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Beatificaciones 2007
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Gran gozo por la
beatificación de dos clérigos que fueron
seminaristas de este Seminario Menor
Este Seminario
Menor de Toledo se complace en celebrar con
toda la Iglesia diocesana y universal la
beatificación de 498 nuevos mártires
españoles del siglo XX.
Entre estos
mártires se encuentran dos clérigos que
fueron seminaristas de este Seminario, que
honran así la historia de este Seminario: D.
Miguel Beato
Sánchez y D. Francisco Maqueda López. |
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D. Miguel Beato
Sánchez |
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Nació,
junto con un hermano gemelo, que murió a los
tres años, el 10 de abril de 1911 en la
Villa de D. Fadrique (Toledo). Desde su
niñez sintió la vocación al sacerdocio e
ingresó en el Seminario en 1923. Recibió el
presbiterado el 11 de abril de 1936. El 21
del mismo mes celebró la primera misa en su
pueblo natal. Aunque le acompañaron 20
sacerdotes, tuvo que celebrar la misa
“rezada”, sin fiesta exterior. El 18 de
abril fue nombrado coadjutor de su parroquia
natal. Comenzó aquí a trabajar con los
jóvenes de Acción Católica, en la
catequesis, en el confesionario,
administrando la comunión a los que iban a
los campos de madrugada, con los enfermos,
siendo el brazo derecho del párroco, D.
Francisco López-Gasco Fernández-Largo.
El 18 de
julio, nada más estallar la Guerra, comenzó
la persecución religiosa. D. Miguel tuvo que
refugiarse en casa con las Sagradas Formas,
que el Sr. cura párroco había podido sacar
de la iglesia. El 3 de agosto apresaron a D.
Francisco, a quien asesinaron el día 9 del
mismo mes. El Siervo de Dios se enteró del
martirio del párroco y estaba seguro de que
pronto le tocaría a él. En los primeros días
de septiembre, le obligaron
a ir a la iglesia para romper las imágenes,
cosa que se negó a hacer. En el poco tiempo
que ejerció el apostolado en el pueblo,
apenas seis meses, se ganó la estima de la
gente sencilla.
Los testigos
dicen de él que era un sacerdote
“caritativo”, “honrado”, “muy humilde”,
“sacrificado”; en pocas palabras, “un
verdadero santo”. Y, a juzgar por los
escritos espirituales que se conservan y que
pertenecen a los años 1931-1935, era ese el
espíritu que lo impulsaba: “Jesús mío, he
prometido seguirte cuando ingresé en el
Seminario; cuando recibí las órdenes
sagradas he prometido seguirte y te prometo,
Jesús mío, seguirte e imitarte. Haz, Jesús
mío, que no sea desertor y que muera en tus
filas para salvar almas (…). Jesús, estoy
dispuesto a sufrir y a padecer (…). Por su
hermana Teresa sabemos que el 6 de
septiembre de 1936 los milicianos fueron a
buscarlo a casa y ya no volvió más.
Lo
encarcelaron en la casa de Don Manrique, que
hacía de cárcel. Allí lo torturaron,
pegándole continuas palizas para que
renegara de su fe. A las invitaciones y a
los golpes para que blasfemara, él respondía
siempre: “¡Viva Cristo Rey!”. En la noche
del día 8 de septiembre le pegaron tantos
golpes, que creyeron que había muerto. A la
mañana siguiente lo llevaron a enterrar,
pero, según afirman algunos testigos, el
Siervo de Dios estaba todavía con vida. Lo
acabaron de matar y lo enterraron en un
descampado, dejándole una mano fuera. Se
dice que los perros se comieron la mano. Era
el 10 de septiembre de 1936. El 10 de mayo
de 1939, sus restos mortales fueron
trasladados a la iglesia parroquial de Villa
de D. Fadrique, donde reposan actualmente.
(Información
extraída de
www.persecucionreligiosa.es) |
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D. Francisco Maqueda
López |
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Nació
el 10 de octubre de 1914, en Villacañas
(Toledo). En 1925, sin haber cumplido 11
años, ingresó en el Seminario Menor de
Toledo. El 5 de junio de 1936 recibió el
subdiaconado. La vida del joven subdiácono
Francisco Maqueda López fue corta; aún no
había cumplido los 22 años cuando le llegó
la muerte. Pese a su corta edad, se
vislumbraba en su vida una gran madurez
humana y una fuerte personalidad. Asimismo,
destacaba por su reciedumbre en virtudes
ascéticas y místicas. Desde muy pequeño
sintió una clara inclinación a las cosas de
Dios y a la vida espiritual. Era muy dado a
conocer -a través de la lectura- la vida de
los santos, hacia quienes se sentía
profundamente atraído, para después
imitarles. Siempre estuvo centrado en su
vocación. La sinceridad, la justicia y la
fortaleza sobresalían en él.
Cuando estalla
la Guerra, el joven Maqueda ya había sido
detenido, el 23 de junio de 1936, por
enseñar a los niños la doctrina cristiana.
Fue sólo ese día y le pusieron una multa.
Después, el 11 de septiembre, fue detenido
nuevamente. Unas horas antes se confesó con
D. Gonzalo Zaragoza; se sabe que la víspera
ayunó a pan y agua. Arrodillado a los pies
de su madre, le dijo: “Madre, déme la
bendición, que me voy al cielo”.
![Imagen reducida [002.jpg - 65kB] Fotografía en el Seminario de Toledo donde aparecen Francisco Maqueda y Miguel Beato](_imagenes/Francisco%20Maqueda%20y%20Miguel%20Beato%20con%20seminaristas.jpg)
Mientras sus
captores se mofaban de él, Francisco
pronunciaba sus últimas palabras de
despedida para los suyos: “¡Adiós, madre,
hasta el cielo! ¡Adiós, adiós, hasta el
cielo a todos!” Fue conducido desde su casa
a la ermita de la Virgen de los Dolores, que
los milicianos usaban como cárcel, y donde
tenían apresadas a otras quince personas
más, la mayoría jóvenes. En seguida,
Francisco les congregó. Su intención era
ayudarles espiritualmente para la muerte ya
muy próxima. Les dijo: “Preparémonos, esta
noche nos llevarán al cielo, ¿queréis
acompañarme y rezamos juntos el rosario a la
Santísima Virgen?” La invitación fue muy
bien acogida y, puestos de rodillas, con
toda devoción, rezaron juntos ante la imagen
de la Virgen.
Sobre las doce
de la noche, vinieron a buscarlos, les
transportaron en un camión por la carretera
general de Andalucía. Muy cerca de
Dosbarrios, en el Km. 67, entre las
poblaciones de La Guardia y Ocaña, les
hicieron bajar; eran las dos de la mañana
del 12 de septiembre. Camino del martirio
fueron cantando y rezando y, Francisco, en
medio de ellos, con los brazos en alto. Los
milicianos le dijeron: “Ahí está tu padre”
y, aunque efectivamente era verdad, porque
días antes le habían matado a medio
kilómetro, él les contestó: “Os equivocáis,
mi padre está en el cielo”. Indignados, se
burlaron: “¿Y aún estás alegre”.
Imaginándose lo que todavía quedaba, les
pidió por favor le permitieran ser el último
para ayudar a morir bien a sus hermanos en
Cristo. Les dejaron casi sin ropa y, según
testigos, les dieron una descarga de piernas
para abajo. Y, a continuación, todos fueron
pasados a cuchillo.
(Información
extraída de
www.persecucionreligiosa.es) |
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Más información |
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La segunda sección recorre el camino de los
mártires |
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