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El significado del Seminario Menor

Reflexión en la fiesta de santo Tomás de Villanueva

10-10-2007

 

Toda la comunidad cristiana debería tomarse cada vez más en serio el fomento de las vocaciones al sacerdocio. Sabemos que sin sacerdotes no hay Iglesia tal como la pensó y estableció Jesucristo. Simplemente basta repasar los Evangelios para advertir el interés y el tiempo que dedicó nuestro Señor a la elección y formación de sus dis­cípulos: muchos de sus discursos, tal como nos lo transmite la Escritura tienen ese fin. Esto no resulta extraño, porque el Hijo eterno de Dios se hizo hombre, visible y tangible, para quedarse entre nosotros mediante la Iglesia, que se edifica por los sacramentos. Así, estableció que algunos de sus seguidores tendrían que hacerle presente de ese modo, especialmente mediante la Eucaristía, celebrada por los que han recibido el orden sacerdotal. El Espíritu Santo alienta continuamente la aparición de estas vocaciones, pero es preciso que en cada parroquia o comunidad cristiana se den las condiciones para que los adolescentes y los jóvenes puedan descubrirla. Cuando en parroquias con abundante población, o en centros educativos católicos no surgen vocaciones sacerdotales o religiosas, habría que hacer un examen pastoral, porque es muy probable que algo no esté funcionando bien.

La fiesta de santo Tomás de Villanueva nos invita a pensar sobre el tesoro que supone el descubrir la vocación en una edad temprana. Juan Pablo II, en Pastores dabo vobis,11.63 recordaba la importancia de esta cuestión, al hablar de los seminarios menores. El Papa citaba a santo Tomás de Aquino, aquel gran doctor de la Iglesia que entró en la vida religiosa a muy temprana edad, y defendió en diversos escritos la legitimidad y la conveniencia de seguir al Señor en una vocación particular ya desde la primera juventud o antes. Sin embargo en nuestra época no han faltado quienes minusvaloren los seminarios menores, pues sostienen que en la preadolescencia o adolescencia no hay experiencia cristiana ni humana suficiente para poder percibir una verdadera vocación.

En realidad ese argumento, que se opo­ne a la práctica milenaria de la Iglesia, se apoya en un error muy peligroso para la fe: confundir la experiencia espiritual con determinadas manifestaciones o experiencias psicológicas. La Congregación para la Doctrina de la Fe tuvo que llamar la atención sobre esta confusión, que destruye los fun­damentos de la espiritualidad cristiana (Orationis formas 11.9). Un adolescente, que ha llegado a la edad de discreción, puede percibir que el Señor le llama a seguirle en el sacerdocio, aunque su modo de responder sea el propio de su edad. Ahora bien, dado que verdaderamente se produce esa llamada de Dios, sería tina ofensa contra el Espíritu Santo dejar tales vocaciones sin el necesario cuidado, -que la Iglesia ofrece mediante los seminarios menores funda­mentalmente. En el fondo la realidad de la vocación descubierta a temprana edad, que para santo Tomás es signo de una especial predilección divina, nos recuerda una verdad de fe esencial: la vocación es iniciativa divina y es el mismo Espíritu Santo el que alienta su respuesta. Una comunidad que no fomentara las vocaciones al seminario menor ¿podría decir que ha aceptado y asumido verdaderamente la frase del Señor: «Dejad que los niños se acerquen a mí» (Mt 19,14; Me 10,14)?

Dr. Dr. D. Eduardo Vadillo Romero

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