|
Los pasados
días 16 al 20 de Febrero la 2º y 3º sección
del Seminario Menor de Toledo peregrinaron al Santo Sepulcro de S. Juan de
Ávila en Montilla (Córdoba).
A golpe de
tema, oración y Misa hemos ido avanzando en
el camino hacia el encuentro de tan gran
Santo, modelo e intercesor. Bajo el lema
"Guiados por el Espíritu Santo", caminamos
hacia la santidad, hemos guardado en el
corazón durante el camino las consignas de
la conversión con la Luz de Cristo que
disipa nuestras tinieblas, la amistad con
Cristo que enciende nuestro corazón con su
espíritu y el mandato de ser testigos suyos
con la fuerza de su espíritu.
El día 16,
llegados a Lucena y acogidos calurosamente
por los sacerdotes y familias de la
parroquia de manera abrumadora, nos
dispusimos a caminar bajo la lluvia, en
ocasiones torrencial, que parecía significar
al cielo que lloraba de alegría por tan
nutrido grupo de seminaristas menores que
con la Cruz como estandarte y guía caminaban
sin quejarse. Éramos saludados por la
multitud de vehículos que pasaban por la
carretera; y tal era el testimonio de
aquella fosforita hilera de seminaristas con
su Cruz que la noticia se propagaba con
rapidez por la comarca de modo que ya nos
esperaban con ilusión creciente en las demás
parroquias y en el seminario menor de
Córdoba.
Llegados a
Monturque, pudimos disfrutar de la
hospitalidad de su párroco, D. José, que nos
brindó la Iglesia y los pequeños salones
como comedor y dormitorios en los que los
sacos de dormir suplían nuestros queridos y
recordados colchones. No importaba, porque
el Señor estaba con nosotros. Visitamos las
3ª termas romanas más grandes del mundo con
capacidad de unos 850.000 litros de agua
pluvial, ¡una auténtica obra de ingeniería
romana!
Después de
descansar y pasar una estupenda velada con
el Párroco de Monturque (amenizada con un
repertorio de cantos vascos, italianos,
andaluces a cuatros voces…) nos pusimos en
camino a Aguilar el día 18. Ni los
kilómetros ni el cansancio del camino
pudieron impedir elevar nuestras oraciones
al cielo ni recibir el tema de rigor que nos
dispondrían a la Santa Misa. Es más, nos
dieron alas (no es Red Bull) para ganar el
partido de fútbol que organizó
D. Juan, su
párroco, contra los jóvenes de allí en un
campo de césped artificial. La copa ganada
adorna ya las vitrinas de nuestro seminario
a la espera de ser ofrecida a S. José,
patrono de las vocaciones, y a Sto. Tomás de
Villanueva, nuestro patrón. ¿Quiénes son
estos muchachos que rezan, caminan y a la
vez juegan tan bien el fútbol? La respuesta
ya la sabéis: !los seminaristas!
Nos ganamos
una buenísima paella y una gran película de
D. Bosco, en los salones parroquiales,
enriquecidos con unos deliciosos pasteles de
Aguilar, gentileza del buen párroco D. Juan.
La Santa Misa nos esperaba en la Parroquia
preparada antes por una preciosa oración
ante el santísimo que sirvió para entonar
nuestros corazones con los discípulos de
Emaús en presencia de Jesús. Los
seminaristas y los feligreses nos dábamos
testimonio mutuamente. Nos alojamos en un
colegio de acogida, cenamos y después de la
velada castañetera, guitarrera y bailarina
nos recogimos en oración ante la Virgen para
descansar. A alguno le costó pillar el
sueño… por qué sería.
Al día
siguiente nos pusimos en camino hacia
Montilla siempre, se me olvidaba, con
nuestro buen guía Rafael (no me refiero al
arcángel) de Lucena, padre de dos hijos, uno
de ellos monaguillo en las Carmelitas.
La
acogida fue igualmente muy cordial por parte
de su Párroco D. Jesús : duchas y comida con
chocolate incorporados. La Santa Misa fue el
centro de aquel día ante el sepulcro de S.
Juan de Avila y presidida por el padre
jesuita D. Diego que nos puso las pilas.
Visitamos por la tarde la casa de S. Juan de
Avila y nos marchamos ya en autobús a
Córdoba, a su seminario menor de S. Pelagio.
La acogida en
el seminario menor fue no menos calurosa que
las anteriores. Nos tenían un invitado muy
especial que presentar nada más entrar a la
casa: el Señor y la Virgen a quienes
saludamos con una melodiosa y bien entonada
Salve. Parecíamos estar en el cielo. Allí
tuvimos una Hora Santa rodeada de niños y
adolescentes en adoración silenciosa. Tras
la cena, el partido de fútbol entre
seminarios fue sonado. Ya podéis averiguar
quienes ganaron…
El día 20
fuimos a visitar la Catedral de Córdoba que
es un crisol de culturas y arte donde
primero se dio cita la presencia cristiana
en su basílica de S. Vicente cuyos restos
arqueológicos se nos mostraron allí. Una vez
más la servicialidad de sus seminaristas fue
prodigiosa en la guía y explicación de la
Catedral. Rezamos ante la imagen de S.
Pelagio en el seminario mayor y tras visitar
unas horas libres la Córdoba histórica y
probar alguna que otra tapa, nos pusimos en
camino de regreso a Toledo con el corazón
lleno de las cosas del Señor.
S. Juan de
Avila, ruega por los frutos de nuestra
peregrinación.
D. José Antonio,
tutor de Bachillerato |