,
no les permita ser presa de la ruina
de la segunda muerte. R/ Amén.
Él, que posee contigo una misma e igual esencia,
Dios por los siglos de los siglos. Amén |
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Sr. Arzobispo - Homilía en la Vigilia Pascual |
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Homilía del Sr. Arzobispo en la S. I. Catedral Primada (Toledo), 7 de abril de 2012
“¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16,6). Así hemos visto que ha dicho el mensajero de Dios, vestido de blanco, a las asustadas mujeres que buscaban el cuerpo de Jesús en el sepulcro. No ha cambiado en mensaje; también a nosotros se nos dice esta noche: Jesús no es un personaje del pasado. Él vive, y como ser viviente, camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo a Él, el Viviente, y a encontrar también nosotros el camino de la vida. “Ha resucitado…, no está aquí”. La primera vez que Jesús habló a sus discípulos sobre la cruz y la resurrección, éstos se preguntaban qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”. Creo que la pregunta sigue ahí. Sí, en Pascua nos alegramos porque Cristo no ha quedado en el sepulcro, pertenece al mundo de los vivos, y existe por tanto, no sólo ayer, sino también hoy y por la eternidad, dice Heb 13,8. |
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Sr. Arzobispo - Homilía en la Santa Misa Crismal |
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Homilía del Sr. Arzobispo en la S. I. Catedral Primada (Toledo), 3 de abril de 2012
Jesús, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Este amor de Jesucristo nos ayude a penetrar el misterio de este día a cuantos hijos de la Iglesia de Toledo o vinculados a ella por diversos motivos nos encontramos juntos celebrando esta Misa Crismal. Os saludo a todos, pero de un modo especial a vosotros, hermanos presbíteros, que con el Obispo y los diáconos hemos nacido en el Cenáculo, de manera que se nos puede aplicar aquello del Salmo 87,6: “El Señor escribirá en el registro de los pueblos: éste ha nacido allí”. Sí, pienso en vosotros, hermanos presbíteros, en los más jóvenes y en los más avanzados en años, en los sanos y en los que sufren la enfermedad; en todos, con vuestros diferentes estados de ánimo: de alegría y entusiasmo, tal vez también de dolor y cansancio y, Dios no lo permita, quizá de desconcierto. |
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