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La Iglesia reconoce la necesidad y urge el establecimiento de medios e instituciones para la formación propia de los llamados al sacerdocio. Aleccionada además por su propia experiencia histórica, la Iglesia ha comprobado la necesidad del Seminario Mayor como el "lugar óptimo de formación sacerdotal y el ambiente normal, incluso material, de una vida comunitaria y jerárquica" (PDV 60) con Formadores consagrados a esta tarea.
En el Seminario Mayor los jóvenes que desean acceder al sacerdocio encuentran el medio adecuado para el cuidado y seguimiento de la propia vocación, para el equilibrado desarrollo de su personalidad humana, para la conveniente formación espiritual y doctrinal y para la necesaria instrucción pastoral. La experiencia de la vida comunitaria y el conocimiento y vinculación entre los que están llamados a formar el futuro Presbiterio, colaboran a su vez a descubrir en profundidad el misterio de la Iglesia y las exigencias de la fraternidad sacramental.
Los frutos de la renovación en la formación sacerdotal promovida por el Concilio Vaticano II, las experiencias positivas de los últimos años, discernidas y recogidas por los anteriores planes de Formación sacerdotal y su aplicación práctica, han decantado una serie de principios básicos que iluminan la realidad y tarea de nuestros Seminarios y articulan sus respectivos proyectos educativos. Entre ellos conviene subrayar: - La concepción del Seminario como itinerario de vida.
- El carácter prioritariamente formativo de la comunidad del Seminario.
- La incorporación personal de los aspirantes al sacerdocio al proceso formativo del Seminario y su participación activa y responsable en el funcionamiento del mismo.
- La importancia de una cuidadosa formación humana en orden a conseguir "personalidades equilibradas, sólidas y libres, capaces de llevar el peso de las responsabilidades pastorales" (PDV 43).
- La necesidad de una formación religiosa y espiritual hondamente personalizada y vivencialmente experimentada como una relación de comunión y amistad profundas con Jesucristo.
- La adquisición de una seria formación intelectual que capacite a los futuros sacerdotes para el anuncio del Evangelio en el mundo actual, haciéndolo creíble frente a las legítimas exigencias de la razón humana.
- El régimen de vida comunitaria de los miembros del Seminario y su dedicación plena a la formación sacerdotal.
- La inserción progresiva de los seminaristas, a través de la formación pastoral, en la vida de la diócesis, y el seguimiento atento y la sensibilidad ante los problemas de la sociedad.
- La profunda relación que guardan entre sí la formación "inicial" del Seminario y la formación "permanente" de los sacerdotes en el horizonte de un solo proyecto orgánico de vida cristiana y sacerdotal.
Así, pues, el Seminario Mayor es "sobre todo, una comunidad educativa en camino: la comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce" (PDV 60). Su identidad más profunda radica, por tanto, en "ser a su manera una continuación en la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús" (PDV 60). |