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Ha
sido una gran peregrinación, muy bonita y
que te ayuda mucho a la oración.
El primer día
fue algo cansado porque estuvimos casi todo
el día viajando, hasta que por fin, llegamos
a al hotel en Calafell (Cataluña) y pudimos
descansar.
En el viaje
hicimos algunas paradas: en una estación de
servicio, en la ciudad de Valencia para ver
a la Virgen de los Desamparados y comer, y
en Tortosa para celebrar la Eucaristía en el
Centro de Expiación, idea del Beato Manuel
Domingo y Sol, fundador de los sacerdotes
operarios diocesanos, enterrado allí mismo.
El viernes día
2, por la mañana estuvimos en Tarragona
visitando los lugares santos del Jubileo que
la ciudad está celebrando en el centenario
del martirio de San Fructuoso, primer obispo
de la diócesis: la capilla del Seminario, la
Catedral y el Anfiteatro donde el santo
sufrió el martirio.
Por
la tarde, después de comer, fuimos a
Montserrat a ver a la Virgen. Todo el
recinto, el Monasterio y los alrededores es
hermosísimo. Después de celebrar la Misa los
monjes nos permitieron subir a ver a la
Virgen, aunque ya era un poco tarde para
subir al camarín. Mientras que unos iban
venerando a la Virgen, otros rezábamos el
rosario presidido por los benedictinos en la
basílica. Después tuvimos tiempo libre para
conocer el lugar y comprar algunos
recuerdos. Por la noche cenamos y a
descansamos en el hotel.
Al día
siguiente fuimos a Barcelona. Por la mañana
estuvimos en el Tibidabo donde celebramos un
acto penitencial. Después fuimos a comer al
puerto. Por la tarde hicimos una visita
turística por la ciudad. Bajamos del autobús
y recorrimos algún tramo de la rambla a pie.
Finalizamos la visita a Barcelona celebrando
la Misa en la parroquia de La Sagrada
Familia, donde también tuvimos un tiempo
libre para visitar la parroquia y
comprar algunos recuerdos.
El domingo por
la mañana salimos temprano de vuelta hacia
Toledo. Paramos en Zaragoza, donde antes de
la Misa tuvimos tiempo libre para rezar ante
la imagen de Ntra. Sra. del Pilar. Después
fuimos a comer al Monasterio de Piedra y
allí conocimos el Monasterio y el Parque
Natural del entorno. Más tarde, un largo
camino de vuelta hasta Toledo, donde
llegamos y nos acostamos.
Para mí la
excuersión ha sido muy hermosa y nos ha
acercado más a nuestra madre la Virgen y por
lo tanto también a su hijo Jesús.
Pablo
Fernández, 1º ESO |